Mi?rcoles, 19 de julio de 2006
Cap?tulo V

Imagen
Esa noche Alonso apenas pudo dormir. Ten?a una serie de ideas en la cabeza, y como siempre su intuici?n la consideraba el mismo muy valiosa.
Mar?a, su mujer, le acarici? su pecho y su cara esa noche, como le gustaba hacer y el pas? su mano por sus muslos, pero sin llegar a realizar el acto sexual.
- S? que est?s preocupado- le dice Mar?a- pero seguramente arreglar?s todo en poco tiempo. ?Sabes que pienso? Que dentro de poco ser?s Comisario y tendr?s que salir menos a la calle y tendr?s menos peligros.
- Ya sabes que para eso tendr? que llegar vivo al menos a los cincuenta a?os. Aqu? se asciende muy lentamente. Te voy a hacer yo una pregunta, cari?o: ?Crees que un hombre con muchas preocupaciones es sincero con su mujer y le cuenta todo?
- Creo que si se aman as? debe de ser.

La ma?ana del s?bado, seis de mayo amaneci? con aspecto tormentoso, pero como ocurr?a muchas veces en M?laga, no ser?a m?s que un aviso sin importancia y las nubes se disipar?an por la tarde.
Alonso se despide de sus hijos, y les dice que ma?ana ir? con ellos a pasear y a tomar algunos refrescos, pero hoy s?bado tiene que realizar unas pesquisas urgentes.

Al llegar a la casa del empresario, la mujer de servicio le abre la puerta con aspecto de estar asustada.
-Avise a la se?ora, es imprescindible hacerla algunas preguntas.
A los pocos minutos una mujer elegante, con aspecto de estar muy afectada baja en compa??a de su hijo, al cual ya conoc?a.
- Si?ntese Inspector, y pregunte lo que sea. ?Queremos que encuentre a los asesinos de mi marido! No quiero otra cosa, m?s que justicia.
- Le acompa?o en el sentimiento y no dude de que haremos lo posible e imposible por dar con ellos. Ya s? que hasta el lunes no pueden dar sepultura a su marido, por el problema de las autopsias y s? lo que debe sufrir con todo esto.
- Mire lo de menos es esto, lo importante ya es encontrar a los culpables.
- ?Sabe usted de alguna amenaza o alguna extorsi?n que sufriera su marido?
- Si, me coment? que dos individuos le segu?an en un coche y que lleg? a verles. Ten?an aspecto de hispanoamericanos y yo le dije, que seguramente eran suposiciones suyas. El coche era un Audi S8 o algo as?. El entend?a tanto de coches y yo no s? seguro si era ese el modelo. La matr?cula me dijo que era nueva.
- Perdone Inspector- le interrumpe el hijo, que hasta ahora no hab?a abierto la boca- he podido comprobar que el d?a cuatro de mayo a las diez de la noche se sacaron 2000 euros en dos cuentas distintas con las tarjetas que mi padre llevaba, que ya est?n dadas de baja, porque no han aparecido.
- Ese dato es muy importante, porque ya sabemos que ?l debi? de ser violentado para robarle y me temo que se opuso a seguir extrayendo dinero de los cajeros. Vamos a averiguar de antemano los cajeros. D?me los n?meros de las tarjetas sustra?das.
El hijo se retir? hacia la parte de arriba y mientras el Inspector esperaba ese dato, le pregunta a la desconsolada esposa:
- ?Es de confianza la mujer que les sirve, esta Ester?
- Lleva con nosotros m?s de dos a?os y aunque a?n hay que ense?arla algunas cosas, parece que se desenvuelve con soltura en la casa, pero ya sabe ?nunca se sabe!
- Me va a permitir que la apriete un poco las tuercas, porque en muchos casos a trav?s del servicio dom?stico aparecen las conexiones con bandas de asaltantes.
- C?mo usted vea, yo no intervendr? para nada.
A los pocos minutos aparece el hijo con los datos de las tarjetas solicitadas. Son tres diferentes de otros tres bancos. Era importante saber la situaci?n de los cajeros y con la resoluci?n del juez podr?n averiguar esto el lunes a primera hora.
- Llamen a Ester y d?jenme a solas con ella, por favor y gracias por su atenci?n y reitero mis sentimientos por lo que ocurre- les comenta un Enrique Alonso serio y pensativo.
- De acuerdo, Inspector, y haga su trabajo como usted sabe, seg?n me han comentado algunos amigos de mi marido, que le conocen- dice la se?ora Refi?afe, retir?ndose con su hijo del sal?n d?nde hab?an conversado.
- Espere, un momento, se?ora- le susurra Alonso, mientras se dirige con sigilo a la puerta del sal?n, dando un peque?o rodeo, para no proyectar su silueta sobre los cristales labrados de la misma.
Y al abrirla de pronto, coge a la tal Ester, que permanec?a al lado de la misma, junto a la pared del hall, casi pegada a la puerta.
-Entra, entra, y cu?ntame quienes son tus amigos colombianos- le dice el Inspector, meti?ndola en el sal?n agarrada por el brazo.
- Suelte, su?lteme, que no tiene derecho a violentarme, estaba limpiando las figuras de la entrada.
- Mientes, Ester-dice la se?ora- las limpiaste ayer y no se pasan m?s que cada dos d?as o m?s. ?Qu? significa esto?
- Bueno, ser? la curiosidad de enterarme lo que pasa, ?se?ora, no quiero embarrarla! Tengo mis papeles en regla- se defiende la sirvienta., escap?ndosela ese vocablo colombiano-
- Vamos a ver, Ester, debe contestarme a algunas preguntas, y si no quiero hacerlo aqu?, se le citar? en Comisar?a- le contesta el Inspector.
- Yo no tengo nada que barajar m?s despacio. Le puedo contestar, aunque no soy una mamita linda, ?qu? vaina es esta?
- No emplees tantos dichos colombianos, ?no dicen tus papeles que eres uruguaya?
- Bueno mis abuelos eran colombianos y me criaron ellos, como si fueran mis papa?tos.
La verdad, pensaba Enrique, estos hispanoamericanos hablan muy ?lindo? y te meten una mentira envuelta en unas palabras deliciosas. ?Anda que ?vaina?! ?Quiere decir todo o nada!
- Veamos: ?Tienes amigos que le dan a la coca o son ?mulas? incluso?-le suelta a la nerviosa Ester.
- Si, digo no, bueno, usted me equivoca. Yo no quer?a tratar con ellos, pero me exigen, para que dejen a mis hijos tranquilos all?, que les de informaci?n.
En este punto, y viendo lo que tem?a Alonso, se retira al hall y hace una llamada a Su?rez para que localice al Juez de guardia y le pida una orden de arresto para Ester Benitez, ya que teme que est? implicada en el posible secuestro del asesinado.
Volviendo a entrar en el sal?n, sigue el blando interrogatorio:
- D?me los nombres de sus amigos de inmediato y forma de localizarlos.
- Es que me da miedo dec?rselo, luego se la toman conmigo.
- Pues mejor que no te la tome yo, porque te enchirono si no hablas sin tanta paja.
- Ver?, est?n mis amigos H?ctor Augusto y Leonardo Mariano, bueno los domingos que tengo libres me re?no en el bar latino con algunos m?s para recordar cosas de all?, aunque busco la amistad de un espa?ol para ver si me caso.
- Vaya, vaya, tendr? que esperar en la casa sin poder salir de momento. Tengo que comprobar algunos datos sobre esos personajes.
- No se preocupe no me mover? de aqu? hasta que me lo diga.

