Viernes, 24 de marzo de 2006
Muerte al atardecer( Capítulo I)

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El inspector Morris había tenido un día horrible. Su mujer le había dejado, cansada de no verle apenas, durante días; los hijos se fueron con su madre y además el Comisario le había advertido que no usara el arma con tanta alegría, que desde la prensa le tenían achicharrado con tantas críticas. Y para colmar el vaso le llamaron a las dos de la madrugada para que viera el nuevo cadáver apuñalado que estaba sobre la orilla del río.
Allí vio el cadáver de la mujer, una joven de unos veinticinco años, rubia, muy guapa y bien formada, que presentaba dos cortes de arma blanca, uno sobre su pecho izquierdo que le llegaba, presumiblemente hasta el corazón y otro en el cuello a la altura de la carótida. Había sangrado mucho y ¿cómo no? No tenía ningún bolso ni papel que la identificara. Sería imprescindible la autopsia.
En el lugar donde apareció el cadáver no había signos de huellas recientes de coches y en la orilla del río tampoco. No había sido arrojada al agua. Las ropas de la joven, impregnadas de sangre, no habían sido revueltas y su ropa interior estaba intacta. La cosa se ponía difícil. Con agresión sexual todo es más fácil.
- Bueno, sargento Ventura, ya estamos con otro caso que no sé si resolveremos, siempre me los pasan a mí- comento con el paciente Ventura- mire a ver si encuentra algo.
- Si señor, voy a ver- respondió disimulando un bostezo.
- No se duerma, que esta víctima hace la diecisiete en el ultimo mes.
El sargento Ventura encontró algo: Un botón que no pertenecía a la victima y era como de goma o algo así. Grande de color azul y que estaba al borde de la mano derecha de la víctima casi cubierto por la sangre. Lo recogió y lo metió en un bolsita de plástico.
- Al laboratorio con este botón- le comunica al ayudante.
Morris no pudo dormir el resto de la noche. Pensaba como otra joven en la flor de la vida había sido asesinada y no tenía apenas pistas para llegar a atrapar al asesino, cosa que por otra parte no serviría para devolver la vida a la víctima.
A la mañana siguiente el doctor Perry, el médico forense de guardia, le tiene preparado el informe, que básicamente decía así:
“Joven blanca de unos 25 años, rubia, bien vestida y muerta a eso de las cinco de la tarde por corte mortal en la carótida y puñalada posterior en el corazón. El corte en el cuello ha sido hecho por detrás de la victima y del pecho por delante. Había mantenido relaciones sexuales, parece que sin violencia hacía unas horas antes y se guarda muestra para ADN del semen extraído.
No muestra signos de defensa por lo certero de la primera puñalada.”
Sobre el botón encontrado:
“Botón de goma del tipo de bote zodiac. Que se utiliza para sujetar uno de los cordones sobre la borda. La sangre encontrada es de la víctima”
-Curioso-pensó el inspector Morris- estuvo en una zodiac, y seguramente la sacaron de ella ya muerta y la dejaron sobre la orilla, pero no la arrojaron al río. Y habrá que encontrar, si alguien la reclama quien era su novio o marido o amante.
Esa misma tarde, los padres de la mujer aparecieron consternados en la Morgue a reconocer el cadáver de su hija. Se trataba de Clara Lemos, joven que se dedicaba a modelo y tenía por novio a un tal Clif Flanagan, que poseía un yate de recreo y que esa misma tarde había invitado a Clara a pasear por el río en él.
- Las cosas se aclaran, sargento-comenta a Ventura al llamarle para entrevistar al tal Clif- seguro que es el asesino.
- Venga, vamos a interrogarle- responde el solícito sargento.
Rápidamente acuden a Bernard street, donde tiene un apartamento el Sr. Flanagan en el número 105, planta 10A.
Este les estaba esperando:
- Pasen, les estaba esperando, desde que leí esta mañana lo de Clara- les dijo al identificarse los policas.
- Sr Flanagan, ¿sabe que pasó con Clara, ayer por la tarde?-pregunta Morris.
- Voy a contarles todo desde el principio: Ayer salimos a pasear por el gran río a eso de las cuatro de la tarde y cuando llevábamos una hora o así se encaprichó con irse sola en la zodiac. No me extrañó porque lo hace muchas veces y al no volver, tampoco me extrañó porque suele ir hasta el embarcadero de la orilla oeste y quedarse hasta tarde tomando algo de cenar con sus amigos del café Explendor.
- Si, lo conozco, y ¿ya no volvió ni ella ni supo más de la zodiac?-indaga el inspector.
- Nada hasta esta mañana que leí el periódico- contesta un poco molesto el Sr. Flanagan.
- ¿Puede decirnos donde estuvo usted el resto del día?- pregunta Morris, mientras el sargento toma notas a toda prisa.
- Bien, al ver que no venía me fui a buscarla, pero estuvo conmigo todo el tiempo Mickey y Starky que son los pilotos del yate. Ellos pueden atestiguarlo- casi grita Flanagan.
- Bien esté a nuestra disposición y no abandone la ciudad- se despide Morris.
Al llegar al gran café Explendor un acompañamiento musical le hizo pensar sobre un detalle que se le había pasado antes:- Si había ido en la zodiac hasta el café, evidentemente alguien la cogió para llevarla hasta la orilla opuesta una vez muerta, porque el botón era la clave. Si el botón no hubiera estado junto al cadáver, esto hubiera sido de otra forma. La clave estaba en encontrar la endemoniada zodiac. Y otra cosa:
¿ En una zodiac se va con ropa de calle?
En el café dos bármanes confirmaron su estancia allí por un rato breve y la salida del mismo en compañía de un hombre que no acertaban a describir.
Continuará…

....


Publicado por interazul @ 19:25
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 27 de abril de 2006 | 0:20
Interazul: Le? tu cuento Muerte al atardecer, y me dejaste en suspenso. Te podr?a decir que el asesino es clif Flanagan, pero ser?a demasiado f?cil, me imagino que tienes un as escondido bajo la manga. Espro leer el final. B. Miosi
Publicado por interazul
Mi?rcoles, 03 de mayo de 2006 | 17:07
Bueno estimada amiga, ya he publicado el final en el blog, lo que ocurre es que al ver la poca audiencia que ten?a en foros literarios deje de publicarlo alli, pero si d? la rese?a de d?nde se pod?a leer todo, es decir en este blog.