Jueves, 16 de febrero de 2006
La sospecha

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Mario era un hombre muy trabajador y muy hogare?o, en cuanto el trabajo se lo permit?a.
Viv?a feliz con su mujer y sus hijos desde hac?a muchos a?os, ya no recordaba ni cuantos. Hab?a habido problemas, casi imposibles de evitar por asuntos puntuales, pero siempre se hab?an arreglado.
Pero la historia que le ocurri? le estaba marcando la vida y la convivencia. No se negaba a aceptar un nuevo trabajo, aunque le privara de un poco m?s de cari?o en el hogar. Era un aparejador muy reconocido y todas las obras le sal?an francamente rentables para sus promotores e interesantes para los compradores.
Los proyectos le llenaban su oficina y un d?a al llegar a su casa, su mujer, Alicia, le esperaba con una sonrisa, que ?l conoc?a como maliciosa.
-?Me enga?as con otras mujeres?-le espet?.
-?C?mo dices, Alicia?-no acertaba a entender, como, ?l, que no hab?a sido capaz de estar con ninguna mujer desde que se cas?, y no por falta de oportunidades, sino porque la adoraba a ella, pod?a ser cuestionado en este tema.
- Creo que pasas mucho tiempo fuera de casa y no nos aporta tanto beneficio como deber?a y eso es porque, seg?n me han dicho unas amigas, me enga?as con otras- sigui? la mujer.
-Pero, yo te juro, que no he estado con ninguna, m?s que contigo, y el trabajo me acapara el resto del d?a. No quiero pedir demasiado por los proyectos y como hemos comprado varias casas y realizado a su vez nosotros, muchas obras y algunos viajes y no privamos a nuestros hijos de ning?n capricho, al final nos lo gastamos todo- se defend?a Mario, que estaba qued?ndose p?lido al verse tan incomprendido.
-?Ya, pero ahora creo que me has enga?ando en muchas cosas!-continu? una Alicia, de pronto desconocida para ?l.
- Bien, contrata un detective o haz lo que creas oportuno y ver?s que est?s equivocada, y s?lo es que te dio un mal viento en la mente, ?hazlo, por favor! No podemos seguir as?.
Mario no acertaba a entender lo que le estaba pasando a su mujer. Hab?a dedicado toda su vida a su familia y al trabajo. El mundo se le derrumbaba y empezaba a no tener sentido nada de lo que hab?a sido su forma de entender la vida.
Ese d?a ya no se hablaron m?s y al d?a siguiente, despu?s de desayunar le dijo a su mujer:
-Tienes que contratar a un detective y que indague sobre mi vida. No se puede vivir con esa sospecha- y sin decir nada m?s se fue de la casa al ?maldito? despacho.
Ya su trabajo empez? a parecerle in?til, sin sentido y como si no valiera para nada.
-Don Mario, ?qu? hago con don Luis Trabancos, el de la obra de la Urbanizaci?n de las Acacias?-le dice su secretaria-lleva diez minutos esperando.
Mario, de pronto no sab?a que decir. Sus ideas antes tan claras y precisas se estaban diluyendo en un mar de confusiones.
-Dile que le llamar? m?s tarde- al fin contestaba a su secretaria.
En los siguientes meses se notaba seguido y observado. Sin duda Alicia hab?a contratado un detective para estar segura de que ?l no ment?a.
Se estaba deteriorando en su forma de vestir, antes pulcra y atildada y cuando llegaba a casa apenas cruzaba con su mujer unas frases, que acaban en alguna discusi?n. Los trabajos empezaron a escasear por su indolencia y no terminaba nunca unos planos pendientes hac?a mucho tiempo.
Se notaba enfermo y mascullaba:
-?C?mo es posible que ella dudara de mi?
No la hab?a mentido ni enga?ado nunca y se sent?a enfermo. Fue de m?dicos y le mandaron varias medicinas y hasta tuvieron que operarle de unos abscesos, que parec?an obra del sufrimiento m?s que org?nicos.
Y un d?a, sin mediar palabra con nadie se fue de la oficina a media ma?ana y con su coche se dirigi? al gran ca??n, d?nde el agua cae desde una altura de unos cincuenta metros y se sepulta en una cola de espuma y piedras en el fondo del tramo del r?o salvaje, abrupto y seno de piedras grandes. Sin frenar, se llev? por delante la valla que serv?a de protecci?n a los turistas y entre un chirrido de chapas y de catarata acuosa, el veh?culo y el hombre se fundieron en un abrazo mortal sin remedio.
A los dos d?as fue encontrado a m?s de dos kil?metros, donde el agua se remasa y acoge en los meandros a las arenas, antes rocas fuertes y luego mansas piedrecillas d?nde revolotean p?jaros y peces. Apenas se le reconoc?a y su rostro ten?a dibujada una gran mueca de dolor y desesperaci?n.
Ese mismo d?a, un tal Leopoldo Landrover llam? a la puerta de la desconsolada esposa, desconocedor de la tragedia, con un informe detectivesco sobre Mario L?pez Fraguas, que en resumen dec?a as?: ?De la oficina de detectives de Landrover&c?a, para Alicia Campoamor.
El Sr L?pez ha mantenido una conducta intachable hasta hace dos d?as que hemos perdido su rastro. Todas las personas consultadas han manifestado que en su trabajo no hac?a m?s que mencionar a su esposa, como la persona m?s maravillosa que exist?a en el mundo. Es m?s, cuando alguna mujer se le insinuaba, y hay varios testigos de ello, el siempre bromeaba diciendo: Cuando mi mujer me traicione me suicidar?, porque yo no soy capaz de hacerlo mientras ella sea mi esposa y viva conmigo. Tiene en su despacho una gran foto de su esposa y sus hijos y se ha comprobado que ha realizado muchos gastos en regalos para ellos.?
El informe conclu?a: ?Pocos esposos hoy son tan cumplidores y amantes de su propia mujer. No sabemos el por qu? su desaparici?n desde hace dos d?as, por no poder seguirle tan r?pido como mont? en su coche, pero lo averiguaremos.?
Publicado por Lanzas @ 23:32
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