Domingo, 25 de junio de 2006
?D?NDE EST?S?

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Llegaba algo tarde a su trabajo. Encontr? lugar para estacionar su coche entre un mont?n de veh?culos que cubr?an toda la zona de aparcamiento.
Al principio, cuando comenz? a trabajar en esa zona hab?a siempre lugar, pero hab?an fabricado cantidad de viviendas que l?gicamente hab?an a?adido un gran n?mero de coches en esa calle.
Ech? el freno de mano, se quit? el cintur?n y sali? a toda prisa. De pronto sus ojos fueron atra?dos por algo inusual en aquella calle: un perro echado en el asfalto, con su pelo descolorido, sin brillo, viejo, clavaba sus a?n hermosos ojos en ella.
En un rel?mpago comprendi?. Hab?a sido abandonado; seguro que tendr?a hambre de d?as. Quiz? se hab?a echado para morir
No lo pens? un instante, con sus altos tacones corri? a una tienda de comestibles que hab?a en la esquina de la calle y pregunt? por comida para perros. La tendera le se?al? un estante con los cereales y ella cogi? una bolsa pag? y volvi? al lugar donde estaba su coche y el animal.
Segu?a tendido, con la mirada ausente ahora. La mujer sinti? una piedad por el animal que ella misma consider? excesiva pero le?a en sus ojos el abandono, y esto era algo que ella no pod?a soportar. No, no pod?a.
Mir? en rededor y vio charcos residuales del riego ma?anero. Agua ten?a. A continuaci?n y con disimulo esparci? el contenido de la bolsa a lo largo de su coche, algo debajo de ?l, no fuera que le llamasen la atenci?n por manchar el aparcamiento.
Ech? el envase vac?o en el suelo del veh?culo y sali? medio corriendo hacia su trabajo. Sus tobillos rogaban porque su due?a no se torciera un pie y quedaran maltrechos.
Lleg? con el coraz?n algo acelerado pero con una sensaci?n de paz interior que le hizo sentirse bien.
Realiz? su trabajo contenta, nada raro, ella casi siempre estaba de buen humor. Llegaron las dos de la tarde y sali? de su trabajo. Lleg? con rapidez al lugar donde aparc? su autom?vil y vio con alegr?a que no quedaba ni una miga de cereal .El animal tampoco estaba ya por all?.
?Bien! Por este d?a hab?a comido.
Pas? el resto del d?a ocupada en las mil cosas que se tra?a entre manos.
A la ma?ana siguiente cuando lleg? a la calle donde estacionaba su coche vio de nuevo al animal abandonado. Estaba en pie y parec?a que en sus hermosos ojos color miel hab?a menos desolaci?n. Le dio la impresi?n que la estaba esperando.
A pesar de sus prisas tuvo la idea de coger cereales de su perro y echarlos en una bolsa de pl?stico por si acaso encontraba al otro abandonado. Al verle y seg?n bajaba del autom?vil fue regando con alimento el duro suelo del aparcamiento, siempre semioculto bajo el coche. Ella que llamaba la atenci?n a un ni?o que tirase un papel al suelo se ve?a ahora surcando de cereales el suelo de la calle. ?Menos mal que a aquella hora no la ve?a nadie!
No se atrevi? a acercarse al perro y acariciar su ralo y descuidado pelaje. Ten?a algo de miedo. Pudiera ser que temiera ser maltratado y la atacara.
Camin?, hoy m?s lentamente, hacia su trabajo satisfecha de que a?n pudiera ayudar a un ser vivo. A esas alturas de su vida se hab?a dado cuenta de que era lo ?nico importante.
Pasaron unos d?as en que esta escena se repetir?a. La mujer fue encontrando en los ojos del animal un brillo distinto del primer d?a. Siempre le hab?an fascinado los ojos de los perros. En una ocasi?n tuvo un pastor alem?n al que quiso mucho cuyos ojos le recordaban a los su madre. Se dec?a: ?debo estar chiflada?.

