Martes, 14 de marzo de 2006
Fren?tico desencuentro


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La llamada que recib? ese cuatro de marzo fue para m? inquietante y ya imborrable de mi mente.
S?lo dos frases: ?Te acuerdas de Mar?a Jes?s? Soy yo. Y colg?.
Al principio, me pareci? una broma y no recordaba a ninguna Mar?a Jes?s a la cual debiera algo o a la cual hubiera prometido algo que no hab?a cumplido. A las dos horas de devanarme el cerebro pens?: ?Ser? mi primer amor??C?mo es posible, despu?s de casi treinta a?os, que se acordara de mi? Ten?amos unos quince a?os cada uno, cuando eso y la verdad, apenas hab?a conocido a otra Mar?a Jes?s o seguramente si las conoc?, aquella otra eclips? todos los dem?s nombres iguales.
?Y por qu? no salir de dudas? El n?mero del tel?fono le ten?a grabado en el m?o y todo era marcarlo. Descolgu? el inal?mbrico con parsimonia y casi con miedo. Lo volv? a colocar en su base y me propuse pensar lo que dir?a. Si no era ella, no tendr?a problema, pero ?si era ella? El coraz?n me lat?a a ciento veinte por lo menos y como siempre me tuve por decidido en esto de las mujeres, no en balde me cas? con la m?s guapa de mi ciudad, en competencia con unos cien mil conciudadanos que la pretend?an. Y eso fue por decidido, Pero, claro ahora, con la vida ya resuelta casi para mis hijos y con una mujer algo cansada de mis incongruencias, la aventura, me parec?a impresionante.
-?Eres Mar?a Jes?s?-pregunt? por el auricular.
- Si, si- contest? una voz melodiosa y que me pareci? como dulce y c?lida- y t? eres Mario, te reconozco la voz, es la misma que hace treinta a?os- contin?o, dej?ndome helado y sin resuello.
- Entonces- acert? a decir, despu?s de una pausa- eres la Mar?a Jes?s que conoc? cuando adolescente y ?te acuerdas de mi ahora?
- Yo nunca te he olvidado. Mis padres impidieron nuestra relaci?n, ?recuerdas? Porque cre?an y estaban en lo cierto, que era muy joven. T? eras muy lanzado y yo te esper? hasta los dieciocho a?os y entonces me enter? de que te olvidaste de mi r?pido. ?Te echaste otra novia enseguida!?Malvado!
El o?rla decir eso casi me hace llorar. ?Era posible? Su voz me parec?a angelical, como ahora la recordaba de entonces. ?Qu? pod?a decir a este encanto de mujer?
- Me conmueve lo que dices. Yo pens? que no quer?as saber nada de m?. La verdad es que al ultimo que o? fue a tu padre al tel?fono: ?Joven, mi hija es una ni?a, no la llame m?s?- recordaba aquella frase como si hubiera sido ayer- Pero ?por qu? me llamaste hoy?
- Porque me qued? viuda y nunca te he olvidado y espero, que como soy una mujer y t? un caballero, no me prives de lo que m?s he deseado todo este tiempo: El hacer el amor contigo. Creo que ya estar?s harto de tu mujer, como todos los esposos despu?s de tantos a?os y por eso me atrevo a proponerte lo que no hice ni a mi marido nunca- me escopet? y me dej? sin palabras.
- Bueno, bueno-balbuce?- no debo pensarlo. Esta proposici?n tampoco me la ha hecho nunca mi mujer. Es decir, yo la requer? tanto y ella tampoco, que ya dej? de hacerlo hasta yo. ?D?nde vives ahora?
- Pues en Valencia y t? en Sevilla, ?no?. Bueno all? te llam?, al enterarme por unos escritos que enviaste a un peri?dico y pregunt? a la Telef?nica por tu n?mero. No se me olvidaron tus apellidos nunca ?y los m?os, les olvidaste?
- Desde luego que no- y se los dije sin dudar.
- Pues ven en cuanto puedas, Quedamos en un hotel, m?s que nada por mis hijos y por la memoria de mi marido, no me atrevo en mi casa.
- Ma?ana mismo estoy all?, que es s?bado y no hay problema.

