Lunes, 03 de julio de 2006
La muerte acecha en los aparcamientos

Imagen
Capítulo III


De vuelta a la Comisaría, el Inspector Alonso va pensando sobre lo que ha conseguido hasta ahora.¡Es muy poco! Realmente no encontraba pistas por dónde empezar las investigaciones. Ya en su despacho traza el siguiente plan: Contactar con Marbella para que vigilen a las bandas sospechosas de secuestrar empresarios, requerir el informe forense con celeridad y analizar los documentos y todo lo que contiene el coche donde apareció el cadáver.
Desde Marbella el Inspector Ruperez, al que conoce desde su destino allí, le informa de que tienen varias bandas de sudamericanos, marroquíes y cree que hasta mafiosos americanos que andan por Marbella como “pedro por su casa”, pero ha dado orden de seguir con cautela a unos individuos que tienen alquilado un chalet de lujo y su pinta no es la de grandes empresarios.
La autopsia rebela que el empresario había sido asesinado con arma blanca, de corte certero en el cuello y que la gran hemorragia que provocó intentó ser cortada con presión sobre la aorta, pero además había estado en el maletero como una hora y después trasladado al asiento del conductor, con lo cual la sangre era de dos momentos diferentes y además se pudo descubrir que había sangre de dos personas, con lo cual se podía deducir que alguno de los asaltantes estaba herido.
Los documentos encontrados corresponden a informes sobre coches de gran lujo, como Mercedes, Audi e incluso una Limousine y en uno de ellos se ha encontrado una lista de posibles compradores en Marbella y en Ronda.
Enseguida Alonso llama por el teléfono interior a Suárez:
- Suárez venga enseguida que tenemos trabajo urgente.
- Voy Enrique, voy de inmediato.
Una vez juntos, Enrique Alonso le propone a su oficial de confianza lo siguiente.
-Mire, vamos a almorzar en Marbella, para esta misma tarde hablar directamente con las personas que presumo vieron con vida, antes que los asesinos, al señor Refiñafe, a partir de ahí intentaré ver quienes son esos de la banda de Marbella.
- De acuerdo, espere que aviso a mi mujer, que está siempre preocupada.
¡Qué mujer no va estar preocupada si lo es de un policía!-pensó Alonso-la suya sin ir más lejos ponía velas por toda la casa a la Virgen del Pilar, que para ella, ya que se conocieron siendo guardia civil, era la patrona de ellos y nunca le había dado la espalda.
Sabía que en momentos de investigaciones largas debía ir a casa de sus padres con los cuatro niños, que tenían de diez años, Ricardo, en memoria de su abuelo paterno, ocho, Julia, por su abuela materna y José Antonio de cuatro años, para que Enrique tuviera todo el tiempo para pensar sobre los casos. Ella lo tenía asumido sin problemas y después de resuelto el caso que fuera, siempre gozaba de unos días libres que dedicaba íntegramente a su familia. Los niños adoraban a su padre y sobre todo Ricardo y ahora ya José Antonio estaban deseando jugar más con él que con sus amiguitos del Colegio. A Ricardo le encantaban los juegos del ordenador, pero disfrutaba más con su padre en la playa con una pelota de goma o nadando a ver quien llegaba antes a una boya.
La libreta encontrada en el coche tenía anotaciones de direcciones de clientes en Marbella, además de otros lugares de la provincia, incluida Málaga ciudad. Irían a visitar a esas personas para ver que decían.
Ese viernes de primavera, el tiempo estaba un poco revuelto y la nubosidad del Estrecho llegaba por la zona de Marbella. No había más que el tráfico normal de las idas y venidas de coches por la Costa del Sol. Alonso solía comentar: Si se pusieran de acuerdo los que trabajan en Málaga con los que trabajan en Marbella, las autovías permanecerían casi vacías: Ahora la de peaje era una buena vía si se querían evitar los atascos. Como las dietas daban para ello la tomaron desde Fuengirola-Mijas, para llegar enseguida.
A pesar del continuo escándalo que se cernía sobre el Ayuntamiento, la vida en Marbella seguía su ritmo, pero se preguntaban muchos:¿Esto acabará como hace unos quince años, que estaban dejando hundir a la ciudad? Veremos. De inmediato fueron
a la comisaría de Marbella y allí les informan de que al menos una banda de “moros” está extorsionando a empresarios a los cuales sorprenden bajo amenazas diversas para que les den dinero en efectivo de los cajeros, al presionarles con datos de su familia y están detrás de ellos desde febrero, pero no acaban de encontrar a los cabecillas.
Ya advertidos los de Marbella de que es preciso dar con ellos, dejan de momento la investigación para ir a almorzar a casa Mena, en la misma plaza de Los Naranjos, donde se encuentra el Ayuntamiento y así veían el ir y venir de turistas primaverales.
-Esto no me gusta Suárez-comenta el Inspector-las bandas incontroladas se van haciendo cada vez más numerosas y por más que detenemos a algunos de sus integrantes siguen creciendo. Esta España se está convirtiendo en un campo de mafiosos de todas las naciones. Mira, ni me gusta lo de la permeabilidad de la unión Europea, ni el descontrol inmigratorio que padecemos.
- Eso digo yo-contesta el oficial- por donde vamos es al imperio de los sinley que acabarán con la justicia y por supuesto con la policía.
- Bueno no exageres, que aún les cogemos. Lo malo será cuando los jueces se dejen sobornar. De momento les tenemos con oficio.
- Anda acaba con la fritura de pescado que nos vamos a Puerto Banús a ver a esos compradores.
En la calle Ramón Areces tenían las direcciones de tres de ellos por suerte. Como era la hora de la siesta esperaba encontrarlos en casita tan tranquilos. Al primero lo abordaron saliendo de nuevo hacia el trabajo. Era Ramón Pérez que era constructor y al identificarse los policías casi se desmaya, pensando que le implicaban en la trama del Ayuntamiento.
- No, Don Ramón, no se preocupe, investigamos la muerte del Sr. Refiñafe que tenemos entendido que usted le iba a comprar un coche.
- Ah si es cierto. Esta mañana he quedado impresionado de lo acontecido al leer la prensa. Le tenía encargado un Mercedes de importación un modelo 220 Diesel clasic. Él tenía muy buena mano para esto.
- ¿A que hora le vio ayer?-indaga el inspector- No es más que para intentar fijar la hora en que fue asaltado.
- Ya, serían las seis de la tarde. Y creo que aún tenía otros clientes apalabrados, porque me comentó que llegaría, como siempre tarde a casa.
- ¿Recuerda que le pareciera que le preocupaba algo o estaba nervioso?
- Pues me comentó que hacía días se sentía seguido por algún coche desde Málaga a Marbella, y que incluso lo iba a poner en conocimiento de la policía.
Esto daba un giro muy importante a la investigación, pues era la primera noticia sobre el tema.


Publicado por Lanzas @ 20:15  | Misterio
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios