Lunes, 31 de julio de 2006
CARTA DIRIGIDA AL SEÑOR RODRÍGUEZ ZAPATERO

Imagen





Señor Rodríguez; me dirijo a usted con todo respeto no por ser el presidente del Gobierno de España sino por ser un ser humano.
Soy la hija de un rojo que hace tiempo no está entre nosotros. Fue condenado por el señor Franco a dos penas de muerte y más tarde condonadas por los avales a su favor escritos por hombres de derechas a los cuales mi padre había salvado de la muerte a su vez, ya que las tropelías se cometieron en ambos bandos como usted bien debe saber. Mi padre no tenía las manos manchadas de sangre de ningún hermano español; su delito había sido ser el secretario de la C.N.T. e impedir que la ciudad donde residía fuera tomada por las tropas franquistas en determinado momento de la guerra.
Las penas de muerte fueron sustituidas por el destierro y la cárcel en una lejana ciudad mesetaria. Perdió todo lo que tenía. Hasta los clavos de las paredes. Pasó largos y terribles años de prisión y al cabo de éstos salió cuando el “El general” concedió una amnistía.
Salió con una mano atrás y otra delante.
Yo he nacido después de toda esta tragedia como la de tantas familias españolas y he tratado de no sentir ni rabia ni odio ni deseo de venganza. Y lo he conseguido. No ha sido fácil ya que los hijos de los rojos éramos como apestados hace años en esta España.

Y, ahora oigo la noticia: quieren abrir la herida aun no cicatrizada del todo. ¿Con qué objeto?
¿Cree que por suprimir símbolos o no permitir que se conmemore el veinte de Noviembre, o algo que he oído de una indemnización a las víctimas, va a mejorar lo que pasó en el recuerdo de los que vivieron aquella realidad?
Si tengo entendido que vivimos en un sistema político que respeta la libertad de pensamiento, no entiendo cómo se puede prohibir que unas personas que admiran o creen en lo que escribió José Antonio Primo de Rivera, se reúnan un día señalado para rendirle un homenaje. Eso se parece demasiado a lo que usted parece que rechaza: la dictadura.
¿Y los símbolos? Lo ocurrido no se puede borrar con quitar las estatuas u otros recuerdos, más bien, creo, que deben permanecer donde estén para conocer nuestra historia y pensar que lo ocurrido no debería jamás volverse a repetir.
Y hasta creo que deberían conocer bien la figura de José Antonio. Yo he tratado de conocerle lo mejor que he podido mediante sus escritos y biografías y he sacado la conclusión que él y sólo él, fue un caballero. Nada que ver con lo que más tarde se conoció como falangistas.
Y sobre el Monumento del Valle de los Caídos, eso, de todos los caídos por sus ideas sobre su patria. Nadie tiene toda la razón ni nadie no tiene ninguna.
Ese monumento hay que tratarlo con mucho respeto y mucho cariño. Primero, porque es una obra de arte y segundo y para mi esencial, porque las piedras que lo conforman fueron colocadas con el sudor y la sangre de las escuálidas manos de los presos rojos. Ya por eso es para mí algo grande. Y lo considero de TODOS los españoles, no de los seguidores de Franco en exclusiva.
Y con todo respeto, ¿cree que hay dinero para pagar el sufrimiento, la ruina y la muerte de los familiares más cercanos o de uno mismo? Mis manos se quemarían si tuviesen en sus palmas una sola moneda que tratara de pagar todo lo que mis padres y yo hemos sufrido.
Hacer cualquier cosa que abra las viejas heridas lo considero una gran torpeza.

Desde mi perspectiva deseo un futuro en paz y solidaridad de todos los españoles, no insistiendo en las “dos Españas” de que habló Machado.
Hay que mirar siempre hacia delante, sin olvidar el pasado, pero para que nunca jamás se vuelva a repetir.

Le saluda atentamente: María Ángeles


Publicado por mariangeles512 @ 19:42
Comentarios (1)  | Enviar
S?bado, 22 de julio de 2006
Capítulo VI

LA MUERTE ACECHA EN LOS APARCAMIENTOS

Imagen


El Inspector Alonso llama a su mujer y le dice que hoy no irá a comer a casa, ya que es necesario localizar a unos delincuentes con toda urgencia. Como teme que la cosa se prolongue hasta la noche, le dice que vaya con los niños dónde los abuelos, que irá a buscarles mañana domingo.
La sufrida mujer ni rechista y le dice que tenga cuidado, que le espera con impaciencia.
¡Esta mujer es una santa!-se dice el Inspector para sí mismo.
El dispositivo que monta con agentes de paisano es el siguiente:
Dos se sitúan en la terraza exterior bebiendo unos refrescos y otros dos en la parte de atrás. Él entra junto con una oficial dentro, caracterizados de hispanos recién llegados a lo que antes era la “Madre Patria”, como si se tratara de una pareja que buscan algo de droguilla y allí saben que se vende.
-¡Hola, busco al mula de acá, así de clarito, mamita!-dice Enrique, utilizando el argot colombiano para decir que quiere droga.
-Bueno hay que conocer quién la pide- le dice la chica que atiende en las mesas, que es una colombiana bien formada y con los rasgos característicos de la zona de Putumayo, junto a Ecuador.
- Pues nos dijeron que un tal Héctor Augusto anda con ello-aventuró el Inspector camuflado.
- Ah, bien le llamaré, está dentro-y la joven se retira hacia la parte del almacén, mientras la oficial hace la llamada desde el bolsillo a los de fuera.
Rápidamente, entran detrás de la muchacha y los dos policías de la puerta de forma inmediata sacando sus pistolas se abalanzan sobre dos hombres que se encontraban frente a frente en una mesa ovalada dentro del almacén. El Inspector les pide que se identifiquen y uno es Héctor Augusto de la Gándara y Bailón y el otro Leonardo Blas Botero.
- ¡Quedan detenidos, somos policías!-les grita la oficial, mientras les muestra la placa.
- Nosotros no tenemos droga-dice el tal Héctor.
- No es por la droga, es por el asunto de unos seguimientos.
- Inspector, el coche de detrás es un Audi S8 casi nuevo, y está a nombre de Leonardo Botero- le dice uno de los policías del operativo.
- Me parece que hemos dado en el clavo.¡Vamos todos a Comisaría!-remata un eufórico inspector.
Una vez en la Comisaría, los interrogatorios son mantenidos a triple cara.
En un locutorio, Héctor con el Inspector Alonso; en otro Leonardo con Suárez y en otro más Ester con la oficial López.
Después de unos interrogatorios muy duros, dónde el tal Héctor se negó a hablar prácticamente, si no se le proporcionaba un abogado, los otros “cantaron” de plano, bajo el temor de que el “duro” Héctor les inculpara a ellos.
La tal Ester les debía varios favores a estos “angelitos” y a cambio les proporcionó información sobre sus señores, sin intención de que les hicieran daño, pero pensando que podían sacarles algún dinero bajo amenazas de secuestro de su hija. La cuestión es que el Sr. Refiñafe les acompañó a sacar dinero después de las diez de la noche, cuando le abordaron al ir a coger su coche en Marbella, pero se dio cuenta de que lo del secuestro de su hija era un “farol” y les dijo que le acompañaran a casa, para comprobarlo y les daría mucho más dinero si era cierto. En el camino se desvió en la Playa de Cala de Mijas, bajo el pretexto de tener necesidad de coger gasolina e intentó huir, y entonces el tal Héctor le rajó el cuello. Era despiadado y frío y le introdujo en el maletero pretendiendo seguir su plan. Llegar a la casa del Empresario y forzar a la mujer haciéndola creer que su marido estaba con ellos vivo, por eso urdió el colocarle al volante como si nada. Pero todo se vino abajo porque cuando iban a subir a la casa, los vigilantes jurados de la compañía que tiene instalada la alarma se pararon junto a la entrada de la casa y entonces Héctor se vino abajo y dio orden de suspender todo. Pensando que la policía no les relacionaría con el crimen. Y era mejor pensar en otra cosa y otra casa.
Ester juraba y perjuraba que nunca hubiera dado relación alguna de sus señores si hubiera sospechado esto, pero eso era ya cosa del juez. Todos pasaron a disposición judicial y se decretó su ingreso en prisión sin fianza.
Ya era de madrugada cuando el Inspector Enrique Alonso llegó a casa de los Señores Refiñafe, dónde las luces permanecían encendidas. Había avisado previamente y quería darles la noticia directamente.
Le esperaban. Entre sollozos la elegante señora le dio las gracias por su pronta resolución y los hijos dentro del dolor se les veía contentos. Los asesinos de su padre no se irían sin castigo. Las leyes en España son muy permisivas y blandas, pero al menos, los veinte años les caerían a todos y no seguirían con su mundo de extorsiones y robos.
Cuando llamó a su esposa eran las cinco de la mañana, pero no importaba, ella estaba pendiente y se alegró. Tendrían una semana de disfrutar juntos, si no surgía otro caso de asesinato, ¡claro!
El domingo siguiente, 7 de mayo, fue un día de los que le gustaban al Inspector, jugó con los niños hasta el agotamiento en la casa de abuelos, que era un chalet muy amplio de la zona de Mijas. Cuando llegó la noche y todos estaban acostados, ellos, marido y mujer hicieron el amor como cuando eran recién casados, y después durmieron plácidamente. A la mañana siguiente él llevaría a los niños al Colegio con orgullo y luego saldría con su mujer de compras, para que se sintiera segura y acompañada.
Las bandas de latinos, con él, tenían poco futuro en Málaga.


Publicado por Lanzas @ 22:04  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
Mi?rcoles, 19 de julio de 2006
Rumbo a España

Imagen



Salimos al mar de noche. Íbamos muchos, apiñados, sin ropas, sin comida. Nos dijeron que llegaríamos muy pronto a la tierra donde la gente come todos los días y hay trabajo para todos y diversión. La tierra que dejábamos no nos daba nada de eso. Mi papá trabajaba de sol a sol y no tenía para que comiésemos todos sus hijos. No he ido nunca a eso que llaman escuela y no sé leer ni escribir, sólo he escuchado esas palabras.
Mi familia no sabe que me he enrolado en este “barcucho”, pero yo no aguanto más con este agujero en el estómago. Voy a otro país y allí encontraré algo para trabajar y mandaré dinero a mi familia para que mis hermanitos no pasen tanta necesidad.
Tengo miedo, no puedo evitarlo. A mi lado una mujer con el vientre muy abultado gime a cada movimiento de la embarcación; creo que está muy cerca de que nazca su hijo. Yo no entiendo de esto pero…
Un niño muy chiquito llora sin parar. Tiene miedo al mar y a la oscuridad. Se agarra fuertemente a la mano de una mujer que tiene la boca muy apretada y mira a la noche inmensa con los ojos muy abiertos.
Los demás, callados, acurrucados para que los golpes de agua de este gran océano no les empape las ropas demasiado.
Amanece un nuevo día. Un disco rojo, enorme, sale del agua lentamente iluminando rostros desencajados por el hambre y el cansancio .Creo que llevamos varios días en el mar. He perdido la cuenta. No tengo ya casi fuerzas, mis lágrimas caen, saladas, y se confunden con el agua marina, las bebo pero su sabor me pone aun peor. Miro a mis compañeros de viaje y veo que la mayoría está muy mal. Algunos tiritan y otros parece que duermen o están desmayados.
De pronto en la lejanía veo aparecer un barco. Ondea en su mástil una bandera roja y amarilla. Cuando llegan a donde nos encontramos creo, por sus miradas, que sienten piedad por nosotros y nos ayudan a subir a su barco. Éste es un pesquero y los hombres que lo dirigen son blancos. Doy gracias a los dioses de mis padres porque aún existan hombres a los que les importen los demás.
Nos dan de comer y nos atienden en todo lo que pueden. No nos entendemos. No hace falta, los gestos de humanidad no necesitan palabras.
Seguimos navegando bastantes horas, creo, cuando aparece ante la vista de todos un puerto. Allí se dirige el pesquero. El que parecía que mandaba en el barco quiso desembarcar, pero unos hombres vestidos con extraños trajes no se lo permiten.
Veo cómo mueve sus manos indicando dónde estamos, parece que pide algo. La cara de los otros se mueven de un lado hacia el otro, y todos entendemos que dicen, ¡NO!
Comprendo: somos emigrantes y pobres, los puertos están cerrados para nosotros.
El pesquero se aleja algo mar adentro y se detiene. Tengo un miedo terrible al pensar que nos van a tirar al agua. Asustados y medio muertos de necesidad todos miramos ansiosamente a los hombres de aquel barco en cuyo punto más alto ondea una bandera roja amarilla y roja. Intuimos que están tomando decisiones muy graves sobre nosotros. Veo cómo los ojos de algunos de ellos se posan en la mujer de abultado vientre, en los niños, y un rictus de rabia aflora a sus bocas.
De repente una bronca voz resuena por todo el ancho mar.
-Bien, si aquí no los quieren aceptar, pongan rumbo a España.
-¡España!, ¡España!, -me digo para mis adentros- éste debe ser el país de los hombres con corazón.
Y, mirando al inmenso azul doy las gracias a mis dioses.


Publicado por mariangeles512 @ 20:59  | Costumbres
Comentarios (0)  | Enviar
Capítulo V

Imagen

Esa noche Alonso apenas pudo dormir. Tenía una serie de ideas en la cabeza, y como siempre su intuición la consideraba el mismo muy valiosa.
María, su mujer, le acarició su pecho y su cara esa noche, como le gustaba hacer y el pasó su mano por sus muslos, pero sin llegar a realizar el acto sexual.
- Sé que estás preocupado- le dice María- pero seguramente arreglarás todo en poco tiempo. ¿Sabes que pienso? Que dentro de poco serás Comisario y tendrás que salir menos a la calle y tendrás menos peligros.
- Ya sabes que para eso tendré que llegar vivo al menos a los cincuenta años. Aquí se asciende muy lentamente. Te voy a hacer yo una pregunta, cariño: ¿Crees que un hombre con muchas preocupaciones es sincero con su mujer y le cuenta todo?
- Creo que si se aman así debe de ser.

La mañana del sábado, seis de mayo amaneció con aspecto tormentoso, pero como ocurría muchas veces en Málaga, no sería más que un aviso sin importancia y las nubes se disiparían por la tarde.
Alonso se despide de sus hijos, y les dice que mañana irá con ellos a pasear y a tomar algunos refrescos, pero hoy sábado tiene que realizar unas pesquisas urgentes.

Al llegar a la casa del empresario, la mujer de servicio le abre la puerta con aspecto de estar asustada.
-Avise a la señora, es imprescindible hacerla algunas preguntas.
A los pocos minutos una mujer elegante, con aspecto de estar muy afectada baja en compañía de su hijo, al cual ya conocía.
- Siéntese Inspector, y pregunte lo que sea. ¡Queremos que encuentre a los asesinos de mi marido! No quiero otra cosa, más que justicia.
- Le acompaño en el sentimiento y no dude de que haremos lo posible e imposible por dar con ellos. Ya sé que hasta el lunes no pueden dar sepultura a su marido, por el problema de las autopsias y sé lo que debe sufrir con todo esto.
- Mire lo de menos es esto, lo importante ya es encontrar a los culpables.
- ¿Sabe usted de alguna amenaza o alguna extorsión que sufriera su marido?
- Si, me comentó que dos individuos le seguían en un coche y que llegó a verles. Tenían aspecto de hispanoamericanos y yo le dije, que seguramente eran suposiciones suyas. El coche era un Audi S8 o algo así. El entendía tanto de coches y yo no sé seguro si era ese el modelo. La matrícula me dijo que era nueva.
- Perdone Inspector- le interrumpe el hijo, que hasta ahora no había abierto la boca- he podido comprobar que el día cuatro de mayo a las diez de la noche se sacaron 2000 euros en dos cuentas distintas con las tarjetas que mi padre llevaba, que ya están dadas de baja, porque no han aparecido.
- Ese dato es muy importante, porque ya sabemos que él debió de ser violentado para robarle y me temo que se opuso a seguir extrayendo dinero de los cajeros. Vamos a averiguar de antemano los cajeros. Déme los números de las tarjetas sustraídas.
El hijo se retiró hacia la parte de arriba y mientras el Inspector esperaba ese dato, le pregunta a la desconsolada esposa:
- ¿Es de confianza la mujer que les sirve, esta Ester?
- Lleva con nosotros más de dos años y aunque aún hay que enseñarla algunas cosas, parece que se desenvuelve con soltura en la casa, pero ya sabe ¡nunca se sabe!
- Me va a permitir que la apriete un poco las tuercas, porque en muchos casos a través del servicio doméstico aparecen las conexiones con bandas de asaltantes.
- Cómo usted vea, yo no intervendré para nada.
A los pocos minutos aparece el hijo con los datos de las tarjetas solicitadas. Son tres diferentes de otros tres bancos. Era importante saber la situación de los cajeros y con la resolución del juez podrán averiguar esto el lunes a primera hora.
- Llamen a Ester y déjenme a solas con ella, por favor y gracias por su atención y reitero mis sentimientos por lo que ocurre- les comenta un Enrique Alonso serio y pensativo.
- De acuerdo, Inspector, y haga su trabajo como usted sabe, según me han comentado algunos amigos de mi marido, que le conocen- dice la señora Refiñafe, retirándose con su hijo del salón dónde habían conversado.
- Espere, un momento, señora- le susurra Alonso, mientras se dirige con sigilo a la puerta del salón, dando un pequeño rodeo, para no proyectar su silueta sobre los cristales labrados de la misma.
Y al abrirla de pronto, coge a la tal Ester, que permanecía al lado de la misma, junto a la pared del hall, casi pegada a la puerta.
-Entra, entra, y cuéntame quienes son tus amigos colombianos- le dice el Inspector, metiéndola en el salón agarrada por el brazo.
- Suelte, suélteme, que no tiene derecho a violentarme, estaba limpiando las figuras de la entrada.
- Mientes, Ester-dice la señora- las limpiaste ayer y no se pasan más que cada dos días o más. ¿Qué significa esto?
- Bueno, será la curiosidad de enterarme lo que pasa, ¡señora, no quiero embarrarla! Tengo mis papeles en regla- se defiende la sirvienta., escapándosela ese vocablo colombiano-
- Vamos a ver, Ester, debe contestarme a algunas preguntas, y si no quiero hacerlo aquí, se le citará en Comisaría- le contesta el Inspector.
- Yo no tengo nada que barajar más despacio. Le puedo contestar, aunque no soy una mamita linda, ¿qué vaina es esta?
- No emplees tantos dichos colombianos, ¿no dicen tus papeles que eres uruguaya?
- Bueno mis abuelos eran colombianos y me criaron ellos, como si fueran mis papaítos.
La verdad, pensaba Enrique, estos hispanoamericanos hablan muy “lindo” y te meten una mentira envuelta en unas palabras deliciosas. ¡Anda que “vaina”! ¡Quiere decir todo o nada!
- Veamos: ¿Tienes amigos que le dan a la coca o son “mulas” incluso?-le suelta a la nerviosa Ester.
- Si, digo no, bueno, usted me equivoca. Yo no quería tratar con ellos, pero me exigen, para que dejen a mis hijos tranquilos allá, que les de información.
En este punto, y viendo lo que temía Alonso, se retira al hall y hace una llamada a Suárez para que localice al Juez de guardia y le pida una orden de arresto para Ester Benitez, ya que teme que esté implicada en el posible secuestro del asesinado.
Volviendo a entrar en el salón, sigue el blando interrogatorio:
- Déme los nombres de sus amigos de inmediato y forma de localizarlos.
- Es que me da miedo decírselo, luego se la toman conmigo.
- Pues mejor que no te la tome yo, porque te enchirono si no hablas sin tanta paja.
- Verá, están mis amigos Héctor Augusto y Leonardo Mariano, bueno los domingos que tengo libres me reúno en el bar latino con algunos más para recordar cosas de allá, aunque busco la amistad de un español para ver si me caso.
- Vaya, vaya, tendrá que esperar en la casa sin poder salir de momento. Tengo que comprobar algunos datos sobre esos personajes.
- No se preocupe no me moveré de aquí hasta que me lo diga.

Una vez dado por terminado el interrogatorio a Ester, la señora Refiñafe y sus hijos entran en el salón algo alterados y él les explica que ha pedido orden de detención para ella, porque intuye algo raro en ella, va a esperar al oficial que la trae y de todas maneras una pareja de la Policía Nacional están custodiando la casa y que no se alteren.
- No se alteren más, por favor, que ya es demasiado esto que ocurre.
- Pero es que me parece que hemos confiado en una persona peligrosa, según nos dice- comenta Alicia Ugarte, esposa desconsolada del empresario asesinado.
En ese momento, llaman a la puerta. Se trata de Suárez que trae la orden de detención firmada y viene acompañado por Carmen Toledo, policía nacional.
- Ester, tiene que venir con nosotros a Comisaría- le comunica el Inspector a una llorosa sirvienta.
- Espere, espere, yo no he hecho nada.
- Puede, pero tenemos que tomarla declaración sobre los amigos que dice les da información- y a continuación le lee sus derechos después de enseñarle la orden.
La agente Toledo la introduce en el coche patrulla y los cuatro se dirigen a la Comisaría.
Ya en ella rápidamente comienza el interrogatorio en serio.
- Dígame el nombre de los colombianos a los que da información y qué clase de información les da, si no quiere que la llevamos al Juez para su encarcelamiento.
- Son los que le dije Héctor Augusto y César Leonardo- le dice
- Tengo anotado Leonardo Mariano-le interrumpe el oficial.
- Si, si es que César es otro.
- Y bien: ¿Sobre lo que informa?-dice el Inspector Alonso.
- Sobre cuando sale de casa el Señor, me decían que no era para nada malo, sólo para pedirle ayuda para comprar unos coches.
Enrique sale de inmediato de la sala de interrogatorios y se dirige a su despacho, para poner en el ordenador la orden de captura de los colombianos y la descripción del coche. Vuelve a la sala de interrogatorios y le dice a Suárez:
- Sigue tú, que voy a montar un dispositivo de vigilancia en el Bar Cuba de Juan Sebastián Elcano, pero primero intervén el móvil a esta mujer y veamos lo que tiene.
- De acuerdo, Enrique, voy a hacerlo de inmediato.


Publicado por Lanzas @ 19:51  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
S?bado, 15 de julio de 2006
Capítulo IV

LA MUERTE ACECHA EN LOS APARCAMIENTOS

Imagen

¿Habría anotado la placa del coche? Había que revisar todos los datos de las libretas encontradas y en su despacho. Y además preguntar a su familia cuanto antes. No creo que si se lo dijo a este señor, no se lo dijera a alguno de sus hijos, sobre todo al mayor.
Antes había que hablar con los otros posibles compradores de Marbella.
El Inspector Alonso y su oficial de confianza se encaminan a la zona ahora tan céntrica de El Corte Inglés. Allí en un apartamento próximo se encuentra un alto cargo de los grandes almacenes que también trataba con el Sr. Refiñafe. El Sr. Romo había estado con él casi a la hora del cierre a eso de las 9.30 de la noche. Le había comprado un Audi ultimo modelo de segunda mano estupendo y se lo iban a entregar esta misma tarde y no había podido ser, ya que no pudo contactar con él.
Recordaba al Sr. Refiñafe algo nervioso por la hora y no le quiso entretener más Como estaba desde la mañana en las oficinas no había tenido tiempo de enterarse de lo acontecido. Solía ver las noticias de la noche y entonces si se enteraba de todo. Aparentemente se había quedado impresionado porque pensaba verle hoy mismo.
-Debe ponerse en contacto con su hijo mayor, que es quien lleva los negocios en Málaga-le informa el Inspector.
-Eso es lo de menos, mi coche puede esperar, la verdad es que me quedado impresionado.
El tercero de los que tenían en cartera para entrevistar no estaba localizable, pero había visto a d. Samuel Refiñafe antes que el Sr. Romo. Ya no era, ahora mismo, tan importante. Ahora era preciso indagar lo de la sospecha de seguimiento. La tarde iba cayendo dejando un olor a mar y a flores frescas que llenaban las avenidas marbellíes. Alonso y Suárez se dirigen a su Fiat punto sin distintivos policiales, que usaban para sus investigaciones y al llegar al lugar donde lo tienen aparcado, que es próximo a los grandes almacenes, observan a dos individuos que están violentando a una mujer.
-¡Puta!- grita uno de ellos- creías que no me iba a enterar que te las ves con ese desgraciado de Pepe, ¡te voy a matar!
- ¡Tú no vas a matar a nadie!-le grita el Inspector-retorciéndole el brazo, al que chillaba, mientras Suárez sujeta al otro individuo, mientras le enseña la placa policial.
- ¿Quién lo dice, maricón?- se atreve el inmovilizado.
- Pues el Inspector Alonso, cerdo de mierda-mientras le presiona el brazo hasta casi dislocársele con la pericia propia – y mira lo que te pasa por chulo.
-Vale, vale, que esta es mi puta y se va con otros.
Mientras con el móvil llama a Comisaría para que envíen un coche patrulla de inmediato, mientras esposa al individuo y le lee sus derechos:
* Derecho a guardar silencio no declarando si no lo desea, a no contestar alguna o algunas de las preguntas que le planteen, y tendrá derecho a manifestar que sólo declarará ante el Juez.
* Derecho a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable.
* Derecho a designar libremente abogado y a pedir que asista a actos de declaración y que intervenga en cualquier reconocimiento de identidad de que sea objeto.

Si el detenido o preso no designara abogado, se le designará uno de oficio por parte de la autoridad judicial o funcionario que le custodie, quien deberá acudir al centro de detención a la mayor brevedad posible.
En menos de cinco minutos y ya levantada la expectación de turno, con gente que vocea: ¡A la cárcel con ese chulo de putas! Y la mujer acobardada: ¡No le hagan nada, que yo lo pago luego! Un coche patrulla hace acto de presencia y meten en él a los dos individuos.
-Tomen declaración a este personaje que voy rápido a tomar nota de sus datos para que recuerde esto:
- Si le pasa algo a esta mujer, se las verá conmigo. A ella la llevo yo para que ponga la denuncia.
Tramitado todo, el que agredía es pasado a calabozos y el otro es puesto en libertad hasta que el juez decida que hacer. La mujer firmó la denuncia y tomó una tarjeta con el número directo del Inspector Alonso, además de indicarla que lo ponga en manos de la policía especial para maltratadas de la Junta de Andalucía, por si necesita un móvil de atención directa.
De camino a Málaga los policías comentan como “esto es el pan nuestro de cada día”. Te encuentras maltratadores por todas partes y a Suárez le indigna que abusen de las mujeres.
- Yo creo que cuanto más se trata de educar en armonía a hombres y mujeres, más maltratadores surgen, ¿no crees Enrique?
- Es posible. La llegada de tantos inmigrantes de todas las partes del mundo están dejando sin idiosincrasia a España, existe una especie de teoría del relativismo, que pretende imponer la idea de que todo es lo mismo-le responde el Inspector Alonso.
En las libretas encontradas al Sr. Refiñafe no encontraron ningún dato sobre el seguimiento. Era preciso entrevistar a la mujer del Empresario, ya que necesitaban alguna pista más. Esperaría al día siguiente.


