S?bado, 02 de diciembre de 2006

"EL CHUFLA"

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“El Chufla”

El “chufla” es un mendigo harapiento, que apenas come y que vive en los bancos del parque. Un abrigo hecho jirones y unos pantalones mugrientos son su indumentaria.
Le llaman el “chufla” los chicos del Instituto cercano, desde que el Profesor de Literatura les hizo aprender el “Piyayo” y se les quedó lo de “A chufla lo toma la gente,…”, y le han apodado así.
Lo que no saben, como yo, es que este mendigo fue en otro tiempo un joven esbelto, bien vestido y con dinero.

El hombre se ha dejado crecer unas barbas que le llegan a la cintura. Sus pelos están engreñados y asusta a las niñas y jovencitas que pasean por el parque, Él no las hace nada, ni las mira. Su mirada está perdida hacia la profundidad del paseo y parece ciego. ¡Ni se inmuta cuando le llaman “chufla”! A él ¿Qué le importa esta vida absurda?

Este ser, fue una persona más elegante que nosotros. Iba a las fiestas bien trajeado y con camisas de seda, corbatas de ensueño y zapatos de charol.

Es una persona repelente ahora. Huele mal, no se lava, ni se asea. Hace unos días unas mujeres le denunciaron por estar en los bancos del parque.
- No hay caso, señoras. Él no se mete con nadie- les dijeron los guardias.
- Huele muy mal y está sucio- replicó una señora.
- Peor huelen los zorros del zoo y le gustan. Ya le llevamos al refugio, pero se escapa y duerme en el parque. Pero no molesta a nadie.

Y así quedó la cosa. Lo que no reconoció aquella señora es en aquél ser ahora despreciable a Miguel Romos Hurtado, el elegante Don Miguel. El que hacía suspirar a las jóvenes de toda la ciudad cuando paseaba pero ninguna se le acercaba porque iba acompañado.

Yo he visto a algún hombre traerle platos de comida y ni los ha probado y se los ha quitado otro mendigo o él mismo se los ha dado sin una mueca. Hace poco le vi meter unas monedas en el cepillo de la Iglesia, que le habían dado antes. Bueno, no dado, porque no coge nada. Se las habían dejado en el banco junto a su carrito que ni llega a ser maleta, que tiene siempre a su lado.
Yo sé lo que lleva en su carrito. Un día se lo quisieron quitar y tuve que intervenir. Al forcejear con el impertinente, el contenido se cayó al suelo en parte y pude ver unas fotos de una mujer muy hermosa y otras en las que estaba él cuando iba elegante, con dos niñas rubias como querubines.

Unas bufandas raídas y un suéter de señora de color rojo es cuanto pude vislumbrar, de ropas. Pero intuí que algo más guardaba de ellas.

Don Miguel se enamoró perdidamente de Leonor Duque, una mujer exuberante, que irradiaba felicidad y buen humor por donde pasaba.

Se casaron y tuvieron dos hijitas de trenzas rubias como su madre y cariñosas y listas como su padre. Iban a todas partes juntos y la gente les quería y les admiraba. Eran la familia perfecta y envidiable.

Un día ocurrió una tragedia. Cuando iban a celebrar la Primera Comunión de las niñas, después de salir de la Iglesia, Don Miguel, como casi siempre, condujo el coche hacia el restaurante. Había alquilado uno muy elegante en lo alto de la colina.
Nunca se supo porqué, pero el coche se despeño y murieron las niñas y la madre no pudo superarlo y se suicidó a los pocos meses de la tragedia.

El “chufla” perdió la cabeza, No pudo ni matarse. Se culpó de todo y se dio a la bebida y perdió el sentido de la orientación. No sabía volver a su propia casa.
¡Qué le importa que le llamen “chufla”! ¡Sólo oye en su cabeza el chirriar de los frenos imprecisos y el llanto de las niñas! A su mujer la ve, en el paseo, venir hacia él, pero no puede abrazarla porque viene a culparle, por matarlas.

El mendigo es una persona sin horizonte, sin casa, sin sitio en la vida. Amó por encima de lo normal y se quedó sin nada. ¡Todo se lo llevó aquella carretera infernal!


Publicado por Lanzas @ 1:00  | Familia
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