Una tarde en que sal?a del trabajo se encontraba algo mareada. Se detuvo, respir? profundamente y sigui? hasta donde se encontraba su veh?culo. Antes de llegar al lugar la noche toc? sus ojos y lentamente cay? al suelo golpe?ndose la cabeza con un bordillo de m?rmol que daba entrada a un edificio.
Cuando abri? sus ojos se vio en una impoluta habitaci?n que supo al momento que ser?a de una cl?nica.
Vio a una enfermera ocupada en tomar sus constantes vitales y le pregunt?:
-?Qu? me ha pasado? ?C?mo he llegado hasta aqu??
-Le han tra?do unos polic?as que la encontraron tendida en el suelo- respondi? la mujer siguiendo con su tarea.
-Est?n ah? afuera, en el pasillo, esperando que recobrara la el conocimiento para hacerle unas preguntas.
La mujer encamada no recordaba qu? le hab?a sucedido.
-Por favor, d?gales que pueden pasar; ya puedo contestar lo que deseen.
-Bien, ahora mismo les aviso.
Sali? la asistente t?cnica y entraron dos hombres. Fornidos y de aspecto afable. Uno de ellos, con una libreta en la mano.
-Buenas tardes. ?C?mo se encuentra?
-Bueno, creo que ya estoy bien. Un poco de dolor de cabeza y mareo, pero nada m?s.
-?Recuerda qu? le pas?? ?Acaso fue atacada por alguien?
-No, no recuerdo bien, pero creo que no fui atacada. Pero??C?mo me encontraron ustedes? No suelen pasar patrullas por esa calle- dijo la enferma con cierta ansiedad.
-No, es cierto, no solemos hacer esa ronda. Pasamos por la calle perpendicular a la que usted estaba.
-Entonces ?C?mo es que me encontraron? ?Alguien les avis??
-Bueno, en cierta manera, s?. Pero no fue alguien ?respondi? el polic?a m?s alto con una media sonrisa.
-?C?mo?- pregunt? con curiosidad.
-Ver?. Vimos a un perro, ya viejo, que segu?a al coche ladrando con esos aullidos que a m? no me gustan nada, pues dec?a mi madre que presagian muerte. Aceleramos a ver si le dej?bamos atr?s pero el animal corri? m?s veloz. Nos extra?? ver a un perro suelto por esas calles y, sobretodo, el que no dejaba de seguirnos. As? pues, nos detuvimos y esperamos a ver qu? pasaba. Observamos que hac?a movimientos con su cabeza y cuerpo como para darnos a entender algo. Sabemos de la val?a de estos perros y decidimos seguirle nosotros a ?l. Y nos llev? a la calle y el lugar donde usted estaba tirada. Mientras est?bamos atendi?ndola a usted, el animal desapareci?.
Al o?r la explicaci?n del agente la mujer fue sintiendo un profundo nudo en la garganta que le imped?a articular palabra. Ahora entend?a todo. El animal al que hab?a alimentado unos pocos d?as la pagaba con ese su acto de inteligencia y gratitud.
L?grimas de un sentimiento dif?cilmente explicable se deslizaron por las sienes de la mujer.
-Entonces ?no va a poner denuncia alguna?- pregunt? el agente que hab?a permanecido en silencio.
-?Denuncia?- exclam? como para s? la mujer.
-No. Ninguna denuncia. Muchas gracias por haberme ayudado.
-Bien, entonces nos retiramos. Que se mejore lo m?s pronto posible.
Y salieron.
La bienhechora fue dada de alta un d?a despu?s y estaba deseosa de volver al trabajo, encontrarse con su nuevo amigo y acariciarle su pelaje tan descuidado. Darle las gracias de esta forma por su ayuda.
Lleg? antes de la hora para tener tiempo de lo que pensaba hacer. Mientras aparcaba miraba en todas las direcciones pero no ve?a al animal. Un profundo malestar se aposent? en su interior.
?Qu? le habr?a pasado? ?Le habr?an cogido los de la perrera? o,?habr?a muerto de inanici?n? Bueno, s?lo habr?a estado tres d?as sin comer, eso en el caso de que no hubiera encontrado nada por ah?. Se decidi? que seguramente habr?a sido la perrera la que se lo hab?a llevado. Alguien habr?a denunciado un perro abandonado y eso es lo que hac?an.
Cuando saliera del trabajo se acercar?a a la dichosa perrera y preguntar?a por los perros llegados en los ?ltimos tres d?as. S?, all? lo encontrar?a y lo sacar?a y se lo llevar?a a su casa junto al suyo que disfrutaba de una vida estupenda. No pod?a permitir que acabara sus d?as en la calle. No, ese animal se merec?a otro final.
Llegada la hora de salida enfil? su marcha hacia el lugar donde le hab?an indicado y baj? apresuradamente.
Vio cantidad de jaulas con animales dentro que miraban de una manera que la mujer no pod?a soportar.
Pregunt?:
-Oiga, por favor, ?podr?a decirme d?nde est?n los perros que han tra?do en los ?ltimos tres d?as?
El empleado se rasc? la calva cabeza y haciendo como que pensaba replic?:
-Pues, en los ?ltimos d?as han entrado dos perros, Venga por aqu?, se?ora.
Sigui? al hombre por un pasillo con la cabeza gacha, no quer?a ver a ning?n otro animal. Su sensibilidad no se lo permit?a.
-?Mire!, ?stos son los que nos han tra?do.
La mujer levant? los ojos hacia los animales y con horror vio que ninguno era el que buscaba. Le pareci? mentira pero sinti? una desolaci?n total. Quiso recomponerse pero no pudo y rompi? a llorar.
El hombre le mir? con extra?eza y dijo:
-Era suyo, ?verdad? Deb?a de quererlo mucho. Con el tiempo se les toma mucho cari?o.
-?Est? seguro que estos son los ?nicos animales que han tra?do?- insisti?.
-S?, seguro. Esta jaula estaba vac?a y es la que hemos ocupado con estos perros. Lo siento, pero los otros animales llevan mucho m?s tiempo.
-Bien, perdone. Adi?s.
-De nada, se?ora, de nada- dijo el vigilante mir?ndola con cierta curiosidad.

Pasaron los d?as. Cada ma?ana la mujer esperaba con impaciencia llegar a la calle donde dejaba su coche esperando ver al animal que se hab?a adue?ado de sus sentimientos, pero fue en vano. No volvi? a verlo m?s Los cereales que llevaba en la bolsa tuvo que echarlos al recipiente donde com?a su perro. Ya no necesitar?a llevar m?s alimento a su viejo desconocido.

(En reconocimiento de la val?a de estos animales que en esta ?poca estival son, muchos, abandonados por sus due?os, por no poder llevarles de vacaciones con ellos.)

?ELLOS NUNCA LO HAR?AN!
Publicado por mariangeles512 @ 20:47  | Costumbres
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