Publicado por Lanzas @ 19:18  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
Viernes, 07 de julio de 2006
MI OTRO HIJO

Imagen

Me traslado de casa. En este momento saco las prendas que guardo en uno de los cajones de mi comodín. Pañuelos de seda, medias, mejor dicho, “pantys”, mis camisones, y de pronto mis dedos chocan con algo más duro que mis delicadas telas. Lo tomo en mis manos. Es un cuaderno, al que le falta la última pasta. Leo en la de delante:
“Diario. Secreto”. Y debajo el nombre de mi hijo mayor.
Me quedo muy sorprendida: ¿Cómo demonios ha ido a parar dicho cuaderno al cajón de mi ropa interior?
Lo abro lentamente. Siempre he tenido un pudor especial para invadir la intimidad de los demás. Comienzo a leer lo que mi hijo ha escrito en varios años de su vida. Siento algo de vergüenza al hacerlo pero necesito saber qué sentía, qué pensaba en sus años de adolescencia. Siempre fue muy reservado y no he llegado a conocer su alma de verdad. Ahora que ya no está conmigo, sé que jamás conoceré su interior.
Leo. Habla poco de su infancia, de sus compañeros de escuela y más tarde de Instituto. Voy pasando las hojas asombrada de enterarme de que el niño que yo había concebido con tanto amor no menciona a sus padres con afecto en ninguna página.
Leo: quiero que me compren una botas “Converse”, una bici de montaña, un ordenador, una moto, quiero ir a la “Expo” …etc, etc.
Se lamenta que en alguna ocasión no se le ha dado el dinero que pedía. Se reconoce a sí mismo lento y poco trabajador y escribe irritado porque su padre le ha llamado la atención por ello.
A medida que voy leyendo este cuaderno me voy sintiendo ante un desconocido. Porque ¿Dónde han quedado todos lo valores que le fui inculcando con mi ejemplo a lo largo de su vida conmigo? Una descarga de adrenalina recorre mi cuerpo ante la frustración que siento al comprobar que en mi hijo mayor, la estrella de mi vida, mi “Norte”, no ha calado ninguno. Pasada la agitación me invade un profundo deseo de llorar. Releo. No, no, en página alguna del viejo cuaderno he visto una frase que me hiciese entender que el adolescente al que he querido más que la “niña” de mis ojos sintiera un poco de cariño por mí.
No entiendo nada. ¿No se dice que se recoge lo que se siembra? ¿Qué he debido de sembrar yo?
Sigo leyendo y ya no me cabe la menor duda que el materialismo de mi hijo es de un grado superlativo. Y, sobre todo, que no ha sabido valorar todo lo que se le ha dado. Todo, absolutamente todo lo que estuvo al alcance de nuestra mano y además dado con mucho amor.
Él es ahora un ingeniero, no sé cuáles serán sus sentimientos hacia sus padres y si su escala de valores habrá cambiado. Espero que sí por su bien.

Dejo profundamente apenada el cuaderno encima del mueble y veo en el fondo del cajón una serie de revistas y cartas de la “Fundación Intervida” con la cual colaboro desde hace largos años.
Tengo amadrinado un niño, Minor, se llama. He colaborado para que este niño no tenga que trabajar desde pequeño y pueda asistir a la escuela. Tengo su foto en un marco encima de una balda de mi mueble del salón. Es muy moreno, con sus cabellos tiesos y su sonrisa forzada. Su “nyky” le queda demasiado grande. Hace ocho años que voy pagando un dinero que para mí no es demasiado pero para ellos es mucho, según me dicen las personas encargadas de la Fundación del país sudamericano donde vive Minor.
Mi ahijado será ya un hombrecito y me siento contenta de que alguien gracias a mí haya podido estudiar o al menos tener una infancia de niño. Yo le he escrito en varias ocasiones y he sido respondida con mucho cariño. Esto compensa en este momento mi profunda decepción, la que he sentido al leer el diario de mi hijo, (creo que por esto no se deben leer los diarios).
Me dijeron por carta que podía visitarle, si así lo deseaba. Pero mi fobia a volar me lo ha impedido. Me hubiera gustado conocerle en persona, ver en qué ambiente se desenvolvía su vida, qué había hecho yo por mejorarla. Le dije en una carta: “Me gustaría conocerte pero tengo miedo al avión, cariño, así que me conformaré con verte en foto”.
Me voy sintiendo mejor, reconfortada con estos recuerdos. “Mi vida no ha sido en vano”- pienso sentada en los pies de mi cama.
Sigo recogiendo mis pertenencias cuando oigo que llaman a la puerta. Bajo corriendo las escaleras gritando:
-Ya voy, ya voy.
Abro la puerta y veo en el umbral un joven muy moreno de blanquísimos dientes que me sonríe con ternura.
-Hola, madrina. A mí no me da miedo volar.


