S?bado, 05 de noviembre de 2005
Soy una espina

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Estoy tirada en un rinc?n de una calle cualquiera de una ciudad costera. La gente pasa por encima de m? y ni se enteran, pero yo no soy una espina cualquiera: soy una gran espina.
He estado clavada en mitad del coraz?n de una mujer por muchos a?os. La he hecho sangrar a chorros y sufrir todo este tiempo.
Me clav? en su pecho hace a?os, una fr?a y nebulosa ma?ana de noviembre de una ciudad oscura y alta, nada parecida adonde ahora me hallo tirada.
Aquella ma?ana la mujer en cuyo pecho he vivido por largos a?os, se levant? y despu?s de asearse fue a coger a su peque?a hija para alimentarla. Cuando sus manos tocaron el cuerpecito algo muy raro not? esta mujer que ya no supo si encender la luz de la habitaci?n o subir las persianas, lo que menos tiempo le llevara.
Encendi? la luz y se llev? las manos a su boca al mirar a su hijita. Algo muy, pero que muy extra?o le hab?a sucedido.
Aparec?a inerme, su cuerpecito no respond?a a los movimientos ni a la voz de la madre. Tuvo un terrible presagio pero lo desech? al instante.
Se inclin? sobre ella y acerc? su boca a la de la peque?a intentando insuflarle su aliento cargado de vida para ver si pod?a devolver el mismo a su hija.
Hizo este gesto varias veces como se lo hab?an ense?ado en sus tiempos de estudiante, pero de nada le sirvi?.
Llam? a la joven que le ayudaba en la casa:
-?Por favor! Llama a mi marido, a la ni?a le ha ocurrido algo muy grave.
La muchacha toda nerviosa no daba con el n?mero ni sab?a hacer la llamada. La madre loca de ansiedad tom? ella el aparato y llam? al padre de la peque?a que yac?a en su cunita y con voz extra?amente serena a pesar de la angustia dijo:
- ?Carlos! ven a casa. Creo que la ni?a peque?a ha muerto.
Un grito se oy? a trav?s de la l?nea telef?nica:
-?Oye! ?Est?s loca?
-No, no estoy loca, ven a casa.
Volvi? a la habitaci?n donde estaba su hija. Cogi? sus manecitas y por primera vez se enfrent? con la muerte. Ella, que desde que ten?a catorce a?os le hab?a espantado la noci?n de la muerte, ahora la ten?a ante s? y materializada en su hijita. Una intensa sensaci?n de vac?o, de impotencia y de dolor la invadi?. Dej? caer las manitas, tan peque?as, tan tiernas de su peque?a
Y fue ah? cuando yo empec? a clavarme en ese pecho en el que a?n aleteaba un rayo muy d?bil de esperanza.

Lleg? el padre, cogi? a la hija y en compa??a de una caritativa vecina se la llev? al ambulatorio m?s cercano.
La madre rogaba al buen Dios para que el coche tardara en aparecer por la calzada que se divisaba tras los cristales de aquella ventana del sal?n de la casa, desde la cual se divisaba toda la plaza, eso significar?a que la estaban tratando en el peque?o hospital.
Pero eso no ocurri?. Al cabo de un tiempo que yo no s? precisar apareci? el coche.
El padre con la hija entre sus brazos le dijo a la madre con voz muy grave.
-Ten?as raz?n. La ni?a ha muerto ?y la deposit? en su cuna.
-Pero ?qu? es lo que le pasado?- pregunt? con voz queda la madre.
-Le han llamado muerte s?bita del lactante en la cuna.

Esta mujer en cuyo pecho me he alojado ya no quiso ver m?s a su peque?a. La noche m?s negra hab?a ca?do sobre ella. No pod?a hacer ya nada por su hija y la visi?n de la ni?a le romp?a su coraz?n de madre.
Esta mujer hab?a conservado una extra?a calma mientras crey? que a su peque?a le hab?a dado alg?n ataque pero cuando vio regresar el coche en el que hab?a sido transportada que la devolv?a sin vida, cay? en el pozo m?s negro que nadie pueda imaginar.
Lo s?.
La he acompa?ado por largos a?os.
Ha querido mirar el paisaje y no ha visto los colores. Ha querido seguir viviendo y no ha hecho sino respirar. Ha querido trabajar y su mente estaba fuera de all?.

Ten?a dos hijos m?s. Les miraba y yo sab?a que si viv?a era por y para ellos, pero que su vida en s? carec?a de sentido. Hasta perdi? la Fe. Estaba clavada en su coraz?n. Sab?a muy bien lo que sent?a.
Al cabo de unos a?os terribles en los que crey? morir mil veces decidi? tener otra hija. Y la tuvo. Una hermosa ni?a que la colm? de felicidad aunque nunca el lugar de aquella otra fue ocupado.
Y el hermoso tiempo y la enorme voluntad de esta mujer fueron haciendo su labor y un d?a not? que me desprend?a de este pecho y ca?a suavemente en una acera de una calle cualquiera de una ciudad con olor a mar.


Con cari?o a todos los padres que han perdido un hijo.


Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, mi vida no habr? sido en vano
( Martin Luther King)
Publicado por Lanzas @ 18:59
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