Domingo, 05 de febrero de 2006
La lección de Doña Mercedes.

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Doña Mercedes se despertó como todos los días con el ruido de la radio que le conectaba su marido. Eran las siete en punto de la mañana. No era preciso que se levantara tan pronto, porque su lugar de trabajo estaba como a diez minutos en coche desde donde vivía, pero le gustaba preparar bien los desayunos de sus hijos antes de irse y aunque su marido la ayudaba, porque entraba algo más tarde a trabajar casi a diario, no quería que luego Merceditas la dijera, que si su papá le había puesto el pan sin tostar o que sólo le metió una rodaja de jamón cocido o que Pablito le dijera que si él quería los donuts del día y no bocatas de pan duro.
Bueno, pues Doña Mercedes se arregló concienzudamente, como todos los días, duchándose, peinándose su rubio cabello, pintándose los ojos con bordes negros y sus labios rojos, que repasaba después de tomarse el consabido café.
Dio un beso a los niños y a su marido le dijo: “Hasta al mediodía, compra pan y agua mineral y no se te olvide tomarte la pastilla de la tensión, amor mío”.
- De acuerdo, también compraré a la vuelta un poco de queso, que nos falta- respondió el displicente marido, acostumbrado, como buen varón domado a hacer la santa voluntad de su esposa, aunque a sus espaldas luego se comprara vino, licores y chocolate, totalmente prohibidos en aquella casa.
Doña Mercedes salió a la calle y cogió su coche, pagado en muchas mensualidades, pero buen coche y con el que habían viajado ya a montones de lugares sin problemas, porque ya le dijo a su marido: “Más vale comprar un buen coche de importación, que un cacharro de esos que nos deje tirados a las primeras de cambio”. Al llegar a la entrada de su lugar de trabajo un grupo de mujeres, que permanecía en los alrededores comentaban por lo bajo. “Ya está aquí esta presuntuosa, llega dos minutos tarde y ni se inmuta”, y esto otro dijo una: “A mi niño lo voy a cambiar con otra, como pueda, porque esta les cuenta demasiadas cosas raras”.
Ella no percibía nada de lo que decían, pero se lo imaginaba e incluso cosas peores, pero le daba lo mismo, si no se lo decían a la cara, le daba lo mismo.
Ya dentro del edificio, se dirigió a su habitación de trabajo de la primera hora, no sin antes toparse con el Director del Centro, que la dice: “Hay que llegar a la hora en punto, que la Asociación se queja de sus retrasos”. “Pero si en dejar el coche y entrar se pasan dos minutos al menos. ¿Esos quién los paga?”
Al traspasar la puerta, una papelera le cae casi en la cabeza, y sólo porque aún tenía buenos reflejos, que sino le caen un montón de papeles en la cabeza y quizás otras cosas.
-¿Quién ha sido el gracioso?- indaga, entre el alboroto existente en la habitación, donde unos ríen, otras lloran… de risa, claro y algunos esconden cigarrillos y porretes debajo de las mesas.
- Yo, pero no puedes hacer nada, porque no puedes probarlo- dice uno entre la chirigota de los demás
- Bueno, pues ve al Director de mi parte- dice casi con miedo, Doña Mercedes.
- El Director me la trae floja- contesta el interfecto.
- Veamos, el delegado, ¿quién es el Delegado?- inquiere Doña Mercedes.
- Yo, señorita, yo desde ayer, porque el otro era un pelota- salta uno muy renegrido, no por nacimiento, sino por falta de limpieza.
- Bien, pues vaya a buscar al director, porque hay un joven que me ha ofendido- dice con energía Doña Mercedes.
- Pues ahora te vas a enterar, bruja del demonio, por acosarme sin motivo, te van a expulsar.-contesta el supuesto Delegado
- Bueno, bueno voy yo a hacerlo- exclama Doña Mercedes.
Y al salir de la habitación una jovencita intenta ponerla la zancadilla y otra la empuja de forma que casi la desequilibra.
Por fin llega al despacho del director, no sin sortear a unos cuantos jóvenes que corren por los pasillos y a algunos más mayores detrás de ellos, intentando tomar nota en unas libretillas de los nombres de los que son. Entra y dice:
- Eduardo, me ha sido imposible empezar siquiera la clase de Lengua española de hoy, un gamberro me ha tirado la papelera y otro… y otra,…
- Espera, espera, que estoy con estos otros de ayer, a ver si entre la Jefa de Estudios y yo llamamos a algún responsable, porque sus padres no están nunca en los teléfonos que nos dieron y agredieron a Don Luis en Matemáticas de 4º. Espera.

Y Doña Mercedes salió a respirar el aire puro, debajo de un cartel que rezaba:
Instituto de Educación Secundaria.
Junta de Andalucía- Consejería de Educación.
- ¡Que paradojas!- pensó.

Este artículo se lo dedico a tantos y tantas profesores y profesoras(lenguaje correcto de la Junta) que soportan todos los días a unos adolescentes y jovenes que están totalmente sin disciplina alguna.


Publicado por interazul @ 19:31
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