S?bado, 18 de noviembre de 2006
LA PATA DE CONEJO.Parte I


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La noche antes de Navidad en aqu?l pueblo de la monta?a era siempre fr?a y frecuentemente en esa fecha un manto de nieve cubr?a caminos y accesos a las casas.

El a?o pasado no fue una excepci?n. En una de las urbanizaciones de la Sierra de los Abedules viv?a un matrimonio en su gran chalet, con varios perros y gatos y con muchos a?os a sus espaldas. Sus hijos no les hac?an mucho caso, cada uno viv?a su vida y hasta se olvidaban de ellos en Navidad.

Lo que no dejaron de ser es hospitalarios con los vecinos y con los extra?os, a pesar de las advertencias de la radio y televisi?n, no se asustaban f?cilmente y prefer?an dar un plato de comida a un perdido alpinista que preguntarle que ven?a a hacer por all?.

Esa noche entre el susurro del viento y de los copos de nieve al posarse en los cristales, Roberto, crey? o?r a alguien llamar tenuemente a la puerta.
- Mira a ver Elena-as? se llamaba su mujer-creo que alguien est? en la puerta, pero no abras sin cerciorarte de quien es, que ahora voy yo, despu?s de echar otro le?o a la chimenea.
Los perros empezaron a ladrar, aunque no ten?an acceso directamente a la puerta. No hab?a duda de que alguien se acercaba.
- ?Qui?n llama?-pregunt? una Elena, que a pesar de su pelo blanco bien cuidado y su algo encorvada espalda, manten?a una presteza digna, envidia de mujeres incluso mucho m?s j?venes que ella.
- Soy un anciano que se ha perdido y la noche me causa desasosiego- se oy? decir al otro lado de la puerta.

Elena mir? por la ventana lateral y pudo ver a un anciano como ella con una gran barba blanca y un abrigo muy largo de color pardo tirando a rojo, que no acertaba a ver bien por estar cubierto de nieve.
- Roberto, ven enseguida, mira es un anciano inofensivo.
- Voy a ver- y al ver al anciano, a?n mayor que ellos, no dud? en abrir la puerta de inmediato- Entre, ?qu? se le ofrece?
- S?lo un poco de ayuda para encontrar el camino.
- Ya es muy tarde, qu?dese a cenar con nosotros y ma?ana usted ver? si se encuentra con fuerzas.
- No quiero molestar, pero se lo agradezco ya que estoy muy cansado.
Ya sin m?s preguntas entre Elena y Roberto ayudaron al anciano a quitarse el abrigo, que era casi rojo y lo colgaron en la percha de la entrada. Le dieron de comer una sopa caliente, pescado y de beber un ponche, despu?s le colocaron una butaca al lado del fuego.
Ni le preguntaron el nombre, ni lo consideraron necesario. Despu?s de una breve charla sobre la noche y la Navidad, le acompa?aron a la habitaci?n de invitados bien caldeada por una estufa de le?a.
Al d?a siguiente, que era Navidad, le invitaron a comer, pero ?l se disculp? diciendo que ten?a que llegar al pueblo cercano cuanto antes y como hab?an sido tan amables con ?l les dejaba lo ?nico que pod?a donarles: UNA PATA DE CONEJO.
- Miren les doy esta pata de conejo que es m?gica y a la cual pueden pedirle tres deseos, que sin duda se cumplir?n pero no pueden ser de dinero. Si piden deseos de dinero se transforma en macabra.
- Bueno, no creo que pidamos nada, pero lo aceptamos como si fuera el mejor regalo del mundo-le dijo una Elena algo extra?ada.

El reverendo hombre sali? por la puerta sin m?s y Roberto coloc? sobre la repisa de la chimenea la pata de conejo.
Esa tarde, Elena, triste porque sus hijos ni ven?an ni llamaban, se le ocurri? algo:
- Pedimos a la pata el deseo que ya sabes:
?Que vengan nuestros hijos! a visitarnos con los nietecitos, que ya son cuatro y apenas les conocemos.
- Bien-dijo Roberto-lo pedimos.

No habr?an pasado dos horas, cuando el tel?fono casi olvidado por la pareja, son?.
- Hola pap?, soy Enrique, he quedado con mis hermanas y vamos los tres a pasar esta tarde con vosotros. Por supuesto vamos con nuestras parejas y los ni?os. ?Qu? os parece?
- Maravilloso, hijo, magn?fico y sublime-no sab?a el padre incr?dulo que adjetivos utilizar.

Colg? el tel?fono y le dijo a su esposa:
- Elena, la pata de conejo ha hecho efecto, vienen Sheila, Lidia y Enrique a comer y pasar la tarde con nosotros.
- ?Qu? me dices?- pregunt? de forma obvia.

Esa tarde fue inolvidable para los esposos. Y contaron a sus hijos lo de la pata.
Antes de despedirse, Enrique se acerc? a la chimenea y como que no quiere la cosa, dijo:
- Deseo que me encuentre en casa un mill?n de euros, para poder vivir dignamente y que la empresa que regento salga a flote.

-Se me olvidaba deciros, que lo que no podemos pedir es dinero-oye a su padre al despedirse.
?Demasiado tarde?- piensa Enrique-?pero es igual ya est? hecho?.
Al llegar a su casa, un espacioso piso en el centro de la gran ciudad, Enrique salt? de alegr?a, un malet?n de color gris plata estaba como olvidado al lado del perchero. Al abrirlo, en su interior hab?a un mill?n de euros.

No habr?an pasado diez minutos, cuando el tel?fono son?:
- Soy el Inspector Gautier de la polic?a rural, ?habl? con Enrique Landas?
- Si, si, d?game- el rostro de Enrique se trasmut?.
- Sus padres est?n muy graves. Se ha derrumbado una pared del chalet donde viven, parece que por una explosi?n no determinada y les ha pillado a los dos. Est?n en la UVI del Hospital Central.
- Voy enseguida al Hospital Central-responde el hijo incauto.

Antes de ir al Hospital tiene una idea:?Si pido a la pata de conejo que se curen, es el tercero, esperando que mis padres no hayan pedido otro. Lo har? aunque sea a costa de que el dinero desaparezca.?

La pata de conejo estaba sobre el suelo, al lado de la chimenea que hab?a resultado da?ada por la explosi?n.
-Pata de conejo, te pido que mis padres se salven aunque pierda todo el dinero- exclam?
Una voz como de ultratumba se pudo o?r como un trueno sobre el descuidado Enrique.
- Tus padres se sintieron esta tarde tan felices que me pidieron morirse a costa de que a sus hijos ya nunca les faltara lo que necesitaran. Y ya est?n junto al anciano que era mi due?o, Pap? No?l. S?lo una cosa m?s: Tienes que compartir el dinero con tus hermanas y juntaros siempre el d?a de Navidad recordando a vuestros padres. Los tres deseos han sido solicitados y cumplidos.

Un Enrique sonrojado y cabizbajo fue corriendo al Hospital, d?nde ya estaban sus hermanas.
-?Enrique, Enrique!?Est?n bien, ya se han recuperado!?Es un milagro!
No pod?a dar cr?dito a lo que le dec?an y entr? en la habitaci?n donde sus padres con buen aspecto permanec?an sentados y sonrientes en unas butacas.
?Ni siquiera estaban en la cama! Claro, pens?, el dinero habr? volado.
Al llegar a casa sin embargo pudo comprobar que ?El dinero estaba intacto!?Qu? significaba aquello?

Continuar?

Publicado por quijote_1971 @ 20:16  | Misterio
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