Domingo, 05 de marzo de 2006
El intruso

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Iba caminando por la acera, aquella noche nublada, cuando al doblar la esquina, me tope con Felipe Cabrera.
Felipe Cabrera es el capataz de las obras del ensanche del metro, en la l?nea diez, la que enlaza Fuencarral con Plaza de Castilla y es un hombre muy chapado a la antigua como si dij?ramos. Le gusta que las mujeres no trabajen fuera del hogar y que los hijos obedezcan a sus padres en todo, les manden lo que les manden. Como le conozco desde nuestros estudios de Maestr?a Industrial desde hace ?m?s a?os que la Tana?, que es como decir desde que and?bamos tirando piedras al Manzanares antes de la construcci?n del Estadio que llevaba su nombre, sab?a que esa noche iba a ser larga donde las haya.
Me salud? tan efusivamente, de tal manera que del abrazo que me dio casi me rompe dos costillas y me hace saltar las l?grimas.
- ?C?mo te encuentras, chaval?- siempre me dice lo mismo desde los a?os escolares.
- Bien, Felipe, bien, voy con algo de prisa para perderme la serie de ?Los ladrones van a la oficina?-le contest?, por ver si me dejaba enseguida.
- T? hoy no ves la serie esa basura, t? vienes conmigo a la tasca del Jabugo, que nos vamos a hartar de vino viejo y de tapas con jam?n, tortilla y lomo, como hace al menos dos a?os que no hacemos-me atrap? el condenado.
- Como quieras Felipe, como quieras, que no hay qui?n te lleve la contraria.
Y all? nos encaminamos, cerca de la Plaza de Castilla, en la calle del Capit?n Haya. Una vez dentro del local, de raigambre madrile?a donde los haya, nos acercamos a una mesa de madera antigua y pedimos una jarra de vino de Pe?afiel, una raci?n de tacos de jam?n y otra de queso, ?para empezar!-le dijimos al camarero, y enseguida empez? el amigo Felipe:
- Mira, Rafael, lo que me pas? el otro d?a en el subsuelo madrile?o: estamos, como sabes ampliando la l?nea 10, que ya es hora de que lo hagamos, y los trabajadores de la pala extractora encuentran unos restos de huesos, que parecen humanos. Y no se les ocurre m?s que llamarme para que los viera. All? me acerqu? y cu?l ser?a mi sorpresa cuando al verles, a m?s de cuarenta metros de profundidad, noto que son de pl?stico, de pl?stico duro- continuaba mi amigo sin descanso, y s?lo se deten?a para sorber un trago de vino, mientras yo me hartaba de taquitos de jam?n y de queso-Y me pregunto: ?C?mo es posible que a estas profundidades, desconocidas antes por los humanos haya, no huesos, sino huesos de pl?stico?
- Es incre?ble, pero anda come algo, que de vino ya vas bien servido-le interrump?.
- Ya, ya, Rafael- por primera cogi? un taco de jam?n y lo engull? -pero es que la historia es para no dormir. Est?n investigando los del Ministerio, c?mo puede ser esto. Pero yo tengo mi teor?a montada. En tiempos muy remotos, los due?os de la Tierra no eran los hombres, sino otros seres, y como ahora hacemos juguetes de pl?stico de dinosaurios, de perros o de monos, aquellos, digamos, protohombres hac?an mu?ecos de humanos, porque para ellos eran seres inferiores. Es la ?nica explicaci?n que encuentro y estaba deseando cont?rselo a alguien inteligente como t?.
Mario se abalanz? sobre los restos de jam?n y pidi? una tortilla de una cuarta de alta y otra jarra de vino tinto de Rivera de Duero, que era el m?s le gustaba.
- No creo eso posible, es muy poco cre?ble, lo que dices-me atrev? a contradecirle.
- Dame t? otra explicaci?n, anda, ?chaval!- salt? Felipe.
- Pues yo creo que un grupo de ecologistas, que como sabes se oponen a todas las obras contra la Naturaleza, os han metido unos huesos para parar el trabajo y que la Empresa constructora se arruine esperando- aventur?.
- Pero esos, esos, son capaces de meter huesos y hasta seres vivos all?. No lo har?an de pl?stico, sino de verdad, para que fuera m?s cre?ble.
- Bueno as? tambi?n molestan. ?No dices que est?n investigando?-pregunt?.
Despu?s de terminar con el vino y la tortilla acordamos volvernos a ver la semana siguiente y tener datos m?s concretos.
No a la semana siguiente sino al d?a siguiente leo en la prensa:
?Un intruso detenido en las obras del metro?:
Un hombre de unos cuarenta a?os de edad ha sido detenido por la polic?a en los t?neles del metro, despu?s de ser alertados por la Vigilancia privada de la Empresa constructora. Se encontraba en la parte en obras y al detenerle se le incaut? un gran saco d?nde llevaba huesos de pl?stico imitando a humanos. Al interrogarle, conocemos por fuentes policiales, el intruso dijo que estaba harto de ense?ar a sus alumnos con esqueletos de pega y como no sab?a como deshacerse de ellos los estaba enterrando en las obras. Seg?n fuentes generalmente bien informadas, el intruso no est? bien de la cabeza y se dedica a robar en los Institutos todo lo que pilla. Se sigue investigando.
Publicado por interazul @ 17:30
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