S?bado, 25 de noviembre de 2006
La ?ltima parada.

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El viejo tren que recorr?a el trayecto desde Robledo a Matalagorda no era diario. S?lo los martes, jueves y domingos hacia ese trayecto e incluso hab?a salido una nota de la Empresa ferroviaria de los Ferrocarriles del Sur en la cual comunicaba que iba a ser eliminado al terminar el a?o de la historia.

Muchos aldeanos hab?an podido consumar sus negocios y muchas parejas se hab?an consolidado gracias al viejo ferrocarril. Antes, s?lo el caballo o las mulas transitaban por la Sierra aquella. Hablaban de que la moderna autov?a que estaban construyendo por el otro lado de la Sierra iba a tener unos t?neles que se abrir?an sobre esos pueblos olvidados durante tantos a?os por los gobiernos y los empresarios.

Pi?o era un joven de los pocos que quedaban en Robledo. Todos acababan emigrando a la ciudad e incluso a otras Regiones m?s pr?speras. Se hab?a quedado porque sus padres le hab?an educado con la idea de que se ocupara de la granja tan pr?spera que ten?an. M?s de doscientas vacas lecheras y buenos marranos y gallinas completaban una de las pocas explotaciones familiares que compensaban a sus due?os.

Desde hac?a dos a?os Pi?o hac?a ese recorrido dos veces por semana. Las veces que ve?a a su novia en Matalagorda, que a pesar del nombre no daba mujeres gordas si no m?s bien estilizadas y con buena planta. Pi?o pensaba que a la gorda la debieron de matar cuando lo de la reconquista.

Nina, la muchacha por la que beb?a los vientos nuestro Pi?o quer?a casarse para salir del otro pueblo, que a?n estaba m?s atrasado que Robledo.

En esas est?bamos, cuando ese domingo, bien trajeado y encorbatado, el joven se acercaba en el tren, que de forma invariable sal?a a las nueve de la ma?ana y llegaba a Matalagorda a las once y media para volver a las cinco de la tarde hasta Robledo de nuevo, hacia la estaci?n donde una novia amante le esperaba con impaciencia.

Al llegar al ?ltimo t?nel, un traqueteo fuera de lo normal intranquiliz? a nuestro amigo. Como a unos cien metros en el interior de la boca de entrada, el tren descarril?. C?mo si fuera una pluma Pi?o sali? disparado de su asiento y fue a caer junto a una mujer que se estaba preparando para salir rauda en la ?ltima estaci?n.

Al poco, un griter?o infernal se apoder? del tren. Los lamentos, las suplicas, las voces interrogadoras dentro de una oscuridad casi total llenaban el espacio entero.

Pi?o se pudo incorporar a duras penas y asiendo a la mujer que ten?a a su lado salieron del tren. El t?nel, que tantas veces hab?a pasado embelesado pensando el abrazo que dar?a a Nina, se le hizo siniestro, oscuro y al lado de una mujer, a la cual sujetaba por la cintura y que estaba presumiblemente coja. Entre un barullo de gentes que no sab?an donde ir, ?l s? sab?a. Unos doscientos metros s?lo y pasada una curva se podr?a divisar la salida, sin duda iluminada por el sol.

Aquel trayecto le resultaba interminable, pero no importaba. La mujer le suplica.
- M?s despacio no puedo caminar.
- No se preocupe ya falta poco- ment?a un Pi?o encorajinado y sorteando toda clase de chatarra y hasta cuerpos mal heridos.
Al fin se vio la luz. Y al otro lado ya estaban los primeros auxilios portados por la maquina de maniobras y un gran vag?n descubierto con herramientas y del cual bajaban unos veinte hombres y algunas mujeres.

En medio de la confusi?n vio por primera vez el rostro de la mujer y not? el cuerpo bien formado de la misma. Era una mujer rubia color ceniza y con los labios gordezuelos y unos p?mulos suficientemente pronunciados como para ser deseable el acariciarlos. Un poco de sangre deformaba su rostro, pero a?n lo hac?a m?s hermoso. Sus piernas, una de ellas colgando como un monigote de trapo, eran esculturales.

Con sumo cuidado la subi? a otro vag?n de auxilios que estaba enlazado al peque?o convoy. Ya otras victimas estaban siendo atendidas por un m?dico y por dos mujeres. Una de las mujeres era Nina.
La mujer desconocida sonri? a Pi?o y le dijo:
- Gracias por ayudarme, espero verte en el hospital comarcal. Quiero hablar contigo.
Una Nina exasperada, con la cara rojiza como una manzana explot?:

- ?Yo sufriendo con lo que pod?a haberte ocurrido y t? estabas muy bien acompa?ado por lo que veo! Y apenas un rasgu?o.
- Mujer, espera que te explico.

Todo fue in?til. Nina nunca crey?, que la mujer que result? ser su rival hubiera parado el golpe a Pi?o y que ?l no la conoc?a de antes para nada.

Ellos no lo quisieron aclarar nunca ya.









Publicado por Lanzas @ 17:35  | Amor
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