Publicado por mariangeles512 @ 23:16
Comentarios (0)  | Enviar
Mi?rcoles, 05 de julio de 2006
Ahora, ya veo.

Imagen



Caminaba como un alma en pena. El alcohol y las pastillas me estaban matando por dentro y por fuera. Si aquella mujer no le hubiera herido con su abandono, que no entendía a estas alturas de su vida, seguramente no se sentiría así de solo y triste.
Nada tenía sentido. Seguía sacando al perro a pasear y atendía a los gatos. Pero la casa vacía en todos sus aposentos era como una tumba mausoleo único, sin pareja, sólo para él.
Los hijos no aparecían a rellenar el vacío. La mujer ni sabía donde se encontraba. ¡Quizás había muerto y ni se enteró!
Ni comía apenas ni atendía la casa ni el jardín en otros tiempos reluciente aquella y lleno de flores y frutos este, que ella cuidaba y el ayudaba a ello ¡Nada importaba ya!
Esta noche acabaría la botella aquella que aún me quedaba de brandy y me tomaría un par de pastillas para dormir. ¡Y sino despertaba, mejor que mejor!
Cuando estaba tumbándome en el sofá, atontado y medio ebrio, un rayo de luz apareció desde la repisa de encima de la apagada chimenea.¿Qué era aquello? Desde la virgencita que ella había abandonado, casi oculta entre las grandes velas que ya nadie encendía un rayo cegador me llegaba hasta los ojos. Cambié de posición y el rayo aquel, ¡maldito!, pensé, me seguía. Me levanté de golpe y fui a darme unos chapuzones de agua en el rostro. Al volver al salón, el rayo se volvió como de colores y como si algo me empujara hacia abajo, caí de rodillas delante de la inmaculada imagen que era un recuerdo de Fátima, lugar que recordaba de forma impresionante y que en un día de mucho calor habían visitado no hacía muchos años.
-¿Qué quieres de mi, Señora? Se me ocurrió decir.
Ustedes no lo creerán y pensarán que es fruto del alcohol, pero escuché una voz nítida que decía:
-¿Te has olvidado de mi y de mi hijo tan querido para ti cuando eras niño y aún joven?
-Señora, sabes que recé muchas veces las tres ave marías que me enseñó mi madre, pero perdí la fe y lo que es peor la perdí a ella, por más que imploré que no lo consintieras, cuando seguramente pedía por sus hijos, yo pedía por ellos y por ella, sobre todo por ella-le dije, con un nudo en la garganta que no sé como podía articular palabra.
- No me he olvidado de ti y prueba de ello, que estoy contigo y quiero ayudarte, pero tienes que tener fe como cuando eras niño.
La luz se transformó en un haz que llenaba toda la estancia y yo flotaba como si no pesara nada. Por unos segundos rogué que aquello fuera mi muerte, y al menos la felicidad del momento compensaría tanto dolor reciente.
Cerré los ojos y al rato noté sobre mi frente la mano de mi mujer.
-¿Cómo te dormiste tan pronto, y en el sofá? Eso es cosa mía.
No podía ser, ella me había abandonado hacia meses. ¿Cómo era posible?¿Lo había soñado¿ Estaba soñando? No acertaba a entender nada y pensé:¡me estoy volviendo loco!
-¿Cuándo has vuelto? La pregunté.
- Estaba arriba, colocando la ropa limpia en los armarios, acabo de bajar.
- Digo a casa.¿No te fuiste en enero pasado? Para nunca volver, dijiste.
- ¿Estás loco? Yo nunca me he ido de casa, pero a lo mejor lo hago, por decirme eso. Y gracias que no bebes desde hace años, ¡qué sino!
Os lo cuento como me ha sucedido, creo que la virgen de Fátima borró unos meses de nuestras vidas, porque aquello era increíble. La he construido un pequeño altar sobre la repisa y no dejo de encenderla velas todos los días. No me atrevo a preguntar a mis familiares y amigos sobre la separación. ¿Y si el encanto se rompe?


Publicado por interazul @ 12:59  | Familia
Comentarios (0)  | Enviar
Lunes, 03 de julio de 2006
La muerte acecha en los aparcamientos

