Lunes, 21 de agosto de 2006
¡Tierra, trágame!
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¡Tierra, trágame!

Era por la tarde. Serían como las seis de un día de agosto. El día exacto no me acuerdo, ni quiero saberlo.
El año tampoco.¿ Para qué? Ya no tiene remedio nada de lo que ocurrió.
Y se dirán: ¿Qué es lo que va a contarnos este atontado, con tanto divagar?

Pues que era una mujer preciosa, mejor, imponente.Vean:

El pelo rubio claro ceniza, o casi platino, con una melena que trazaba un flequillo sobre una frente endiabladamente tersa. Los ojos color miel, grandes como dos faros de porche antiguo.
Las orejas pequeñas y casi invisibles, pero que el viento dejaba entrever de vez en cuando. Los labios rojos, sensuales, gordezuelos como un caramelo, de esos que quieres chupar aunque no tengas hambre. Me parecía que tendría unos treinta años o menos.

El cuello largo, derecho y un escote. ¡Lo que insinuaba aquél escote, Dios Santo! Los pechos debajo del suéter, color verde, se notaban voluminosos, pero tersos, y ¿la cintura? Si pudiera, la abarcaba con mis brazos y sus pechos se clavarían en el mío y estaría en el paraíso, mientras besaba aquellos labios.
Como estaba sentada en la banqueta alta de aquél café de la plaza de la Opera, de París las esculturales piernas se veían muy bien debajo de aquellas caderas de torno de alfarero, como talladas en madera noble, pero ¡eran de carne y hueso! Los pies, en sus sandalias, parecían juguetear que si los sacaba o los metía, eran pequeños, morenos y con dedos muy bien formados y delicados.
¡Tenía que tener valor y acercarme a ella! En francés le diría:
-Femme précieuse, puis-tu indiquer où trouve-t-il les Galeries Lafayette ?( qué quiere decir más o menos: Preciosa mujer,¿ me puedes indicar dónde se encuentran las Galerias Lafayette)
Cosa por otra parte muy tonta, porque las dichosas galerías se encuentran muy cerquita, en la calle del mismo nombre, casi al lado de la plaza. Pero como yo era muy ocurrente luego le diría:
-Es-elle française ou es-elle de tourisme comme ?
( ¿Eres francesa o estás de turismo como yo?) y ya se me iría ocurriendo algo más.
Pero de pronto pensé: ¿Y si en lugar de llamarla”preciosa” de entrada, que estará harta de que se lo llamen, la digo sólo “interesante mujer”?
Veía sus ojos, que me alumbraban más que los focos de por encima del mostrador, y hasta me daba la sensación de que turbaban los míos.¿Me estaría mirando? ¡No podía ser cierto!
Cogiendo el vaso que tenía entre mis manos, que era largo y que portaba dentro un refresco típico del París veraniego, me levanté dispuesto a empezar la gran aventura.
¿Quién sería el gracioso?¿Quién pudo tener tanta mala uva, para hacerme esto? ¿Fui yo, ¡torpe de mí!, yo solito el que cometió aquella estupidez? Según me acercaba a la dama de ensueño, algo se cruzó entre mis pies, que ¡fui a caer casi de boca contra la mujer de mis sueños, que podían haberse hecho realidad! El líquido infame, fue a caerle sobre sus pechos, ¡qué nunca ya serían acariciados por mis manos!, casi la derribo del taburete y ¿Qué hice?

Salir corriendo del café aquel, mientras escuchaba risotadas y gritos indescriptibles contra mi, mientras dos fornidos jóvenes me persiguieron casi hasta la Plaza del Ayuntamiento por la Rue Rívoli. Y menos mal que estaba ducho en aquellos tiempos, en quebrar perseguidores. ¡No en balde había estado en las movidas de la primavera del 68! En Francia, ¡no! En España y me escabullía como un gamo de los “grises”, si no no lo cuento. Porque parece ser que pensaron que quise agredirla y que era algo así como un terrorista.
Salió en los periódicos de aquél entonces. Ella se llamaba Brigitte Bardot.


Publicado por Lanzas @ 11:01  | Amor
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Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 23 de agosto de 2006 | 16:57
Muy sugerente el escrito. Una pena que se derram? todo encima. Camina con m?s cuidado.