Mi?rcoles, 01 de noviembre de 2006

EL ENCUENTRO

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Aquella ma?ana me levant? como ya tantas otras sin ganas de nada. Fui a la cocina a hacerme un poco de caf? y tomar un zumo de naranja. Mir? por la ventana y lo que vi no me interes? para nada. Me tome mis pastillas para la tensi?n y el colesterol y me ech? de nuevo, ahora en el sof?.
A pesar de haber tomado dos V
aliums no hab?a podido descansar bien; el sue?o ya no era mi amigo
Los d?as se suced?an sin aliciente alguno, y all? en aquella soledad en que me encontraba, la vida carec?a de sentido para m?.
Ya no pod?a ni ir a mi trabajo, que era lo ?nico que me manten?a con algo de ?Norte? en mi vida desde mi separaci?n. Me encontraba tan mala que no pod?a soportar las siete horas de trabajo, aunque ?ste no fuera de mucho ejercicio.
Estaba sola. Mis hijos hab?an partido hacia otras ciudades para realizar tambi?n sus trabajos y no ten?a a nadie, excepto algunas amigas, que como yo, estaban viudas o separadas.
Sab?a que estaba en lo m?s profundo de un pozo, desde cuyo fondo no vislumbraba claridad alguna. Me agarraba como pod?a al borde del mismo tratando de ganar la luz, pero agotada por el empe?o volv?a a caer al fondo. El vac?o era mi mejor amigo.
La psic?loga a la que acud?a cuando mi angustia era total, me hab?a aconsejado que cambiara de vida, que buscara alguna relaci?n, que me comunicara m?s con la gente, que no estuviera tanto tiempo sola. El problema era que a m? ya no me interesaba nada ni nadie .Me hab?a apuntado a una Agencia de contactos y no llegu? a conocer a nadie que me atrajera ni siquiera un poco, y salir con un hombre por salir tampoco lo soportaba. No s? si era que todos aquellos hombres me resultaban irrelevantes, o era yo, que ya no sab?a valorar nada.
Cuando llegaba la noche y me introduc?a bajo las s?banas, era cuando mi realidad se me hac?a m?s insoportable. No ten?a miedo a los presuntos ladrones; ten?a miedo de m?.
Miedo de enloquecer entre aquellas paredes, sin un rostro que me mirase y una mano a la que asirme cuando el mundo se me antojaba tan absurdo e in?til. La idea de que no ten?a que haber nacido ganaba espacio en mi mente, y la otra de que muy bien pod?a acabar con todo aquel dolor, tambi?n. Unas cuantas pastillas, bien mezcladas con el suficiente alcohol, un sue?o profundo y todo terminar?a.

Pero algo en m? se rebelaba de alguna manera contra esa idea. ?Por qu? no pod?a yo ser un poco, s?lo un poco feliz? Nunca lo hab?a llegado a ser. Me hab?a casado con el hombre equivocado atra?da por la personalidad pol?tica que manifestaba en aquellos tiempos de revueltas estudiantiles, pero pronto descubr? que enamorada no estaba de ?l. Nunca llegu? a conocer el aut?ntico amor. Y yo quer?a haber amado, haber besado con pasi?n a un hombre, haber compartido con ?l todas mis vivencias, mis alegr?as, mis penas, mis logros; haber envejecido juntos, unidos hasta el final, como nos dijo el sacerdote que nos cas?.
Pero no. Nada de esto hab?a sucedido. El desencuentro se produjo desde el primer d?a. Nuestros caracteres chocaban frontalmente y el amor que cre? encontrar en aquel hombre no se dio jam?s. Y en m?, tampoco. Y ahora yo andaba hambrienta de amor, de compa??a, de palabras amables no escuchadas, de besos no dados, de caricias no recibidas, de pan no compartido.
La soledad era mi mejor amiga, pero yo la odiaba.

