Martes, 21 de febrero de 2006
LOS GORRIONES (EL FINAL)

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La ceremonia f?nebre hab?a terminado. Unas flores, cuyos p?talos se esparc?an sobre la lustrosa l?pida, semejaban l?grimas sobre los brillantes nombres en dorado de los que all? descansaban.

Los hijos y amigos de la anciana caminaban hacia la salida del camposanto bordeado de hermosos ?rboles, hablando en voz baja deseosos de que todo aquello acabara de una vez.
Hab?an tenido que desplazarse desde lejos y ahora ten?an ante ellos el problema de vender la casa paterna y repartirse el importe de la venta entre los tres hermanos.
En la puerta de la morada final despidieron amablemente a sus allegados y se encaminaron a un coche de magn?fico aspecto que les esperaba estacionado cerca de la entrada.
Cuando hubieron subido al autom?vil, ?ste se encamin? hacia la carreterita que conduc?a a la que fuera la casa en la cual los ocupantes vivieron su adolescencia.

Llegaron a la peque?a calle sin salida donde estaba ubicada. El perro les salud? con fuertes ladridos al percibir su presencia.
Los hermanos bajaron y el mayor introdujo la llave en la cerradura. Entraron en silencio.
La casa vac?a gritaba la ausencia. El perro hab?a callado, a los gatos no se los ve?a y a los gorriones ya sin ama, no se les o?an sus gorjeos.

Pasaron al espacioso sal?n y se acomodaron en un sof?. La menor de las hermanas dec?a:
-Yo no quisiera vender esta casa. Aqu? hemos vivido cuando ?ramos muy j?venes y hemos sido muy felices?
-?No!, d?jate de sentimentalismos, Cristina - le ataj? el mayor - . Con qu? objeto vamos a quedarnos con esta casa si todos tenemos ya residencia de verano. Aparte que sale bastante cara mantenerla. No, hay que tratar de venderla cuanto antes.

El que as? hablaba, mir? hacia un lado de la pared y vio colgados en ella fotos de ?l vestido de marino, del tiempo de su servicio militar en la Base Naval de Rota; la hermana mediana estaba tambi?n muy guapa acompa?ada de su actual marido en el d?a de su boda; y la peque?a colgaba en otra foto vestida de largo y con una bella sonrisa en el d?a de su graduaci?n.
Todos estaban all?, aunque ellos hac?a mucho tiempo que dejaron de visitar a la madre.
Al mirar todas aquellas fotos ricamente enmarcadas sintieron algo desagradable en su interior. Ellos no hab?an sido olvidados.
Se levantaron y decidieron visitar las distintas dependencias. Pasaron al dormitorio de la madre ausente. Sobre un chiffonier, un cuaderno de pastas viejas se ofreci? a la vista de los hermanos. El mayor lo abri? y con sorpresa vio que era suyo. Una especie de diario que ?l hab?a escrito en sus a?os de Instituto. No ten?a idea de c?mo hab?a ido a parar all?.
Abri? el cuaderno por el final; asombrado vio que la madre hab?a escrito algo all?.

?Querido hijo, aunque t? parece que ya me olvidaste, yo no he podido conseguirlo, ni tampoco lo he intentado. Te quiero como el primer d?a que te vi.
Siempre hice las cosas lo mejor que supe, lo cual no quiere decir que no me haya equivocado. S? que en alg?n momento te he decepcionado, lo s?, pero me gustar?a que pusieses en una balanza mis fallos y mis errores contigo, en un platillo, y en el otro, todo lo que te he dado y no me refiero a cosas materiales. ?De qu? lado se inclinar?a el fiel de la balanza?
Ya no importa, s?lo importa que sepas que te quiero, aunque hace muchos a?os que parece que me olvidaste.
Seguro que si alg?n d?a lees estas l?neas, yo ya no estar?; no lo sientas. Hace mucho tiempo que mi vida carec?a de sentido.
Vosotros, mis hijos, fuist?is lo que la dio sentido, el "Norte" que siempre anduve buscando desesperadamente. Una vez que os perd?, mi vida se cay? a pedazos.?

