S?bado, 22 de julio de 2006
Cap?tulo VI

LA MUERTE ACECHA EN LOS APARCAMIENTOS


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El Inspector Alonso llama a su mujer y le dice que hoy no ir? a comer a casa, ya que es necesario localizar a unos delincuentes con toda urgencia. Como teme que la cosa se prolongue hasta la noche, le dice que vaya con los ni?os d?nde los abuelos, que ir? a buscarles ma?ana domingo.
La sufrida mujer ni rechista y le dice que tenga cuidado, que le espera con impaciencia.
?Esta mujer es una santa!-se dice el Inspector para s? mismo.
El dispositivo que monta con agentes de paisano es el siguiente:
Dos se sit?an en la terraza exterior bebiendo unos refrescos y otros dos en la parte de atr?s. ?l entra junto con una oficial dentro, caracterizados de hispanos reci?n llegados a lo que antes era la ?Madre Patria?, como si se tratara de una pareja que buscan algo de droguilla y all? saben que se vende.
-?Hola, busco al mula de ac?, as? de clarito, mamita!-dice Enrique, utilizando el argot colombiano para decir que quiere droga.
-Bueno hay que conocer qui?n la pide- le dice la chica que atiende en las mesas, que es una colombiana bien formada y con los rasgos caracter?sticos de la zona de Putumayo, junto a Ecuador.
- Pues nos dijeron que un tal H?ctor Augusto anda con ello-aventur? el Inspector camuflado.
- Ah, bien le llamar?, est? dentro-y la joven se retira hacia la parte del almac?n, mientras la oficial hace la llamada desde el bolsillo a los de fuera.
R?pidamente, entran detr?s de la muchacha y los dos polic?as de la puerta de forma inmediata sacando sus pistolas se abalanzan sobre dos hombres que se encontraban frente a frente en una mesa ovalada dentro del almac?n. El Inspector les pide que se identifiquen y uno es H?ctor Augusto de la G?ndara y Bail?n y el otro Leonardo Blas Botero.
- ?Quedan detenidos, somos polic?as!-les grita la oficial, mientras les muestra la placa.
- Nosotros no tenemos droga-dice el tal H?ctor.
- No es por la droga, es por el asunto de unos seguimientos.
- Inspector, el coche de detr?s es un Audi S8 casi nuevo, y est? a nombre de Leonardo Botero- le dice uno de los polic?as del operativo.
- Me parece que hemos dado en el clavo.?Vamos todos a Comisar?a!-remata un euf?rico inspector.
Una vez en la Comisar?a, los interrogatorios son mantenidos a triple cara.
En un locutorio, H?ctor con el Inspector Alonso; en otro Leonardo con Su?rez y en otro m?s Ester con la oficial L?pez.
Despu?s de unos interrogatorios muy duros, d?nde el tal H?ctor se neg? a hablar pr?cticamente, si no se le proporcionaba un abogado, los otros ?cantaron? de plano, bajo el temor de que el ?duro? H?ctor les inculpara a ellos.
La tal Ester les deb?a varios favores a estos ?angelitos? y a cambio les proporcion? informaci?n sobre sus se?ores, sin intenci?n de que les hicieran da?o, pero pensando que pod?an sacarles alg?n dinero bajo amenazas de secuestro de su hija. La cuesti?n es que el Sr. Refi?afe les acompa?? a sacar dinero despu?s de las diez de la noche, cuando le abordaron al ir a coger su coche en Marbella, pero se dio cuenta de que lo del secuestro de su hija era un ?farol? y les dijo que le acompa?aran a casa, para comprobarlo y les dar?a mucho m?s dinero si era cierto. En el camino se desvi? en la Playa de Cala de Mijas, bajo el pretexto de tener necesidad de coger gasolina e intent? huir, y entonces el tal H?ctor le raj? el cuello. Era despiadado y fr?o y le introdujo en el maletero pretendiendo seguir su plan. Llegar a la casa del Empresario y forzar a la mujer haci?ndola creer que su marido estaba con ellos vivo, por eso urdi? el colocarle al volante como si nada. Pero todo se vino abajo porque cuando iban a subir a la casa, los vigilantes jurados de la compa??a que tiene instalada la alarma se pararon junto a la entrada de la casa y entonces H?ctor se vino abajo y dio orden de suspender todo. Pensando que la polic?a no les relacionar?a con el crimen. Y era mejor pensar en otra cosa y otra casa.
Ester juraba y perjuraba que nunca hubiera dado relaci?n alguna de sus se?ores si hubiera sospechado esto, pero eso era ya cosa del juez. Todos pasaron a disposici?n judicial y se decret? su ingreso en prisi?n sin fianza.
Ya era de madrugada cuando el Inspector Enrique Alonso lleg? a casa de los Se?ores Refi?afe, d?nde las luces permanec?an encendidas. Hab?a avisado previamente y quer?a darles la noticia directamente.
Le esperaban. Entre sollozos la elegante se?ora le dio las gracias por su pronta resoluci?n y los hijos dentro del dolor se les ve?a contentos. Los asesinos de su padre no se ir?an sin castigo. Las leyes en Espa?a son muy permisivas y blandas, pero al menos, los veinte a?os les caer?an a todos y no seguir?an con su mundo de extorsiones y robos.
Cuando llam? a su esposa eran las cinco de la ma?ana, pero no importaba, ella estaba pendiente y se alegr?. Tendr?an una semana de disfrutar juntos, si no surg?a otro caso de asesinato, ?claro!
El domingo siguiente, 7 de mayo, fue un d?a de los que le gustaban al Inspector, jug? con los ni?os hasta el agotamiento en la casa de abuelos, que era un chalet muy amplio de la zona de Mijas. Cuando lleg? la noche y todos estaban acostados, ellos, marido y mujer hicieron el amor como cuando eran reci?n casados, y despu?s durmieron pl?cidamente. A la ma?ana siguiente ?l llevar?a a los ni?os al Colegio con orgullo y luego saldr?a con su mujer de compras, para que se sintiera segura y acompa?ada.
Las bandas de latinos, con ?l, ten?an poco futuro en M?laga.
Publicado por Lanzas @ 22:04  | Misterio
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