Me levant? y fui al armario donde guardo las medicinas. Ten?a las suficientes drogas psicotr?picas como para acabar con un caballo; y yo soy m?s bien menuda. Extend? la mano para coger la caja de ansiol?ticos, pero la dej? en el aire. Algo invisible me pareci? que me imped?a tocar mis pastillas. Not? que sudaba copiosamente y volv? al sal?n a reposar unos minutos en el sof?.
De pronto, pens? en tantas personas con enfermedades terminales que luchan por un momento m?s de vida. Yo lo sab?a muy bien ya que soy m?dico. Sent? algo parecido a la verg?enza por no poder absorber, por no saber untarme, lo m?s hermoso que tenemos: La vida.

En medio de mi confusi?n mental me acord? que ten?a que salir a por los partes de baja. ?Dios m?o! Con lo mal que me encontraba. Mir? el calendario y vi que la baja anterior hab?a concluido y no ten?a m?s remedio que ir a por otra.

Fui a mi habitaci?n y me arregl? lo mejor que pude despu?s de ducharme, y medio mareada por tanta pastilla sal? al pasillo para tomar el ascensor. Lleg?, entr?, y cuando llegu? a la planta baja un hombre de cierta edad estaba parado ante la puerta. No s? c?mo, mis llaves cayeron de mis manos algo temblorosas y aquel se?or se agach? para recogerlas. Cuando me las entreg? me mir? a los ojos y yo a los suyos. Eran unos ojos ya cansados pero al mismo tiempo llenos de alegr?a por la vida. Al momento me di cuenta que me gustaron. Quise darle las gracias por su amabilidad y not? que balbuceaba. ?Uf! Vaya rid?cula que me sent?. El hombre me sonri? y me pregunt? si necesitaba algo ya que me ve?a, seg?n dijo, muy p?lida. Al o?r las palabras de alguien que se interesaba por m?, romp? a llorar. Llor? por todo y por todos, los que como, yo viven solos y pensando que la muerte es la mejor soluci?n para sus vidas, sin tener en cuenta que ?sta es lo ?nico que realmente poseemos.
Me acompa?? a una cafeter?a que hay en la esquina de mi calle y tomamos un caf?.
A medida que me hablaba y, sobre todo, me miraba, yo sent?a que algo muy dormido en mi alma despertaba. No pod?a creerlo. ?A estas alturas!
Charlamos tanto tiempo que la hora de la consulta se me pas?, pero no me import?.
Me pidi? si pod?amos vernos otro d?a y yo sin pensarlo dos veces dije:
-?S?! Encantada.
Me tendi? su mano y ?sta era c?lida y suave y yo percib? una emoci?n largo tiempo ausente en mi vida. Me sent? rara pero tambi?n muy bien. Todo aquello a mi edad me parec?a absurdo, pero era lo que estaba sucediendo. Hac?a veinte a?os que me hab?a casado y ocho que me hab?a abandonado como un trapo viejo y nunca sent? algo semejante.
Solt? mi mano y nos dijimos hasta pronto.
Volv? a subir a casa. Una intensa emoci?n recorr?a mi cuerpo. Fui a la cocina y vi el armario de las medicinas abierto, tom? en mis manos un mont?n de cajitas y las ech? a la basura. S?lo me qued? con el Valium por si acaso.
Estaba segura que ya no me har?an falta. La vida volv?a a mi vida.
Salimos una noche a cenar. Mantuvimos una conversaci?n largo tiempo a?orada. M?s tarde fuimos a su casa. Aquella noche hice el amor con aquel hombre que apenas conoc?a como nunca lo hab?a hecho con mi marido. Su boca recorri? todo mi cuerpo tantos a?os sediento de caricias y yo le correspond? con la misma pasi?n o tal vez m?s; cuando entr? en m?, mi cuerpo y mi mente por unos momentos huyeron de este mundo. El subir al para?so fue al un?sono.
Al d?a siguiente hab?a quedado con una de mis amigas, enfermera, y me dijo:
-Luc?a, ?te ha pasado algo?
-?C?mo algo?- pregunt? a mi vez.
-S?, algo fuera de lo normal. Tus ojos brillan mucho m?s y est?s incluso m?s guapa.
-?Ah! S?, si me ha pasado algo.
-?Dime! ?Por favor!
-Pues mira, que han tenido que pasar veinte a?os suponiendo que hac?a el amor, para saber lo que realmente es un orgasmo. Y, ha merecido la pena.

Publicado por mariangeles512 @ 20:12  | Amor
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