Una vez dado por terminado el interrogatorio a Ester, la se?ora Refi?afe y sus hijos entran en el sal?n algo alterados y ?l les explica que ha pedido orden de detenci?n para ella, porque intuye algo raro en ella, va a esperar al oficial que la trae y de todas maneras una pareja de la Polic?a Nacional est?n custodiando la casa y que no se alteren.
- No se alteren m?s, por favor, que ya es demasiado esto que ocurre.
- Pero es que me parece que hemos confiado en una persona peligrosa, seg?n nos dice- comenta Alicia Ugarte, esposa desconsolada del empresario asesinado.
En ese momento, llaman a la puerta. Se trata de Su?rez que trae la orden de detenci?n firmada y viene acompa?ado por Carmen Toledo, polic?a nacional.
- Ester, tiene que venir con nosotros a Comisar?a- le comunica el Inspector a una llorosa sirvienta.
- Espere, espere, yo no he hecho nada.
- Puede, pero tenemos que tomarla declaraci?n sobre los amigos que dice les da informaci?n- y a continuaci?n le lee sus derechos despu?s de ense?arle la orden.
La agente Toledo la introduce en el coche patrulla y los cuatro se dirigen a la Comisar?a.
Ya en ella r?pidamente comienza el interrogatorio en serio.
- D?game el nombre de los colombianos a los que da informaci?n y qu? clase de informaci?n les da, si no quiere que la llevamos al Juez para su encarcelamiento.
- Son los que le dije H?ctor Augusto y C?sar Leonardo- le dice
- Tengo anotado Leonardo Mariano-le interrumpe el oficial.
- Si, si es que C?sar es otro.
- Y bien: ?Sobre lo que informa?-dice el Inspector Alonso.
- Sobre cuando sale de casa el Se?or, me dec?an que no era para nada malo, s?lo para pedirle ayuda para comprar unos coches.
Enrique sale de inmediato de la sala de interrogatorios y se dirige a su despacho, para poner en el ordenador la orden de captura de los colombianos y la descripci?n del coche. Vuelve a la sala de interrogatorios y le dice a Su?rez:
- Sigue t?, que voy a montar un dispositivo de vigilancia en el Bar Cuba de Juan Sebasti?n Elcano, pero primero interv?n el m?vil a esta mujer y veamos lo que tiene.
- De acuerdo, Enrique, voy a hacerlo de inmediato.
Publicado por Lanzas @ 19:51  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios