S?bado, 18 de marzo de 2006
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LAS HUELLAS





Estaba tan mal, tan desesperada, que creí que me convendría ir por unos días a mi playa favorita.
No tenía ganas de conducir y tomé un autobús de línea para llegar hasta allí.
En realidad no sabía si aquella solitaria excursión me haría bien, o si por el contrario regresaría peor aún.
Me instalé en el hotel en el que ya había parado varias veces que está situado en la playa. Me puse una ropa más cómoda y salí a caminar. El viento húmedo me acarició la cara y la tensión disminuyó.

Vi que negros nubarrones presagiaban lluvia. El mar, mi amado océano estaba magnífico, como siempre, aunque en esta tarde parecía con un color grisáceo que compartiera mi dolor, mi soledad, mi abandono.
La playa, desierta, “como mi alma” - pensé - presentaba ese aspecto tan bello, admirado por mí: suave, lisa, amarilla, con huellas de algún caminante que me había precedido.
Tuve la impresión de ser como aquella arena: pisada, arrastrada por el mar una y otra vez de adentro hacia fuera, golpeada contra los acantilados arrastrada por las olas, indiferente a los demás, excepto cuando alguien encontraba una extraña y bonita concha y se inclinaba para recogerla; entonces, sí, la miraban, se daban cuenta. Estaba ahí siempre para hacer el paso más suave a todos los que la pisaran.

Comenzó a caer una fina lluvia mientras yo caminaba al lado del agua oyendo sólo el rumor de las olas y del viento. En ese momento sentí que el dios de la lluvia lloraba por mí y ese pensamiento hizo que mis lágrimas se mezclaran con las gotas de agua que resbalaban por mi rostro.

Me sentía abandonada por todos a los que más había amado y no sabía enfrentar mi vida sin esos afectos .Una especie de rabia anidaba en mi corazón, rabia por la impotencia de no haber podido recoger la cosecha que había sembrado
.
Me volví sobre mis pasos. Hacia el Oeste el cielo estaba despejado y un sol declinante se bañaba en el océano para morir en él; pero su ocaso era magnífico: rojo, rodeado de halos con tonalidades de múltiples y bellos colores: rosa, violeta, oro…Mi emoción ante esa imagen fue total. Y le grité al sol, le grité todo lo alto que pude con mi enronquecida garganta:
-¡Sol!, ¿te has dado cuenta de tu belleza cuando mueres? ¡Dime! ¿No te importa que esa maravilla no sea percibida por ti y las nubes que te rodean? ¿Para qué sirve tanta belleza? ¿Es tan absurda como todo lo demás? ¿Sabes? No puedo soportarlo, no puedo. Tenías que saberlo.
Me detuve agotada por el esfuerzo, el rostro y cabellos mojados, extrañada conmigo misma, cuando una ráfaga de viento oía que me hablaba:
-“¡Hola! Soy Eolo. ¡Mira! Ellos no necesitan la aprobación ni el cariño de los demás para saber lo que valen y para ser felices. Existen sólo por ellos. Tú deberías hacer lo mismo. Mira dentro de ti: ¡eres tan bella!, ¿qué pueden importarte los afectos de los que no te aman? ¡Vive para ti! Dentro de tu maravillosa alma está lo que buscas desesperadamente: la felicidad.
Los demás son necesarios, pero no importa que no estén ahí para que seas feliz”

Estaba asombrada. Tenía la impresión que me había dormido y soñado.
El cansancio de tantas noches ausentes de sueño me jugaba una mala pasada.

Continué mi caminar hacia el Este; mis pies dejaban en la suave arena mis huellas.
Las olas bañaban mi camino no muy recto y me parecía que mi ensimismamiento no había terminado: al mismo tiempo que las olas se acercaban a la arena oía:
- ¡Mira tus huellas! ¡Mira tus huellas!
Miré en rededor; la soledad era absoluta y tuve miedo, miedo de volverme loca.
Las olas seguían hablando:
-¡Mira tus huellas! ¡Mira tus huellas!
Giré mi rostro hacia mis huellas; no existían, el mar se las había llevado.
Miré hacia adelante y comprendí.
Mi pasado, mi forma de concebir la vida se había extinguido. Mi futuro: las huellas aún por dejar en la arena. Sería mío, sólo mío. Las expectativas de felicidad las buscaría dentro de mí.
De repente me sentí mejor. Miré hacia el Oeste donde aún el astro rey no se había decidido a morir y al mirar su belleza, haciendo visera con mis manos, tuve la sensación de que me sonreía.


Publicado por mariangeles512 @ 13:50
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