El joven deposit? con sumo cuidado su antiguo cuaderno en el mueble mientras una inoportuna l?grima descend?a por su mejilla.
Sali? solo al jard?n, y a la derecha, tras la puerta de barrotes de hierro, el perro en pie, expectante, mir?ndole con sus maravillosos ojos color miel, parec?a dirigirle una muda pregunta:
-?Qu? vas a hacer ahora conmigo?
El desasosiego se apoder? del hombre que gir? su mirada hacia las copas de los ?rboles que su madre plantara. Sus frutos colgaban magn?ficos, pero lo que m?s le llam? la atenci?n fue que decenas de gorriones estaban posados en sus ramas.

Entr? precipitadamente al interior. Pas? por la puerta del que fuera el despacho de sus padres. La abri? y penetr? en ?l. Todo aparec?a en perfecto orden, limpio, cuidado.
Ech? una ojeada a las estanter?as repletas de libros, muchos de los cuales ?l hab?a le?do.
De repente sus ojos fueron captados por un libro cuyo tomo parec?a no encajaba en el conjunto. Se acerc? y lo tom? en sus manos. La emoci?n le embarg? por completo.
En el lomo se le?a: ?Caracterizaci?n de canal para ADSL HDSL.? Su nombre a continuaci?n. ?Era su proyecto de fin de carrera!
La madre lo hab?a guardado amorosamente coloc?ndolo en un lugar preeminente al lado de grandes libros como La Biblia.

Y de repente, entendi?. Lament? profundamente su conducta con aquella mujer. Pero, ya era tarde, muy tarde.
Ella hab?a tenido aquella casa como un santuario dedicado a sus hijos a pesar del olvido.
Una oleada jam?s sentida arras? su coraz?n dej?ndolo vac?o de todo rencor.

Sali? del despacho y se dirigi? al sal?n donde las hermanas charlaban de viejos recuerdos. Tom? asiento y habl? con voz muy grave:
-?Mirad! Quiero deciros algo. Esta casa no se vende.
Las dos mujeres le miraron at?nitas. ?Qu? hab?a ocurrido? Si era ?l quien quer?a vender a cualquier precio la hermosa casa paterna.
Pero, ?y ?se cambio? ? pregunt? la mayor.
-Muy sencillo: esta casa la conserv? nuestra madre en recuerdo nuestro; yo, ahora, la conservar? en recuerdo suyo y para el cuidado de los seres que tanto amaba.
Los ojos de las hermanas brillaron como si miles de luceros se hubiesen aposentado en ellos; se levantaron y abrazaron efusivamente al hermano.

Cuando sal?an hacia el autom?vil el perro asomado a la tapia lanzaba alegres ladridos, los gatos hab?an salido no supieron de d?nde y decenas de gorriones levantaron el vuelo formando un coraz?n.