Corr? o vol?, m?s que corr?, a sacar el billete de avi?n de ida y vuelta para el fin de semana. A mi mujer le cont?, que me hab?a surgido un simposio en Valencia sobre las ultimas t?cnicas de acerado del vidrio y se lo crey?.
Al llegar a la capital del Turia, la cual no visitaba desde hac?a a?os, me sent? un poco extra?o. Nunca hab?a enga?ado a mi mujer, aunque ella pensara otra cosa. No hab?a sido capaz de irme con otra, sobre todo porque me enamor? como un loco de ella desde que la conoc? y lo que no quer?a para mi, tampoco lo quer?a para ella. Realmente, ?podr?a enga?arla ahora?
Esper?, como hab?amos convenido, para llegar juntos al Hotel que hab?a reservado, en una cafeter?a cercana. La llam? al m?vil, y por un minuto pens? ?Y si todo ha sido una broma? Su tierna voz me trasport? al cielo de nuevo. Estaba llegando.
A los dos minutos baj? del taxi y la v? entrar. Sab?a que era ella, porque me hab?a mandado una foto por e-mail. Era rubia, esbelta, con un vestido rojizo, adornado con un cinto marr?n y un cuello del mismo color, y con zapatos que cubr?an unas medias de cristal tambi?n marrones, casi beige. El bolso del mismo tono le colgaba con gracia sobre el hombro. Me acerqu? a ella: ?Mar?a Jes?s?
- Mario, soy yo. T? voz es ?nica para mi e inconfundible, aunque te veo algo m?s viejo, jajaja-brome?.
- T? eres la chiquilla que conoc? hace treinta a?os. Has cambiado para bien-la pirope?.
- Bueno tomemos unos caf?s y vamos a lo que vamos-ya no me sorprend?a la forma de hablar de aquella mujer.
La enlac? por la cintura y cogiendo mi malet?n con la otra mano, despu?s de absorber los negros y calientes cafetitos salimos hacia el hotel.
La habitaci?n estaba en la cuarta planta y seg?n entraba por la puerta la desabroch? la cremallera con una pericia, que hasta yo qued? maravillado, toqu? la piel de su espalda, tersa y suave, que para una mujer de m?s de cuarenta a?os parec?a un regalo de los dioses. Encontr? el broche del sujetador y mientras la besaba en la boca gordezuela y sensual, se lo quit?. Unos maravillosos senos, algo ca?dos, pero naturales y grandes fueron el regalo para mis manos. El vestido call? al suelo y ella susurr?: ?no vayas tan lento, llevo esperando esto treinta a?os!
S?lo las braguitas de color azul y con puntillas de ribeteo separaba mi sexo del suyo en los dos minutos siguientes. La llev? junto al borde la cama y ya estaba baj?ndoselas, cuando mi m?vil son?. ?Qu? pedazo de tonto soy, no lo desconect?!
- Diga-pregunt?.
- ?Qu? tal el viaje? Se te olvid? llamarme-era mi mujer.
- Pues bien. T? ?qu? tal?-pregunt? y creo que Mar?a Jes?s me miraba sabiendo lo que estaba pasando y vi como se sub?a las bragas y se pon?a el sujetador de nuevo.
- Pues me encuentro muy sola. No me acostumbro a estar sin ti, aunque muchas veces no lo demuestre- me dijo.
- Bueno s?lo son dos d?as amor. Ma?ana ya estamos juntos otra vez. Es que tengo cuatro reuniones sin parar. Con los de comercial, con los de finanzas y con los de talleres- ment? como nunca hasta entonces lo hab?a hecho.

Al colgar me vi diminuto y sin fuerzas para continuar. Si mi mujer tanto me echaba de menos,? por qu? no me hab?a requerido alguna vez? ?Cosas de la vida!, pens?.
Mar?a Jes?s ya se hab?a enfundado el vestido y se estaba retocando el pelo en el lavabo. No hac?a falta palabras, Ella me dijo: Me precipit?, creo que debo a?n esperar a que t? seas libre, si es que lo eres alg?n d?a. Yo te quiero, pero esto que ?bamos a hacer es una traici?n a tu mujer y yo s? que t? sigues siendo un esposo ideal. ?por qu? no me esperaste, hace a?os?
- Nunca supe que me quer?as. Ya veo que te casaste despu?s que yo e intuyo que por despecho y no por amor. Yo era un joven muy enamoradizo y deseoso de mujeres y enseguida encontr? a la m?s bella de la ciudad, que fue para mi y a?n lo es, como un pastel inacabable. La verdad es que no soy muy dichoso, porque parece que el matrimonio ahoga todas las dichas frente a los problemas, pero sigo am?ndola y t? me turbas, pero quiero ser tu amigo y no tu amante.
- Lo comprendo, Mario, lo comprendo. Vamos a despedirnos como amigos y seguiremos deseando, al menos yo, lo que siempre quise y nunca me atrev? a pedir. La familia es lo m?s importante y no debemos romperla.

Nos despedimos y ya nunca he sabido m?s de ella. Estuve y estoy tentado muchas veces de llamarla, pero pienso: ?Para qu?? Esto no tiene sentido. Ha sido un sue?o bonito, y nada m?s.

Publicado por Lanzas @ 0:46
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