Martes, 21 de febrero de 2006
LOS GORRIONES (EL FINAL)

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La ceremonia f?nebre hab?a terminado. Unas flores, cuyos p?talos se esparc?an sobre la lustrosa l?pida, semejaban l?grimas sobre los brillantes nombres en dorado de los que all? descansaban.

Los hijos y amigos de la anciana caminaban hacia la salida del camposanto bordeado de hermosos ?rboles, hablando en voz baja deseosos de que todo aquello acabara de una vez.
Hab?an tenido que desplazarse desde lejos y ahora ten?an ante ellos el problema de vender la casa paterna y repartirse el importe de la venta entre los tres hermanos.
En la puerta de la morada final despidieron amablemente a sus allegados y se encaminaron a un coche de magn?fico aspecto que les esperaba estacionado cerca de la entrada.
Cuando hubieron subido al autom?vil, ?ste se encamin? hacia la carreterita que conduc?a a la que fuera la casa en la cual los ocupantes vivieron su adolescencia.

Llegaron a la peque?a calle sin salida donde estaba ubicada. El perro les salud? con fuertes ladridos al percibir su presencia.
Los hermanos bajaron y el mayor introdujo la llave en la cerradura. Entraron en silencio.
La casa vac?a gritaba la ausencia. El perro hab?a callado, a los gatos no se los ve?a y a los gorriones ya sin ama, no se les o?an sus gorjeos.

Pasaron al espacioso sal?n y se acomodaron en un sof?. La menor de las hermanas dec?a:
-Yo no quisiera vender esta casa. Aqu? hemos vivido cuando ?ramos muy j?venes y hemos sido muy felices?
-?No!, d?jate de sentimentalismos, Cristina - le ataj? el mayor - . Con qu? objeto vamos a quedarnos con esta casa si todos tenemos ya residencia de verano. Aparte que sale bastante cara mantenerla. No, hay que tratar de venderla cuanto antes.

El que as? hablaba, mir? hacia un lado de la pared y vio colgados en ella fotos de ?l vestido de marino, del tiempo de su servicio militar en la Base Naval de Rota; la hermana mediana estaba tambi?n muy guapa acompa?ada de su actual marido en el d?a de su boda; y la peque?a colgaba en otra foto vestida de largo y con una bella sonrisa en el d?a de su graduaci?n.
Todos estaban all?, aunque ellos hac?a mucho tiempo que dejaron de visitar a la madre.
Al mirar todas aquellas fotos ricamente enmarcadas sintieron algo desagradable en su interior. Ellos no hab?an sido olvidados.
Se levantaron y decidieron visitar las distintas dependencias. Pasaron al dormitorio de la madre ausente. Sobre un chiffonier, un cuaderno de pastas viejas se ofreci? a la vista de los hermanos. El mayor lo abri? y con sorpresa vio que era suyo. Una especie de diario que ?l hab?a escrito en sus a?os de Instituto. No ten?a idea de c?mo hab?a ido a parar all?.
Abri? el cuaderno por el final; asombrado vio que la madre hab?a escrito algo all?.

?Querido hijo, aunque t? parece que ya me olvidaste, yo no he podido conseguirlo, ni tampoco lo he intentado. Te quiero como el primer d?a que te vi.
Siempre hice las cosas lo mejor que supe, lo cual no quiere decir que no me haya equivocado. S? que en alg?n momento te he decepcionado, lo s?, pero me gustar?a que pusieses en una balanza mis fallos y mis errores contigo, en un platillo, y en el otro, todo lo que te he dado y no me refiero a cosas materiales. ?De qu? lado se inclinar?a el fiel de la balanza?
Ya no importa, s?lo importa que sepas que te quiero, aunque hace muchos a?os que parece que me olvidaste.
Seguro que si alg?n d?a lees estas l?neas, yo ya no estar?; no lo sientas. Hace mucho tiempo que mi vida carec?a de sentido.
Vosotros, mis hijos, fuist?is lo que la dio sentido, el "Norte" que siempre anduve buscando desesperadamente. Una vez que os perd?, mi vida se cay? a pedazos.?

El joven deposit? con sumo cuidado su antiguo cuaderno en el mueble mientras una inoportuna l?grima descend?a por su mejilla.
Sali? solo al jard?n, y a la derecha, tras la puerta de barrotes de hierro, el perro en pie, expectante, mir?ndole con sus maravillosos ojos color miel, parec?a dirigirle una muda pregunta:
-?Qu? vas a hacer ahora conmigo?
El desasosiego se apoder? del hombre que gir? su mirada hacia las copas de los ?rboles que su madre plantara. Sus frutos colgaban magn?ficos, pero lo que m?s le llam? la atenci?n fue que decenas de gorriones estaban posados en sus ramas.

Entr? precipitadamente al interior. Pas? por la puerta del que fuera el despacho de sus padres. La abri? y penetr? en ?l. Todo aparec?a en perfecto orden, limpio, cuidado.
Ech? una ojeada a las estanter?as repletas de libros, muchos de los cuales ?l hab?a le?do.
De repente sus ojos fueron captados por un libro cuyo tomo parec?a no encajaba en el conjunto. Se acerc? y lo tom? en sus manos. La emoci?n le embarg? por completo.
En el lomo se le?a: ?Caracterizaci?n de canal para ADSL HDSL.? Su nombre a continuaci?n. ?Era su proyecto de fin de carrera!
La madre lo hab?a guardado amorosamente coloc?ndolo en un lugar preeminente al lado de grandes libros como La Biblia.

Y de repente, entendi?. Lament? profundamente su conducta con aquella mujer. Pero, ya era tarde, muy tarde.
Ella hab?a tenido aquella casa como un santuario dedicado a sus hijos a pesar del olvido.
Una oleada jam?s sentida arras? su coraz?n dej?ndolo vac?o de todo rencor.

Sali? del despacho y se dirigi? al sal?n donde las hermanas charlaban de viejos recuerdos. Tom? asiento y habl? con voz muy grave:
-?Mirad! Quiero deciros algo. Esta casa no se vende.
Las dos mujeres le miraron at?nitas. ?Qu? hab?a ocurrido? Si era ?l quien quer?a vender a cualquier precio la hermosa casa paterna.
Pero, ?y ?se cambio? ? pregunt? la mayor.
-Muy sencillo: esta casa la conserv? nuestra madre en recuerdo nuestro; yo, ahora, la conservar? en recuerdo suyo y para el cuidado de los seres que tanto amaba.
Los ojos de las hermanas brillaron como si miles de luceros se hubiesen aposentado en ellos; se levantaron y abrazaron efusivamente al hermano.

Cuando sal?an hacia el autom?vil el perro asomado a la tapia lanzaba alegres ladridos, los gatos hab?an salido no supieron de d?nde y decenas de gorriones levantaron el vuelo formando un coraz?n.
Publicado por mariangeles512 @ 22:06  | Familia
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