Publicado por mariangeles512 @ 22:06  | Familia
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El cardenal RichelieuImagen
Armand Jean du Plessis, cardenal Richelieu, era un hombre de car?cter violento, brutal y autoritario. Su principal objetivo fue conseguir una Francia unida y poderosa bajo el poder absoluto de la Corona Real
El cardenal Richelieu (1585-1642) es un personaje de la Historia de Francia que recordaras f?cilmente, pues ha sido protagonista de multitud de pel?culas, obras de teatro y un sinf?n de relatos de aventuras. Destac? brillantemente dentro del ?mbito pol?tico por su capacidad como gobernante y administrador e impulsor del absolutismo real. Fue el escritor Alejandro Dumas qui?n, 200 a?os despu?s de su muerte, lo inmortaliz? en la novela Los tres mosqueteros, (1844) con su entra?able grito de guerra ?Uno para todos y todos para uno?, donde lo presentaba como el gran enemigo irreconciliable de sus h?roes Athos, Porthos, Aramis y d? Artagnan.
Richelieu emple? todos los medios a su alcance para asegurar el poder absoluto de la corona real. Imaginaros lo que supone en la actualidad implantar una ley o aplicar nuevos impuestos. Pues en aquellos tiempos era mucho peor, al carecer, entre otras cosas, de informaci?n. Los impuestos llegaron a ser insoportables a consecuencia de las continuas guerras. Las numerosas protestas eran sofocadas con gran violencia. Por estas razones, Richelieu tuvo que soportar conspiraciones, aunque sobrevivi? a ellas. Muri? odiado por todos.
El rey era la imagen viva de la divinidad en la tierra y la majestad real era la segunda despu?s de la divina. Su manera de gobernar y ver la vida se resume en tres aspectos. El primero estuvo ligado a la religi?n y fue arruinar a los hugonotes; es decir, a los protestantes franceses, no cat?licos. El segundo fue conseguir la humillaci?n y sumisi?n de la nobleza y el ?ltimo, restablecer la hegemon?a de Francia en el resto de Europa. Se le atribuyen frases que reflejan estas inquietudes: "Nunca emprendo nada sin haber reflexionado previamente, pero una vez que he tomado una determinaci?n, voy directo a mi objetivo, si es preciso lo derribo todo y lo siego todo, y luego cubro el resultado con mi roja sotana".
Descubierto un complot que pretend?a llegar incluso a su asesinato, la reacci?n de Richelieu fue en?rgica y radical, ordenando la ejecuci?n de varios miembros de la alta nobleza y la detenci?n o el exilio de los personajes influyentes que hab?an participado en la conjura. La guerra de La Rochelle fue el otro gran asunto que ocup? su atenci?n como estadista. La rebeli?n de los protestantes alcanz? un punto de enorme peligro, no ya solamente porque supon?a una grave contestaci?n a la pol?tica absolutista, sino tambi?n por la ayuda que estaban recibiendo los sublevados de los ingleses, concretada en la participaci?n activa y en la presencia en territorio franc?s de fuerzas extranjeras.
Hijo del duque de Richelieu, tuvo una esmerada educaci?n, destacando en los estudios filos?ficos. El rey Enrique IV de Francia le orient? para que siguiera la carrera eclesi?stica. En 1607, Richelieu fue a Roma a recibir el sacramento del sacerdocio. El Papa, le pregunt? antes de hacerle obispo: ??Ten?is la edad requerida para recibir esta gracia?? A lo que ?l respondi? que s?. Fue ordenado, aunque, tras acabar la ceremonia, el joven prelado quiso pedir perd?n al Santo Padre y le confes?: ?Os ment? Santidad, pues no tengo la edad que dije? Ante esta situaci?n, el Papa Paulo V sonriendo, exclam?: ? Questo Giovane sar? un gran furbo?. Traducido a nuestros d?as, pronosticaba, que en breve, ser?a un p?jaro de cuidado. Richelieu adquiri? prestigio como predicador y te?logo, gracias a su capacidad oratoria en sus sermones y la delicada forma con que trataba los asuntos.
En cierta ocasi?n se encontraba acosado por una persona que le solicitaba audiencia insistentemente. Al no poder retrasar m?s tiempo dicho encuentro el cardenal accedi? a la cita. Una vez en el despacho, el ministro le reproch? su insistencia y pesadez. El caballero justific?ndose dijo: ?Excelencia, comprended que tambi?n yo tengo que vivir?. A lo que le replic? el ministro todopoderoso: ?No veo la necesidad de ello, se?or?.

Publicado por Lanzas @ 20:31
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Jueves, 16 de febrero de 2006
La sospecha

