Domingo, 17 de diciembre de 2006
Locura Interminable-Cap?tulo III

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Locura interminable-Cap?tulo III

- Seg?n me cont?, su mujer se suicid? un d?a sin que supiera por qu?; su coche apareci? en el fondo del r?o y de ella no se encontr? m?s que algunos ?tiles personales. No hab?a sido un accidente y como ese r?o desemboca en el mar, dejaron de buscarla, dando por hecho que alguna fiera marina debi? engullirla o algo as?.
- Bueno d?game ?qu? edad ten?a la mujer?-not? que a medida que la ment?a tan bien, su semblante se volv?a p?lido como la cera.
- Creo que 35 a?os.

Tuve que sujetarla por la cintura para que no se cayera sobre el duro suelo. Not? su coraz?n muy cerca de lo que se supone era el m?o, cosa que no estaba tan seguro que fuera un coraz?n, pues era la primera vez que ocupaba el cuerpo de otro o ninguno y todo era ficticio. Al notarlo tan cerca y tan acelerado sent? una gran atracci?n hacia ella y roc? mis labios con los suyos de forma imperceptible.

Telele o Teresita era fuerte y no la dur? m?s de dos minutos el desmayo. Yo la ten?a asida por la cintura y se desembaraz? enseguida de mis fuertes brazos.
- ?Qu? me ha dicho, se?or P?rez? Ah bien, no hace falta que me lo repita, ya recuerdo. Tiene un buen amigo que le recomend? este Hotel y que por desgracia perdi? a su mujer muy joven. ?Qu? quiere tomar?, le invita la casa.
- Un ?wiski on de roks?, pero s?lo lo tomo si usted toma algo conmigo.
- ?Dos wiskies on de roks, Pedro!-dijo dirigi?ndose al barman que estaba un poco despistado.

Teresita, ya que para mi, segu?a siendo la ni?a del Instituto, era una mujer hermosa, pero no olvidaba mi misi?n en esta nueva vida de fantasma viviente.

-Mire Telele me parece que usted est? llevando una vida algo pobre. Me explico. Usted se merece algo m?s que ser una simple recepcionista de Hotel, que por cierto. ?C?mo lleg? aqu??, porque usted es tambi?n espa?ola, no puede enga?ar a nadie.
- Pues me cas? con un empresario de cine y como no puedo estar parada, y este hotel es suyo, yo misma le propuse que me empleara en ?l, porque mi marido viaja mucho y para ?l es un descanso encontrarse aqu? despu?s de sus viajes.
- ?Podemos tutearnos?- le solt? de pronto.
- Si, yo me llamo Telele, Luis- ese Luis me son? a gaita en sus labios.
- Pues, Telele, eres maravillosa. Trabajar por gusto, sin tener necesidad es una virtud rara.
- A veces me aburro, pero este lugar es maravilloso. Y por cierto, s?, soy espa?ola y conoc? a ese amigo de que hablas. Y lo curioso es que me dijeron que muri? ?l, no la mujer.
Ahora si que estaba entrando en lo m?s complicado del tema, pero ten?a que conseguir mi prop?sito.
- ?Conoces a Rodolfo P?rez de Madariaga?
- S?, fue mi marido antes del actual. No es posible que est? vivo. Hubo un entierro.
- Pues mi amigo dijo llamarse as? y me cont? lo de su mujer ?C?mo te explicas esto?
- ?Tienes un n?mero de tel?fono, para poder llamarle?-me sorprendi? Teresita.
- ?Claro! En mi habitaci?n tengo una tarjeta creo. Luego te lo doy. Y dime: ?Le quisiste mucho?
- ?Le quisiste? No dices que est? vivo-creo que me lo dijo para equivocarme, pues evidentemente el ?quisiste? val?a de todas formas, porque no estaba con ?l y entonces ella era la que se met?a m?s y m?s en la trampa.
- Rectifico: ?le quieres a?n? Me pareci? otra cosa, porque me presentaste otro marido esta tarde.
- Le quise pero no fui suficientemente leal con ?l. Pero muri?, si es que hablamos del mismo Rodolfo.
- Mira voy a buscar la tarjeta que tengo y le llamas. ?De acuerdo?

Ella asinti? y lo que ten?a que hacer era darle una tarjeta con mi n?mero y volverla loca al ponerme yo. La cuesti?n era no estar junto a ella cuando llamara, porque entre mis dotes no entraba la ubicuidad o al menos yo no quer?a probar suerte.
Sub? a mi habitaci?n, por cierto la 503, n?mero que ped? a prop?sito cuando la reserv?, y en la valija dentro del armario saqu? una tarjeta de las de antes de morirme y con cierta parsimonia me present? de nuevo delante de ella.

- Aqu? la tienes, ten en cuenta que ahora en Espa?a es de noche, m?s de las doce, ll?male ma?ana. Y me dices lo que sea- la diferencia de siete horas era mi aliado.
- De acuerdo, Luis. ?No vas a ba?arte y nos vemos luego?
- O. K. ? y as? me desped? de ella cuando en Espa?a eran casi la una de la madrugada.
- En la piscina del Hotel coincidimos ella y yo y tonteamos en el agua, y pude ver en una terraza al Troconiz ese, y me alegr?, mirando no con muy buena cara. Nos despedimos y cen? en el restaurante en una mesa individual.

A las dos de la madrugada en Canc?n, mi celular comenz? a vibrar. Dej? que tocara una, dos y hasta tres veces los compases de mi himno nacional y lo abr?:

- Hallow, ?qui?n eres?- con mi voz de anta?o bien entonada.
- Yo me llamo Telele.
- No te conozco, ?me dices algo m?s?
- Bueno antes Teresita.
- ?C?mo, mi Teresita? Yo soy Rodolfo, ?Me cre?ste muerto, no?
Al otro lado se oy? como un lamento y un ruido sordo.

Continuar?


Continuar?

Publicado por quijote_1971 @ 17:58  | Misterio
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