Martes, 21 de febrero de 2006

El cardenal RichelieuImagen
Armand Jean du Plessis, cardenal Richelieu, era un hombre de carácter violento, brutal y autoritario. Su principal objetivo fue conseguir una Francia unida y poderosa bajo el poder absoluto de la Corona Real
El cardenal Richelieu (1585-1642) es un personaje de la Historia de Francia que recordaras fácilmente, pues ha sido protagonista de multitud de películas, obras de teatro y un sinfín de relatos de aventuras. Destacó brillantemente dentro del ámbito político por su capacidad como gobernante y administrador e impulsor del absolutismo real. Fue el escritor Alejandro Dumas quién, 200 años después de su muerte, lo inmortalizó en la novela Los tres mosqueteros, (1844) con su entrañable grito de guerra “Uno para todos y todos para uno”, donde lo presentaba como el gran enemigo irreconciliable de sus héroes Athos, Porthos, Aramis y d’ Artagnan.
Richelieu empleó todos los medios a su alcance para asegurar el poder absoluto de la corona real. Imaginaros lo que supone en la actualidad implantar una ley o aplicar nuevos impuestos. Pues en aquellos tiempos era mucho peor, al carecer, entre otras cosas, de información. Los impuestos llegaron a ser insoportables a consecuencia de las continuas guerras. Las numerosas protestas eran sofocadas con gran violencia. Por estas razones, Richelieu tuvo que soportar conspiraciones, aunque sobrevivió a ellas. Murió odiado por todos.
El rey era la imagen viva de la divinidad en la tierra y la majestad real era la segunda después de la divina. Su manera de gobernar y ver la vida se resume en tres aspectos. El primero estuvo ligado a la religión y fue arruinar a los hugonotes; es decir, a los protestantes franceses, no católicos. El segundo fue conseguir la humillación y sumisión de la nobleza y el último, restablecer la hegemonía de Francia en el resto de Europa. Se le atribuyen frases que reflejan estas inquietudes: "Nunca emprendo nada sin haber reflexionado previamente, pero una vez que he tomado una determinación, voy directo a mi objetivo, si es preciso lo derribo todo y lo siego todo, y luego cubro el resultado con mi roja sotana".
Descubierto un complot que pretendía llegar incluso a su asesinato, la reacción de Richelieu fue enérgica y radical, ordenando la ejecución de varios miembros de la alta nobleza y la detención o el exilio de los personajes influyentes que habían participado en la conjura. La guerra de La Rochelle fue el otro gran asunto que ocupó su atención como estadista. La rebelión de los protestantes alcanzó un punto de enorme peligro, no ya solamente porque suponía una grave contestación a la política absolutista, sino también por la ayuda que estaban recibiendo los sublevados de los ingleses, concretada en la participación activa y en la presencia en territorio francés de fuerzas extranjeras.
Hijo del duque de Richelieu, tuvo una esmerada educación, destacando en los estudios filosóficos. El rey Enrique IV de Francia le orientó para que siguiera la carrera eclesiástica. En 1607, Richelieu fue a Roma a recibir el sacramento del sacerdocio. El Papa, le preguntó antes de hacerle obispo: “¿Tenéis la edad requerida para recibir esta gracia?” A lo que él respondió que sí. Fue ordenado, aunque, tras acabar la ceremonia, el joven prelado quiso pedir perdón al Santo Padre y le confesó: “Os mentí Santidad, pues no tengo la edad que dije” Ante esta situación, el Papa Paulo V sonriendo, exclamó: “ Questo Giovane sará un gran furbo”. Traducido a nuestros días, pronosticaba, que en breve, sería un pájaro de cuidado. Richelieu adquirió prestigio como predicador y teólogo, gracias a su capacidad oratoria en sus sermones y la delicada forma con que trataba los asuntos.
En cierta ocasión se encontraba acosado por una persona que le solicitaba audiencia insistentemente. Al no poder retrasar más tiempo dicho encuentro el cardenal accedió a la cita. Una vez en el despacho, el ministro le reprochó su insistencia y pesadez. El caballero justificándose dijo: “Excelencia, comprended que también yo tengo que vivir”. A lo que le replicó el ministro todopoderoso: “No veo la necesidad de ello, señor”.


Publicado por Lanzas @ 20:31
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