Jueves, 23 de noviembre de 2006
LA PATA DE CONEJO- 2ª PARTE

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Aquella noche, Enrique no pudo dormir. Se levantó muy temprano, procurando no despertar ni a su mujer ni a los niños y después de comprobar una vez más que el maletín seguía allí, el cual no se atrevía a volver a abrir, se sentó junto a la mesa de la cocina.

A pesar de haber tomado dos cafés bien cargados, el cansancio le hizo caer dormido sobre ella.

- Buenos días señor: ¿Cómo tan temprano, despierto?- el saludo de Teodora, la asistenta, le levantó de un salto.
- Hola, Dora. Es que apenas pude dormir hoy, con lo de mis padres y todo el lío que nos traemos.
- Disculpe. ¿Vio el maletín que me dejaron los de la Agencia esa?
- ¿Qué maletín me dice?-sabía perfectamente a que portapapeles se refería, pero lo que no podía imaginar es que la asistenta supiera algo.
- El plateado que dejé junto al perchero. Los papeles que me dieron los puse en el cajón de su escritorio. Me dijeron que aunque era Navidad era muy importante dar con usted, para que firmara. Como tenían prisa, se marcharon advirtiéndome que mañana vendrían a por la copia firmada.
- Pero ¿usted se hizo cargo del maletín?- extrañado de que algo así se pudiera dejar a una simple criada.
- Bueno, en realidad era una caja y supongo que el maletín es el regalo de alguien. La abrí porque me parecía algo rota y no quería que en la entrada de la casa hubiera cajas en mal estado. Me lo tiene dicho la señora.
- Vale, no se disculpe. Hizo bien.

Como poseído por el mismo demonio se precipitó sobre el escritorio y abrió el sobre cerrado a su nombre. Dentro de él, la carta de su tío Anacleto, que se fue a Montevideo en al cual le nombraba heredero de todos sus bienes y le hacia depositario del dinero amasado de todas las maneras posibles y algunas no revelables.

Junto a la carta de su tío, la de un Notario que daba fe de la muerte del mismo y la entrega del maletín sin revelar su contenido.

-Entonces- pensó- lo de la pata de conejo no ha tenido nada que ver con el origen de mi dinero. Tengo que desentrañar este misterio.

Lo que se prometió de todas maneras fue reunir a sus hermanas y cambiar de actitud frente a sus padres. Pasarían mucho más tiempo juntos y no les dejarían solos en su casa, menos en las festividades y celebraciones de nacimientos y bodas.

Pasados los días de Navidad llamó a un amigo suyo embebido en los temas de parasicología. De hecho el mismo se creía un parasicólogo.

-Serafín, dime ¿qué puedes decirme sobre patas mágicas de conejo y sobre deseos que se pueden pedir?- le espetó en cuanto le tuvo enfrente, al otro lado de la mesa del cafetín donde habían quedado.

- Suelen concederse tres deseos, pero sólo son posibles sí el que los pide es el dueño de la misma. No es traspasable a terceros. Y muy importante es que no se pueden pedir deseos de riquezas propias a costa de conseguir dinero.
- Ya entiendo. No sabes el peso que me quitas de encima.

Enrique aquella noche descansó como hacia mucho tiempo no lo hacía. Después de llamar a sus padres y desearles buenas noches y comprobar que ya estaban repuestos de lo ocurrido y que el chalet estaba arreglado totalmente después de tres meses de obras y que todo había sido debido a la caída de un árbol sobre uno de los tejados por el corrimiento de tierras debajo de las raíces, seguramente debido al deshielo.

Ya la vida cambió para toda la familia y después de cinco años de comunicación constante entre todos, un día de nochebuena, reunidos todos en la casa de los padres, alguien llamó a la puerta.

También nevaba y los caminos estaban intransitables si no se disponía de todo terrenos como el de Enrique y sus hermanas.

- Espera, papá que voy yo a ver quien llama a la puerta-dijo Lidia, la hermana menor.
- Soy un anciano que busca el camino.
Un venerable hombre mayor, con un largo abrigo casi rojo, se sacudió la nieve sobre el porche y fue invitado a cenar con ellos.

CONTINUARÁ…


Publicado por quijote_1971 @ 17:51  | Misterio
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