Imagen
Capítulo III


De vuelta a la Comisaría, el Inspector Alonso va pensando sobre lo que ha conseguido hasta ahora.¡Es muy poco! Realmente no encontraba pistas por dónde empezar las investigaciones. Ya en su despacho traza el siguiente plan: Contactar con Marbella para que vigilen a las bandas sospechosas de secuestrar empresarios, requerir el informe forense con celeridad y analizar los documentos y todo lo que contiene el coche donde apareció el cadáver.
Desde Marbella el Inspector Ruperez, al que conoce desde su destino allí, le informa de que tienen varias bandas de sudamericanos, marroquíes y cree que hasta mafiosos americanos que andan por Marbella como “pedro por su casa”, pero ha dado orden de seguir con cautela a unos individuos que tienen alquilado un chalet de lujo y su pinta no es la de grandes empresarios.
La autopsia rebela que el empresario había sido asesinado con arma blanca, de corte certero en el cuello y que la gran hemorragia que provocó intentó ser cortada con presión sobre la aorta, pero además había estado en el maletero como una hora y después trasladado al asiento del conductor, con lo cual la sangre era de dos momentos diferentes y además se pudo descubrir que había sangre de dos personas, con lo cual se podía deducir que alguno de los asaltantes estaba herido.
Los documentos encontrados corresponden a informes sobre coches de gran lujo, como Mercedes, Audi e incluso una Limousine y en uno de ellos se ha encontrado una lista de posibles compradores en Marbella y en Ronda.
Enseguida Alonso llama por el teléfono interior a Suárez:
- Suárez venga enseguida que tenemos trabajo urgente.
- Voy Enrique, voy de inmediato.
Una vez juntos, Enrique Alonso le propone a su oficial de confianza lo siguiente.
-Mire, vamos a almorzar en Marbella, para esta misma tarde hablar directamente con las personas que presumo vieron con vida, antes que los asesinos, al señor Refiñafe, a partir de ahí intentaré ver quienes son esos de la banda de Marbella.
- De acuerdo, espere que aviso a mi mujer, que está siempre preocupada.
¡Qué mujer no va estar preocupada si lo es de un policía!-pensó Alonso-la suya sin ir más lejos ponía velas por toda la casa a la Virgen del Pilar, que para ella, ya que se conocieron siendo guardia civil, era la patrona de ellos y nunca le había dado la espalda.
Sabía que en momentos de investigaciones largas debía ir a casa de sus padres con los cuatro niños, que tenían de diez años, Ricardo, en memoria de su abuelo paterno, ocho, Julia, por su abuela materna y José Antonio de cuatro años, para que Enrique tuviera todo el tiempo para pensar sobre los casos. Ella lo tenía asumido sin problemas y después de resuelto el caso que fuera, siempre gozaba de unos días libres que dedicaba íntegramente a su familia. Los niños adoraban a su padre y sobre todo Ricardo y ahora ya José Antonio estaban deseando jugar más con él que con sus amiguitos del Colegio. A Ricardo le encantaban los juegos del ordenador, pero disfrutaba más con su padre en la playa con una pelota de goma o nadando a ver quien llegaba antes a una boya.
La libreta encontrada en el coche tenía anotaciones de direcciones de clientes en Marbella, además de otros lugares de la provincia, incluida Málaga ciudad. Irían a visitar a esas personas para ver que decían.
Ese viernes de primavera, el tiempo estaba un poco revuelto y la nubosidad del Estrecho llegaba por la zona de Marbella. No había más que el tráfico normal de las idas y venidas de coches por la Costa del Sol. Alonso solía comentar: Si se pusieran de acuerdo los que trabajan en Málaga con los que trabajan en Marbella, las autovías permanecerían casi vacías: Ahora la de peaje era una buena vía si se querían evitar los atascos. Como las dietas daban para ello la tomaron desde Fuengirola-Mijas, para llegar enseguida.
A pesar del continuo escándalo que se cernía sobre el Ayuntamiento, la vida en Marbella seguía su ritmo, pero se preguntaban muchos:¿Esto acabará como hace unos quince años, que estaban dejando hundir a la ciudad? Veremos. De inmediato fueron
a la comisaría de Marbella y allí les informan de que al menos una banda de “moros” está extorsionando a empresarios a los cuales sorprenden bajo amenazas diversas para que les den dinero en efectivo de los cajeros, al presionarles con datos de su familia y están detrás de ellos desde febrero, pero no acaban de encontrar a los cabecillas.
Ya advertidos los de Marbella de que es preciso dar con ellos, dejan de momento la investigación para ir a almorzar a casa Mena, en la misma plaza de Los Naranjos, donde se encuentra el Ayuntamiento y así veían el ir y venir de turistas primaverales.
-Esto no me gusta Suárez-comenta el Inspector-las bandas incontroladas se van haciendo cada vez más numerosas y por más que detenemos a algunos de sus integrantes siguen creciendo. Esta España se está convirtiendo en un campo de mafiosos de todas las naciones. Mira, ni me gusta lo de la permeabilidad de la unión Europea, ni el descontrol inmigratorio que padecemos.
- Eso digo yo-contesta el oficial- por donde vamos es al imperio de los sinley que acabarán con la justicia y por supuesto con la policía.
- Bueno no exageres, que aún les cogemos. Lo malo será cuando los jueces se dejen sobornar. De momento les tenemos con oficio.
- Anda acaba con la fritura de pescado que nos vamos a Puerto Banús a ver a esos compradores.
En la calle Ramón Areces tenían las direcciones de tres de ellos por suerte. Como era la hora de la siesta esperaba encontrarlos en casita tan tranquilos. Al primero lo abordaron saliendo de nuevo hacia el trabajo. Era Ramón Pérez que era constructor y al identificarse los policías casi se desmaya, pensando que le implicaban en la trama del Ayuntamiento.
- No, Don Ramón, no se preocupe, investigamos la muerte del Sr. Refiñafe que tenemos entendido que usted le iba a comprar un coche.
- Ah si es cierto. Esta mañana he quedado impresionado de lo acontecido al leer la prensa. Le tenía encargado un Mercedes de importación un modelo 220 Diesel clasic. Él tenía muy buena mano para esto.
- ¿A que hora le vio ayer?-indaga el inspector- No es más que para intentar fijar la hora en que fue asaltado.
- Ya, serían las seis de la tarde. Y creo que aún tenía otros clientes apalabrados, porque me comentó que llegaría, como siempre tarde a casa.
- ¿Recuerda que le pareciera que le preocupaba algo o estaba nervioso?
- Pues me comentó que hacía días se sentía seguido por algún coche desde Málaga a Marbella, y que incluso lo iba a poner en conocimiento de la policía.
Esto daba un giro muy importante a la investigación, pues era la primera noticia sobre el tema.


Publicado por Lanzas @ 20:15  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar