Viernes, 07 de julio de 2006
MI OTRO HIJO

Imagen
Me traslado de casa. En este momento saco las prendas que guardo en uno de los cajones de mi comod?n. Pa?uelos de seda, medias, mejor dicho, ?pantys?, mis camisones, y de pronto mis dedos chocan con algo m?s duro que mis delicadas telas. Lo tomo en mis manos. Es un cuaderno, al que le falta la ?ltima pasta. Leo en la de delante:
?Diario. Secreto?. Y debajo el nombre de mi hijo mayor.
Me quedo muy sorprendida: ?C?mo demonios ha ido a parar dicho cuaderno al caj?n de mi ropa interior?
Lo abro lentamente. Siempre he tenido un pudor especial para invadir la intimidad de los dem?s. Comienzo a leer lo que mi hijo ha escrito en varios a?os de su vida. Siento algo de verg?enza al hacerlo pero necesito saber qu? sent?a, qu? pensaba en sus a?os de adolescencia. Siempre fue muy reservado y no he llegado a conocer su alma de verdad. Ahora que ya no est? conmigo, s? que jam?s conocer? su interior.
Leo. Habla poco de su infancia, de sus compa?eros de escuela y m?s tarde de Instituto. Voy pasando las hojas asombrada de enterarme de que el ni?o que yo hab?a concebido con tanto amor no menciona a sus padres con afecto en ninguna p?gina.
Leo: quiero que me compren una botas ?Converse?, una bici de monta?a, un ordenador, una moto, quiero ir a la ?Expo? ?etc, etc.
Se lamenta que en alguna ocasi?n no se le ha dado el dinero que ped?a. Se reconoce a s? mismo lento y poco trabajador y escribe irritado porque su padre le ha llamado la atenci?n por ello.
A medida que voy leyendo este cuaderno me voy sintiendo ante un desconocido. Porque ?D?nde han quedado todos lo valores que le fui inculcando con mi ejemplo a lo largo de su vida conmigo? Una descarga de adrenalina recorre mi cuerpo ante la frustraci?n que siento al comprobar que en mi hijo mayor, la estrella de mi vida, mi ?Norte?, no ha calado ninguno. Pasada la agitaci?n me invade un profundo deseo de llorar. Releo. No, no, en p?gina alguna del viejo cuaderno he visto una frase que me hiciese entender que el adolescente al que he querido m?s que la ?ni?a? de mis ojos sintiera un poco de cari?o por m?.
No entiendo nada. ?No se dice que se recoge lo que se siembra? ?Qu? he debido de sembrar yo?
Sigo leyendo y ya no me cabe la menor duda que el materialismo de mi hijo es de un grado superlativo. Y, sobre todo, que no ha sabido valorar todo lo que se le ha dado. Todo, absolutamente todo lo que estuvo al alcance de nuestra mano y adem?s dado con mucho amor.
?l es ahora un ingeniero, no s? cu?les ser?n sus sentimientos hacia sus padres y si su escala de valores habr? cambiado. Espero que s? por su bien.

Dejo profundamente apenada el cuaderno encima del mueble y veo en el fondo del caj?n una serie de revistas y cartas de la ?Fundaci?n Intervida? con la cual colaboro desde hace largos a?os.
Tengo amadrinado un ni?o, Minor, se llama. He colaborado para que este ni?o no tenga que trabajar desde peque?o y pueda asistir a la escuela. Tengo su foto en un marco encima de una balda de mi mueble del sal?n. Es muy moreno, con sus cabellos tiesos y su sonrisa forzada. Su ?nyky? le queda demasiado grande. Hace ocho a?os que voy pagando un dinero que para m? no es demasiado pero para ellos es mucho, seg?n me dicen las personas encargadas de la Fundaci?n del pa?s sudamericano donde vive Minor.
Mi ahijado ser? ya un hombrecito y me siento contenta de que alguien gracias a m? haya podido estudiar o al menos tener una infancia de ni?o. Yo le he escrito en varias ocasiones y he sido respondida con mucho cari?o. Esto compensa en este momento mi profunda decepci?n, la que he sentido al leer el diario de mi hijo, (creo que por esto no se deben leer los diarios).
Me dijeron por carta que pod?a visitarle, si as? lo deseaba. Pero mi fobia a volar me lo ha impedido. Me hubiera gustado conocerle en persona, ver en qu? ambiente se desenvolv?a su vida, qu? hab?a hecho yo por mejorarla. Le dije en una carta: ?Me gustar?a conocerte pero tengo miedo al avi?n, cari?o, as? que me conformar? con verte en foto?.
Me voy sintiendo mejor, reconfortada con estos recuerdos. ?Mi vida no ha sido en vano?- pienso sentada en los pies de mi cama.
Sigo recogiendo mis pertenencias cuando oigo que llaman a la puerta. Bajo corriendo las escaleras gritando:
-Ya voy, ya voy.
Abro la puerta y veo en el umbral un joven muy moreno de blanqu?simos dientes que me sonr?e con ternura.
-Hola, madrina. A m? no me da miedo volar.
Publicado por mariangeles512 @ 23:16
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios