Martes, 07 de noviembre de 2006
EL SALVADOR

Imagen

Era una joven muy ingenua que me mov?a por la vida con total confianza y si pod?a ayudar a alguien lo hacia sin miedo a que me tomaran por tonta o loca.

Mis padres me hab?an educado en un ambiente entre rural y capitalino. Me explico: hab?amos vivido en un gran chalet en el campo, pero cerca de una gran ciudad y hab?a compartido los ratos del cuidado de plantas y los ba?os en la piscina privada y fiestas con mis amigos en el patio a la sombra de las jacarandas y de los ?rboles frutales, o a luz de las l?mparas que mi padre hab?a mandado instalar, para cuando la noche ca?a y no nos cans?bamos de o?r m?sica y de bailar.

Yo era la Alicia en el pa?s de las maravillas. Mi madre, sobre todo me hab?a educado en el sentimiento religioso de ayuda a los pobres y necesitados por encima de los rezos y las falsas promesas de castidad que algunas j?venes se dan, hasta encontrar al?hombre de su vida?. Con mis amigos hab?a tonteado y con algunos hab?a mantenido relaciones durante algunos meses. Nada serio y sin expectativas de matrimonio. Ten?a el t?tulo de Licenciada en Historia a los 23 a?os reci?n cumplidos y me dedicaba al trabajo de Bibliotecaria en el Ayuntamiento de mi ciudad.
A veces en las tardes de invierno se me hac?a un poco penoso tener que buscar el coche en el parking sombr?o que hab?a cerca, y una noche en especial result? ser por una parte desagradable y por otra inolvidable de todas las maneras que lo vea.

Al apretar el mando electr?nico de apertura del coche ya muy junto a ?l, not? que un brazo se aferra a mi cintura y una mano me tapa la boca, mientras escucho:
- No grites y no te pasar? nada, tengo una pistola y te vas a meter en la parte de atr?s del coche y te bajas las bragas si no quieres que te mate aqu? mismo.
- No me mates-acert? a decir, llena de p?nico.
Un sudor fr?o comenz? a recorrerme la espalda y un miedo aterrador me envolvi?. Nunca me hab?a ocurrido nada igual, ni a mis amigas tampoco. Siempre ten?a cuidado de no ir a garajes oscuros sola ni siquiera montar en ascensores con desconocidos. Era algo que mis padres me recomendaban desde ni?a.

Un empuj?n me tir? de bruces sobre el asiento posterior y mientras notaba un peso sobre mi nuca una mano asquerosa me subi? las faldas hasta la cintura.

- Te la voy a meter por detr?s hasta que vomites, ni?a tonta- o? entre sollozos mientras notaba entre mis piernas lo que supon?a era el pene del violador.
- ?Ap?rtate, miserable!- eran dos palabras maravillosas, porque fueron seguidas de la desaparici?n de la presi?n sobre mi cuerpo y al incorporarme v? como un joven sacaba del coche a mi agresor agarrado por los pantalones a medio bajar, los cuales le hac?an de correa sobre sus muslos.
Sentada en el asiento y sin saber que hacer, mientras me colocaba la falda, renunciando a mis bragas que no acertaba a encontrar, pude ver por la ventanilla como de un pu?etazo en el ment?n del sujeto y a continuaci?n una patada sobre su blanco trasero derribaban al suelo al abortado violador.
El hombre babeaba palabrotas indescriptibles, pero dos minutos m?s tarde le vi corriendo calle abajo con los pantalones medio subidos. ?Casi me dio pena lo grotesco del sujeto!
- No te preocupes, soy Mario tu compa?ero de Instituto, ?me recuerdas?- esas palabras maravillosas y ese nombre me sonaban a m?sica dulce como de Oreja de Van Gogh. Recordaba un Mario siempre alegre, deportista y extrovertido y que yo apenas trat?.
- Gracias-balbuce? entre sollozos, mientras ?l me daba la mano para ayudarme a salir del coche.
- ?Te ha hecho da?o, Alicia??Consigui? su prop?sito? Si lo hizo, no te preocupes te acompa?o a donde haga falta, al Hospital, a d?nde quieras.
- No, no. Tu intervenci?n ha sido a tiempo y maravillosa. Acomp??ame a casa y all? me repongo del susto.

Mario me agarr? con su mano y lo que a mi me pareci? una caricia sobre la m?a, me sirvi? para sentarme en el asiento al lado del conductor. ?l r?pidamente arranc? el coche y me pareci? la gran avenida por la que circulamos, la antesala de la Gloria. Ya no me separ? de Mario hasta hoy. Es mi marido y el padre de mis tres hijos y mi SALVADOR.

Publicado por interazul @ 17:10  | Amor
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios