Mi?rcoles, 16 de noviembre de 2005
El chupinazo

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Uno de los días más señalados en el Colegio era el de su Santa Patrona, la Ntra. Sra. de Lourdes. Ese día se iba a misa a primera hora, a las nueve de la mañana y el resto de la mañana nos dedicábamos a jugar en el patio en todo tipo de deportes, más o menos organizados.
Como la fecha lo merecía nos llevamos un balón de reglamento para chutar con ganas y dejarnos de pelotas de goma, que eran un incordio y allí empezó la tragedia. Al lanzar a puerta vacía, ya que el cancerbero tenía miedo de ser derribado por el potente chupinazo que enganchábamos cada dos por tres, el balón impactó en la ventana de la vecina de enfrente. Seguramente aunque el descuidado portero hubiera estado cumpliendo su misión, hubiera ocurrido lo mismo, pues el chupinazo fue de órdago. Salió por encima de la valla del Colegio, que acaban de pintar para las fiestas de la Patrona y cruzó como un obús por encima de ella, cruzando la calle próxima y ¡zás!. ¡Cras!.
Los añicos de los cristales les vimos precipitarse a la calle y enseguida una mujer vociferante se asomó a lo que había sido ventana profiriendo toda clase de improperios, creo que incluso contra los curas.
El responsable del chupinazo se escondió como pudo en al capilla del Colegio y empezó a rezar un rosario en honor de la Patrona.
La señora de enfrente, para entendernos, no quería dejar la cosa así y se fue a entrevistar con el Hermano Director de los que ella calificaba de salvajes. La búsqueda empezó. Se preguntó por quién había autorizado utilizar el balón de reglamento, y salió como tal, el Hermano Cruces (le llamábamos así porque siempre estaba haciéndose cruces, era joven y se escandalizaba enseguida con nuestros dichos malsonantes) y dio con el que había aportado y era el dueño del balón y como los castigos aquél entonces, no eran para asumirlos, aún siendo uno el responsable, ¡sin serlo no te digo!, así que no dudó en acusar al que había lanzado con tal tino el misil.
¡Estaba perdido!. Mis padres tendrían que pagar la ventana, y yo tendría que estar castigado al menos durante los cuatro próximos años sin propinas ni salidas. ¡Era demasiado!. Y la inventiva, que también era pareja, por aquellos tiempos, al nivel de los castigos(¡bendita picardía!) actúo:
-Verá Hermano, yo chuté el balón, pero el gitano que pasaba por la calle empalmó el chupinazo final y por eso subió tan alto. Yo sólo soy responsable de que saliera por encima de la valla.
-¿Cómo y quién es ese gitano, que dice?
-Es cosa de la policía. Yo no se donde vive el atrevido.
-Pero, ¿Le conoce?.
-Ya lo creo, me robó las botas la semana pasada al salir del Colegio.
-Ah!. -Terció la vecina damnificada- es el hijo de los que viven en el corralón de San Blas. ¡Lo que me faltaba!.
-Bueno, no se preocupe, le pediremos las quinientas pesetas de la ventana en cuanto lo encontremos.
Y así se pasaron los días y los meses y la señora, al llegar el crudo invierno, tuvo que colocar la nueva ventana por su cuenta y yo salvé mi trasero por esa temporada y naturalmente las salidas los domingos y las propinas de al menos cuatro años.


Publicado por interazul @ 18:51
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