Martes, 01 de noviembre de 2005
La boda

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El día soñado, después de varios años de noviazgo y no antes de terminar sus estudios y comenzar a trabajar ambos, llegó. La Boda tenía que ser una celebración en la que todos los familiares y amigos fueran partícipes de la felicidad que querían compartir. Se invitó a más de cien personas y se reservó la Iglesia de San Andrés para las 13 horas del día señalado.
A las 13.15 el cura se acercó al novio y le preguntó de forma algo macabra: -A las 13.45 tengo un funeral, si no aparece la novia tendremos problemas.
- No se preocupe, es que el tráfico es muy intenso, pero está llegando.
Efectivamente, el coche suntuoso, que la traía junto a su hermana, que era la madrina, apareció a los pocos minutos. Su vestido blanco como la nieve llevaba como adorno unas flores que cortejaban a la mejor flor del jardín. Estaba delgada, sobre todo debido al gran ajetreo sufrido con los preparativos del evento y con los últimos cursillos realizados en el trabajo. Pero era una delgadez elegante, que dejaba entrever un esbelto cuerpo y sugerentes curvas.
Al avanzar por el pasillo de la amplia iglesia, los susurros contenidos de admiración hacia su persona junto con alguna malévola mirada de alguna mujer envidiosa no empañaron su presencia, que todo lo llenaba.
El novio vestido con esmoquin azul marino con camisa blanca y lazo negro estaba algo nervioso, pero seguro de su papel. Habían meditado mucho el paso que daban. Habían estado a punto de suspenderlo por miedo a equivocarse. Tenían miedo a que los años dorados del noviazgo fueran enterrados en el matrimonio sin estímulo. Pero finalmente su deseo era vivir juntos durante todos los días de su vida, y por aquél entonces si no te casabas era casi imposible o ni se pensaba en otra solución.
Cuando el sacerdote les preguntó si se querían como marido y mujer, ambos contestaron con voz firme y casi musical: Si quiero. Se juraron amor eterno y los besos y abrazos de los familiares y amigos flotaron como flecos etéreos sobre las bóvedas de la iglesia., al final de la ceremonia religiosa.
Todos celebraron en un lujoso hotel una copiosa comida regada con vinos del lugar, que eran los mejores de España. Entre bromas y brindis llegó la hora del baile. Los novios abrazados, no podían contener su emoción. ¡Al fin eran marido y mujer y deseaban tener hijos y educarles y criarles para que hicieran el bien!.
Realmente su boda no era solamente la de dos personas que se aman y desean vivir juntos, era la boda pensando en los hijos que vendrían, como si de una familia regia se tratara. Los padres de los novios revivían sus respectivas bodas y muchos familiares cantaban de alegría al recordar las suyas.¡Qué tiempos!. La madre de él no pudo contener el llanto, seguramente al recordar la suya.
Llegada la noche se retiraron entre abrazos y gestos maliciosos a la recientemente alquilada vivienda. Allí dentro de su cama comprada con los ahorros de varios años, pudieron finalmente consumar el matrimonio. ¡Años de gran felicidad y grandes problemas les contemplaban.!


Publicado por Lanzas @ 23:56
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