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Mario era un hombre muy trabajador y muy hogare?o, en cuanto el trabajo se lo permit?a.
Viv?a feliz con su mujer y sus hijos desde hac?a muchos a?os, ya no recordaba ni cuantos. Hab?a habido problemas, casi imposibles de evitar por asuntos puntuales, pero siempre se hab?an arreglado.
Pero la historia que le ocurri? le estaba marcando la vida y la convivencia. No se negaba a aceptar un nuevo trabajo, aunque le privara de un poco m?s de cari?o en el hogar. Era un aparejador muy reconocido y todas las obras le sal?an francamente rentables para sus promotores e interesantes para los compradores.
Los proyectos le llenaban su oficina y un d?a al llegar a su casa, su mujer, Alicia, le esperaba con una sonrisa, que ?l conoc?a como maliciosa.
-?Me enga?as con otras mujeres?-le espet?.
-?C?mo dices, Alicia?-no acertaba a entender, como, ?l, que no hab?a sido capaz de estar con ninguna mujer desde que se cas?, y no por falta de oportunidades, sino porque la adoraba a ella, pod?a ser cuestionado en este tema.
- Creo que pasas mucho tiempo fuera de casa y no nos aporta tanto beneficio como deber?a y eso es porque, seg?n me han dicho unas amigas, me enga?as con otras- sigui? la mujer.
-Pero, yo te juro, que no he estado con ninguna, m?s que contigo, y el trabajo me acapara el resto del d?a. No quiero pedir demasiado por los proyectos y como hemos comprado varias casas y realizado a su vez nosotros, muchas obras y algunos viajes y no privamos a nuestros hijos de ning?n capricho, al final nos lo gastamos todo- se defend?a Mario, que estaba qued?ndose p?lido al verse tan incomprendido.
-?Ya, pero ahora creo que me has enga?ando en muchas cosas!-continu? una Alicia, de pronto desconocida para ?l.
- Bien, contrata un detective o haz lo que creas oportuno y ver?s que est?s equivocada, y s?lo es que te dio un mal viento en la mente, ?hazlo, por favor! No podemos seguir as?.
Mario no acertaba a entender lo que le estaba pasando a su mujer. Hab?a dedicado toda su vida a su familia y al trabajo. El mundo se le derrumbaba y empezaba a no tener sentido nada de lo que hab?a sido su forma de entender la vida.
Ese d?a ya no se hablaron m?s y al d?a siguiente, despu?s de desayunar le dijo a su mujer:
-Tienes que contratar a un detective y que indague sobre mi vida. No se puede vivir con esa sospecha- y sin decir nada m?s se fue de la casa al ?maldito? despacho.
Ya su trabajo empez? a parecerle in?til, sin sentido y como si no valiera para nada.
-Don Mario, ?qu? hago con don Luis Trabancos, el de la obra de la Urbanizaci?n de las Acacias?-le dice su secretaria-lleva diez minutos esperando.
Mario, de pronto no sab?a que decir. Sus ideas antes tan claras y precisas se estaban diluyendo en un mar de confusiones.
-Dile que le llamar? m?s tarde- al fin contestaba a su secretaria.
En los siguientes meses se notaba seguido y observado. Sin duda Alicia hab?a contratado un detective para estar segura de que ?l no ment?a.
Se estaba deteriorando en su forma de vestir, antes pulcra y atildada y cuando llegaba a casa apenas cruzaba con su mujer unas frases, que acaban en alguna discusi?n. Los trabajos empezaron a escasear por su indolencia y no terminaba nunca unos planos pendientes hac?a mucho tiempo.
Se notaba enfermo y mascullaba:
-?C?mo es posible que ella dudara de mi?
No la hab?a mentido ni enga?ado nunca y se sent?a enfermo. Fue de m?dicos y le mandaron varias medicinas y hasta tuvieron que operarle de unos abscesos, que parec?an obra del sufrimiento m?s que org?nicos.
Y un d?a, sin mediar palabra con nadie se fue de la oficina a media ma?ana y con su coche se dirigi? al gran ca??n, d?nde el agua cae desde una altura de unos cincuenta metros y se sepulta en una cola de espuma y piedras en el fondo del tramo del r?o salvaje, abrupto y seno de piedras grandes. Sin frenar, se llev? por delante la valla que serv?a de protecci?n a los turistas y entre un chirrido de chapas y de catarata acuosa, el veh?culo y el hombre se fundieron en un abrazo mortal sin remedio.
A los dos d?as fue encontrado a m?s de dos kil?metros, donde el agua se remasa y acoge en los meandros a las arenas, antes rocas fuertes y luego mansas piedrecillas d?nde revolotean p?jaros y peces. Apenas se le reconoc?a y su rostro ten?a dibujada una gran mueca de dolor y desesperaci?n.
Ese mismo d?a, un tal Leopoldo Landrover llam? a la puerta de la desconsolada esposa, desconocedor de la tragedia, con un informe detectivesco sobre Mario L?pez Fraguas, que en resumen dec?a as?: ?De la oficina de detectives de Landrover&c?a, para Alicia Campoamor.
El Sr L?pez ha mantenido una conducta intachable hasta hace dos d?as que hemos perdido su rastro. Todas las personas consultadas han manifestado que en su trabajo no hac?a m?s que mencionar a su esposa, como la persona m?s maravillosa que exist?a en el mundo. Es m?s, cuando alguna mujer se le insinuaba, y hay varios testigos de ello, el siempre bromeaba diciendo: Cuando mi mujer me traicione me suicidar?, porque yo no soy capaz de hacerlo mientras ella sea mi esposa y viva conmigo. Tiene en su despacho una gran foto de su esposa y sus hijos y se ha comprobado que ha realizado muchos gastos en regalos para ellos.?
El informe conclu?a: ?Pocos esposos hoy son tan cumplidores y amantes de su propia mujer. No sabemos el por qu? su desaparici?n desde hace dos d?as, por no poder seguirle tan r?pido como mont? en su coche, pero lo averiguaremos.?

Publicado por Lanzas @ 23:32
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S?bado, 11 de febrero de 2006
El ?gorrazo?.

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En mi pueblo dicen que te han dado un ?gorrazo? para todo, desde que te han dado una torta por no hacer caso a tu pap? o que te han dado una paliza por meterte donde no te llaman al querer pasarte de listo o te han tirado de los pelos por tocar el culo a la ni?a que pasaba a tu lado, y eso con suerte, pues a veces te dan una patada en los ?cataplines? y tambi?n lo llaman ?gorrazo?.
Bueno el caso que este ?gorrazo? que me dieron, a todas vistas inmerecido, lo voy a contar para que todos sean part?cipes de la injusticia que se cometi? conmigo cuando apenas ten?a once a?os del Se?or, reci?n cumplidos.
Yo iba caminando tan tranquilo de vuelta del Colegio hasta mi casa, pues aunque ten?a que andar m?s de dos kil?metros cuatro veces al d?a, dos de ida y dos de vuelta, ya que por aqu?l entonces no se conoc?an los trasportes escolares, aunque si se sab?a que hab?a comedores para internos, y hab?a o?do hablar de ?mediopensionistas?, y cre?a que eran internos que pagaban la mitad de la cuota o algo as?. Mis padres cuando les contaba lo de ?mediopensionistas?, siempre me dec?an: ?T? comes en casa, que tu madre prepara unos cocidos para chuparte los dedos y los jueves d?nde tus abuelos, que tu abuela los prepara que revientas, de buenos?.
Y as? est?bamos, vuelta para arriba y vuelta para abajo, casi dos horas de marcha entre ir y venir, pero recordando, que uno de los maestros nos hab?a contado, que el que era el Papa, creo que un tal P?o XII, hab?a hecho algo parecido en Roma y encima con las botas al hombro, para no desgastarlas. De manera, que lo m?o y con la compa??a de mi hermano mayor y un par de primos, por parte de madre, y un vecino, la verdad, es que el camino me resultaba hasta breve, teniendo en cuenta, que adem?s de llevar las botas puestas, nada m?s llegar por la tarde, sobre todo, te lavabas y te pon?as a estudiar hasta la hora de la cena, no sin antes no haber merendado una naranja y un pedazo de pan o a veces chocolate del bueno.
Y hasta te daba tiempo a o?r en la radio ?Por qui?n doblan las campanas? o ?El criminal nunca gana?.
Pues bien, como iba contando ese d?a, fat?dico donde los haya, al pasar al lado de la tienda del ?Ro?a?, as? llamado por pesar hasta el ?ltimo gramo sin regalar en la balanza ni los que pesaban las bolsas de estraza, por qu? dec?a que estas valen lo que pesan, y cobrar hasta el ?ltimo c?ntimo de peseta, aquellas tan hermosas que hab?a, hasta confeccionadas en papel, mi primo Paquito roz? la caja de madera donde ten?a expuestas las manzanas y naranjas para la venta, con tan mala fortuna, que al menos cuatro de ellas cayeron a la acera. Yo, displicente y bien educado donde los haya, comenz? a recogerlas, mientras mi primo ech? a correr calle arriba y los dem?s le imitaban. A la segunda manzana que estaba colocando en la caja not? un ?gorrazo? en la nuca que casi me deja sin sentido. Es decir un cap?n o coscorr?n y bien gordo, mientras ten?a que escuchar:
-?Ladroncete, no creas que no te he visto!-era el ?Ro?a? en persona.
- Pero, oiga que yo estoy colocando las manzanas en el cesto- me defend?.
-Ya, ya veo, porqu? te vi desde detr?s del mostrador- sigui? el tendero, que empinaba la mano de nuevo para proporcionarme otro ?gorrazo?.
Yo intent? correr, pero me agarr? por un brazo con unas manos como tenazas. Pero ?lleg? mi salvaci?n! Un guardia de los de ?la porra?, que eran los que controlaban el tr?fico en los cruces de las calles, pues no hab?an llegado a?n los sem?foros , y m?s bien controlaba a los ciclistas y un par de coches por hora, pero conoc?an a todos los del lugar, cogi?ndole la mano fuertemente mientras le dec?a:
-Perdone Sr. Pedro( era la primera vez que le o?a llamar Pedro al ?Ro?a?) yo he visto todo y el ni?o tiene raz?n.
. Ah si usted lo dice se?or guardia-contest?. Ya que por aqu?l entonces un guardia era una autoridad con mucha soberan?a o potestad y si dec?a A era A y si B era B.
- Si, el primo de este ni?o roz? la caja y cayeron las manzanas. Yo les conozco y si se han echado a correr los dem?s es porque le tienen miedo y este jovencito es a?n mejor que los otros y le dio pena que se estropearan las frutas.
- Pues, nada, pido perd?n a este muchacho y le doy las gracias por su acci?n y?
-empez? a mover los dedos con nerviosismo y despu?s de dos larg?simos minutos, sigui?-y le doy una manzana y una naranja para la merienda de hoy.
Y alargando la mano sobre las que a?n permanec?an en el suelo me entreg? las preciosas frutas, notando yo que se echaba al menos dos a?os encima el ro?a tendero.
Y sal? deprisa hacia mi casa meditando: Y el gorrazo, ?qui?n me quita el gorrazo?.
? A qu? fue injusto el tal gorrazo?

Publicado por interazul @ 18:23
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Martes, 07 de febrero de 2006
Las primeras Navidades en guerra (de la Novela "El largo noviazgo")
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Parte del relato:

...Realmente, era desesperante, hermanos, no ya amigos o simples parientes se encontraban de forma incre?ble en bandos diferentes, pudiendo llegar en algunos casos a matarse entre ellos, al estar alistados a milicias diferentes o en cuerpos del ej?rcito distintos.
El pensar que Julia y sus familiares de Moralzarzal se encontraban en aquella situaci?n le preocupaba, al fin ?l era hijo ?nico y sus primos estaban todos en pueblos de Valladolid y algunos en Burgos. Sus padres se encontraban unidos y casi toda la familia se llevaba bien y sin problemas.

-Mire, sargento Morales, no lo dude-continu? el teniente- el ejercito de Espa?a est? casi por completo a nuestro lado y con la ayuda importante de falangistas, a los que se est?n afiliando muchos derechistas e incluso de izquierdas, para camuflarse, requet?s y voluntarios que se alistan sin parar, estaremos en Madrid antes de estas Navidades.
El teniente, se equivocaba, en noviembre de 1936 las brigadas internacionales n?meros 11 y 12 empezaron a taponar huecos, con ayuda de tanquetas sovi?ticas en el frente de Madrid, y aunque no pudieron reconquistar la ciudad universitaria, en manos de los nacionales hasta el final de la guerra ya. Si reconquistaron Getafe y su cord?n industrial.
El gobierno de la II Rep?blica se hab?a trasladado por esas fechas a Valencia, y los comit?s de defensa en manos de un tal Carrillo, un tal Segundo y algunos anarquistas comenzaron a fusilar en masa a los falangistas detenidos y a curas y monjas que encontraban a diario. Se calcula en cerca de diez mil fusilados, antes de las Navidades del 36, entre ellos personajes tan importantes como Ledesma Ramos, Ruiz de Alda, del que dec?an asesinaron en la propia c?rcel, junto a Fernando Primo de Rivera, hermano de Jos? Antonio, y a muchos bien preparados falangistas. Y ya a finales de noviembre empez? a correr el rumor de que Jos? Antonio Primo de Rivera, hab?a sido considerado el primer responsable de lo que ocurr?a, por sus cartas a Franco y a Mola , y hab?a sido fusilado en Alicante.
Un dirigente muy importante para el anarquismo ib?rico, Durruti parece que cay? en el frente de Madrid.
Todo se iba complicando en gran medida. Los falangistas de Valladolid advirtieron: ?Por cada falangista que comprobemos haya sido asesinado por los comunistas, ser?n fusilados diez comunistas?. Gir?n hab?a desplazado al hermano de On?simo en el mando de las JONS de Valladolid y era un hombre bronco, austero y con pocas ganas de ser derrotado, estaba en contacto con Mola, al que consideraba deb?a ser el Jefe de todos los ej?rcitos y esperaba que la campa?a del Norte concluyera r?pidamente y la toma de Madrid ser?a un hecho.
Y as? llegamos al 24 de diciembre de 1936.
En Valladolid se quer?a celebrar la Navidad, como un goce al sentir la pronta liberaci?n de toda Espa?a del terror rojo, que era como se hab?a bautizado ya a toda la contraofensiva republicana.
Morales y sus padres celebraron aquella Navidad con austeridad y s?lo en las postrimer?as del d?a 31 se reuni? con algunos amigos y estando en el caf? del Norte su amigo Anzules le present? a una rubia estupenda, que se llamaba Rosa Amores y enseguida congeniaron, sobre todo por las copitas que se hab?an tomado y empezaron a tontear, hasta que en un momento dado, Rosa le dice:
- ?No estar?s casado, guapo?
- No, no, pero tengo novia.
- ?Y d?nde est? en un d?a como este?
- Pues muy lejos, en Madrid.
- ?No ser? una roja de esas que est?n impidiendo el avance nacional?
- ?Qu? dices!, mujer, es muy cristiana y est?, bueno, estaba de vacaciones con sus padres en un pueblo cercano a la capital.
- Ah, ya y ?no puede volver?
- ?Es que no sabes que no se puede ir ni venir a Madrid por ning?n sitio?
- Ya me figuro, bueno ?por qu? no nos lo pasamos bien, a lo mejor tu novia no regresa nunca, yo soy Rosa, Rosa Amores-dijo la descarada, con rin-tin-tin.
- Yo de amores ando muy desgraciado-argument? Roberto- pero de Moral, ando muy bien me apellido Morales.
- Est? bien, tomemos otra copita y vamos a comer las uvas a la Plaza Mayor, que creo que habla, el Capit?n General esta noche desde la terraza.
....

Todos los hombres buscan la verdad, pero algunos se niegan a reconocerla.

Publicado por Lanzas @ 13:12
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Domingo, 05 de febrero de 2006
La lecci?n de Do?a Mercedes.

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Do?a Mercedes se despert? como todos los d?as con el ruido de la radio que le conectaba su marido. Eran las siete en punto de la ma?ana. No era preciso que se levantara tan pronto, porque su lugar de trabajo estaba como a diez minutos en coche desde donde viv?a, pero le gustaba preparar bien los desayunos de sus hijos antes de irse y aunque su marido la ayudaba, porque entraba algo m?s tarde a trabajar casi a diario, no quer?a que luego Merceditas la dijera, que si su pap? le hab?a puesto el pan sin tostar o que s?lo le meti? una rodaja de jam?n cocido o que Pablito le dijera que si ?l quer?a los donuts del d?a y no bocatas de pan duro.
Bueno, pues Do?a Mercedes se arregl? concienzudamente, como todos los d?as, duch?ndose, pein?ndose su rubio cabello, pint?ndose los ojos con bordes negros y sus labios rojos, que repasaba despu?s de tomarse el consabido caf?.
Dio un beso a los ni?os y a su marido le dijo: ?Hasta al mediod?a, compra pan y agua mineral y no se te olvide tomarte la pastilla de la tensi?n, amor m?o?.
- De acuerdo, tambi?n comprar? a la vuelta un poco de queso, que nos falta- respondi? el displicente marido, acostumbrado, como buen var?n domado a hacer la santa voluntad de su esposa, aunque a sus espaldas luego se comprara vino, licores y chocolate, totalmente prohibidos en aquella casa.
Do?a Mercedes sali? a la calle y cogi? su coche, pagado en muchas mensualidades, pero buen coche y con el que hab?an viajado ya a montones de lugares sin problemas, porque ya le dijo a su marido: ?M?s vale comprar un buen coche de importaci?n, que un cacharro de esos que nos deje tirados a las primeras de cambio?. Al llegar a la entrada de su lugar de trabajo un grupo de mujeres, que permanec?a en los alrededores comentaban por lo bajo. ?Ya est? aqu? esta presuntuosa, llega dos minutos tarde y ni se inmuta?, y esto otro dijo una: ?A mi ni?o lo voy a cambiar con otra, como pueda, porque esta les cuenta demasiadas cosas raras?.
Ella no percib?a nada de lo que dec?an, pero se lo imaginaba e incluso cosas peores, pero le daba lo mismo, si no se lo dec?an a la cara, le daba lo mismo.
Ya dentro del edificio, se dirigi? a su habitaci?n de trabajo de la primera hora, no sin antes toparse con el Director del Centro, que la dice: ?Hay que llegar a la hora en punto, que la Asociaci?n se queja de sus retrasos?. ?Pero si en dejar el coche y entrar se pasan dos minutos al menos. ?Esos qui?n los paga??
Al traspasar la puerta, una papelera le cae casi en la cabeza, y s?lo porque a?n ten?a buenos reflejos, que sino le caen un mont?n de papeles en la cabeza y quiz?s otras cosas.
-?Qui?n ha sido el gracioso?- indaga, entre el alboroto existente en la habitaci?n, donde unos r?en, otras lloran? de risa, claro y algunos esconden cigarrillos y porretes debajo de las mesas.
- Yo, pero no puedes hacer nada, porque no puedes probarlo- dice uno entre la chirigota de los dem?s
- Bueno, pues ve al Director de mi parte- dice casi con miedo, Do?a Mercedes.
- El Director me la trae floja- contesta el interfecto.
- Veamos, el delegado, ?qui?n es el Delegado?- inquiere Do?a Mercedes.
- Yo, se?orita, yo desde ayer, porque el otro era un pelota- salta uno muy renegrido, no por nacimiento, sino por falta de limpieza.
- Bien, pues vaya a buscar al director, porque hay un joven que me ha ofendido- dice con energ?a Do?a Mercedes.
- Pues ahora te vas a enterar, bruja del demonio, por acosarme sin motivo, te van a expulsar.-contesta el supuesto Delegado
- Bueno, bueno voy yo a hacerlo- exclama Do?a Mercedes.
Y al salir de la habitaci?n una jovencita intenta ponerla la zancadilla y otra la empuja de forma que casi la desequilibra.
Por fin llega al despacho del director, no sin sortear a unos cuantos j?venes que corren por los pasillos y a algunos m?s mayores detr?s de ellos, intentando tomar nota en unas libretillas de los nombres de los que son. Entra y dice:
- Eduardo, me ha sido imposible empezar siquiera la clase de Lengua espa?ola de hoy, un gamberro me ha tirado la papelera y otro? y otra,?
- Espera, espera, que estoy con estos otros de ayer, a ver si entre la Jefa de Estudios y yo llamamos a alg?n responsable, porque sus padres no est?n nunca en los tel?fonos que nos dieron y agredieron a Don Luis en Matem?ticas de 4?. Espera.

Y Do?a Mercedes sali? a respirar el aire puro, debajo de un cartel que rezaba:
Instituto de Educaci?n Secundaria.
Junta de Andaluc?a- Consejer?a de Educaci?n.
- ?Que paradojas!- pens?.

Este art?culo se lo dedico a tantos y tantas profesores y profesoras(lenguaje correcto de la Junta) que soportan todos los d?as a unos adolescentes y jovenes que est?n totalmente sin disciplina alguna.

Publicado por interazul @ 19:31
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