Lunes, 01 de mayo de 2006
El suelo mojado, el cielo gris reflej?ndose en ?l, cual horrible espejo.
Imagen

El coche f?nebre rodaba despacio, muy despacio camino del ?ltimo hogar. Finas gotas de lluvia ca?an
Sobre el autom?vil desliz?ndose por los cristales cual l?grimas por la soledad de la mujer que era llevada a su ?ltima morada.
Iba sola. Nadie acompa?aba al coche. S?lo cuatro gatos, dos negros, uno de ellos tuerto y dos hembras, una ya muy viejecita que el ama hab?a recogido como a todos los dem?s hac?a muchos a?os.
Esta mujer s? que ten?a familia y muy cercana. Hab?a tenido cuatro hijos, le quedaban, tres, pero ?stos la hab?an olvidado en el transcurso de su vida.
Nunca hab?a llegado a saber del todo el porqu? de este alejamiento tan dram?tico.
Su vida la hab?a cimentado en su cuidado y educaci?n y en el amor que sent?a por ellos m?s all? de lo imaginable. Siempre pens? que si se hubiera dado el caso de tener que dar su vida por alguno de los hijos no lo habr?a dudado un instante, pero las cosas se hab?an torcido de manera tal que ahora, cuando nada sent?a, nadie la acompa?aba, aunque esto carec?a de importancia ya que ella no lo viv?a.
Hab?a tenido tiempo de percatarse de que sus hijos ya no la quer?an, si es que alguna vez la hab?an amado, y hab?a pedido en sus ?ltimas horas, que cuando se fuera, s?lo sus amados gatos y el fiel perro que la acompa?aron en sus largos d?as de soledad fuesen los que acompa?aran el coche en el que ella fuera conducida.
Cuando el coche lleg? al Camposanto, uno de los vigilantes detuvo el paso de los animales al interior. No estaban permitidos los animales en aquel lugar.
Los cinco quedaron a pegados a las puertas de hierro mirando con sus enigm?ticos ojos aquel distanciamiento de su querida ama.
La ceremonia religiosa se llev? a cabo en pocos minutos; se llev? a la mujer al hueco donde reposar?a para toda la Eternidad y se procedi? a taparlo con una losa de m?rmol.
El sacerdote pronunci? un breve responso de adi?s y las escasas personas que all? se hab?an reunido se diluyeron en la tarde.
Alg?n alma caritativa hab?a depositado sobre la h?meda l?pida un hermoso ramo de flores blancas. Las gotas de lluvia ca?an sobre ellas pareciendo que tambi?n l?grimas de dolor nacieran de sus p?talos.
La noche cay? sobre toda la ciudad. El silencio se apoder? del campo Santo.

A la ma?ana siguiente, un sol esplendoroso acariciaba todo aquello en que se posaban sus rayos. Los cuidadores del aquel lugar de descanso pasaron al lado de la tumba de la mujer que dorm?a all? desde la noche anterior. Quedaron at?nitos: Un hermoso perro de dorado pelaje color miel, dos gatos negros, una gata persa y una gata preciosa de pelaje entre gris y blanco yac?an dormidos alrededor de la tumba de su ama como si la custodiaran. El vigilante se acerc? para ahuyentar a los animales pero ninguno se movi?.
Se acerc? un poco m?s y fue cuando se percat? de que todos los animales estaban muertos.
Hab?an decidido acompa?ar a su querida ama tambi?n en el M?s All?..

Publicado por mariangeles512 @ 20:02  | Amor
Comentarios (0)  | Enviar