S?bado, 22 de octubre de 2005
La merienda en el campamento.


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Mis camaradas de tienda, que yo recuerde eran: Eustaquio, El “vise”( que se apellidaba Sevillano, pero todos le llamábamos vise en lugar de Sevi), Pradera, López y hasta doce repartidos en nuestras literas, que no eran tales, sino lonas con patas de madera. Pero lo bueno del campamento era que no teníamos ni un solo minuto para el aburrimiento. A las ocho de mañana tocaban diana y a las ocho y media estábamos todos formados por escuadras o como se llamaran con el Jefe de escuadra a la cabeza, que ese dormía con los Jefes. Y de forma inmediata el Jefe del Campamento nos daba una arenga, según el día del calendario, pero que todas eran patrióticas y de exaltación de nuestros héroes, creo que lo llamaban “comentario a la Consigna del día”.
Después íbamos a desayunar el café con leche y el bollo de pan reciente y enseguida a cambiarnos para ir a realizar ejercicios al aire libre, que siempre, salvo los días que llovía mucho, acababan en un baño en las aguas del Cantábrico.
Después de secarnos nos preparábamos para comer, y concretamente a nosotros nos llamaban “ el pelotón de los hambrones” porque si había lentejas repetíamos y si huevos con patatas, como sobrara uno, allí paraba. Y el pan ni miga dejábamos. Y después de lavar nuestro plato metálico, cuchara y tenedor en la fuente y a veces sin jabón, pero si con arena rubia, que arrancaba toda la grasa sin más, nos mandaban a la siesta. La verdad es que nunca dormíamos, sino que nos fumábamos unos pitillos a escondidas, porque teóricamente no podíamos fumar, pero entonces era raro que muchachos de 14 años no fumaran e incluso con menos y sólo se esperaba a ser mayor de 21 para poder hacerlo sin esconderse.
La siesta solía ser el rato de una hora en el que nos contábamos batallitas entre los de la tienda y hacíamos recuento de nuestras cosas. Y algo importante: Como las tiendas no tenían cerradura, naturalmente y como aunque se suponía todos honrados, cuando estábamos haciendo deporte o de marcha, se quedaba un retén de guardia de forma rotativa entre todos los asistentes y debían dar cuenta de las incidencias.
Recuerdo que un día comprobamos que nos faltaban algunas pesetas. A uno, dos cincuenta y hasta a otro, cinco y algunos cigarrillos cuando volvimos de practicar deportes. Dimos el soplo al Jefe de centuria y de forma inmediata, el Jefe de Campamento se reunió con los de la guardia durante unos quince minutos y la verdad es que no oímos tortas ni gritos, desde fuera de la tienda, pero cuando entramos todos teníamos encima de la colchoneta lo que nos faltaba y hasta recuerdo que a mi me dejaron dos cigarrillos de más. ¡Eso era Justicia, si señor!. Ya nunca faltó nada más.
Pero voy a lo importante:
Como cuento, después de la siesta, que no era tal, de nuevo teníamos actividades deportivas, como subir a los árboles o pasar por puentes colgantes entre ellos. Y ¡claro! nos entraba hambre y al tercer día de no darnos ninguna merienda, el “vise” que era el mayor, nos dijo:
-Hay que entrar en la despensa y coger unas naranjas y algo de pan.
Y dicho y hecho. Sorteamos al que tendría que entrar por la ventan, siempre abierta, y dos más vigilarían desde fuera, por si venía alguien. Y me tocó a mi.
Salté de forma rápida por la ventana y cogí diez manzanas que pasé a los de fuera y cinco bollos. No me dio tiempo a más. ¿ de dónde salió el Jefe de Centuria? Nadie le vió, pero nos dijo:
-Deja enseguida eso de inmediato y ven conmigo a ver al Jefe de Campamento.
Recuerdo que iba rezando hasta las letanías, pensando las tortas que me iban a arrear, porque por aquél entonces iba a un Colegio de frailes como Interazul y ya ha contado como arreaban estopa.
Pero cuál sería mi sorpresa. El jefe me dijo.
-¿Por qué has entrado en la despensa sin permiso?
- Pues . Jefe, es que tenemos hambre. Estamos acostumbrados a merendar en casa cuando vamos al Colegio y aquí hacemos mucho ejercicio y no nos dan nada.
El jefe me miró de arriba abajo, y yo no recuerdo, con lo tímido que era, como fui capaz de explicarme tan bien.
-Vete con tus camaradas-dijo.
Y salí saludando brazo en alto y creo que con los dos.
Todos me asediaron:
-¿Te ha pegado?¿Te expulsan?.¡Ya verás tu padre cuando se entere! Y cosas así.
- No, no me ha tocado, me ha preguntado sólo ¿por qué lo hice?
Al día siguiente a las cinco de la tarde, todos merendamos Una naranja, un pedazo de queso y un trozo de pan y así todos los demás días.
Desde entonces creo que los camaradas me quisieron hacer un monumento junto a los mástiles de banderas. Pero yo no me dejé.
Y les digo: Esto es una realidad como la copa de un pino.
No dejé de ir ya a los campamentos durante dos cursos más y más tarde a los Albergues para universitarios. Me hice un hombre con ideales y fumé también muchos “ideales”
( cigarrillos malísimos parecidos a los famosos “celtas&rdquoGui?o y después “bisontes”.


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LA GRAN PALIZA O LA VENTOSIDAD INOPORTUNA

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Aún lo recuerdo como si fuera hoy. Tenía catorce años recién cumplidos y estaba en el último curso de bachillerato elemental, que después de una reválida daba paso al bachiller superior. Iba a un Colegio de religiosos y mis compañeros de clase, que se sentaban en los pupitres de al lado eran Paco “el larguirucho” y Manolo “el perrillo”. El uno medía ya al menos metro setenta y cinco Y el otro tenía una cara de mastín a punto de darte un mordisco. Pero todo esto es irrelevante. Lo importante es que el Profesor encargado del grupo era un tal Clemente, conocido como “Nerón”. Verán el porqué del apodo en cuanto lean este relato, y seguramente les parecerá aún mejor “Calígula” o ahora “Anibal”.
Mis compañeros y yo nos llevábamos muy bien, con decirles que nos pasábamos los exámenes y nos “soplábamos” todo lo que podíamos se darán una idea.
Pero a veces se nos olvidaba que en ese Colegio no se podía uno reírse aunque reventara de ganas y menos reírse de algún desastre que ocurriera a nuestro alrededor. Y ese día ocurrió. Creo que un exceso de garbanzos a la hora de la comida, acompañados de lombarda y de chorizo del bueno hicieron en mi vientre el efecto indeseado, Es decir, que no pude contener una gran ventosidad, que contra el tablero del asiento resonó como una bomba. Mis amigos no pudieron contener la risa y yo mismo estallé en una gran carcajada, seguramente para disimular, porque me puse más rojo que un tomate de la vergüenza.
De forma inopinada escuché: ¿ de qué se ríen, cuénteme a mi el chiste?. Era “el Nerón” que con su sotana negra raída por el roce con las sillas y la tiza de la pizarra estaba allí a nuestro lado. Las risas pararon en seco. Nadie supo dar una explicación, Es más creo que ni siquiera nos dio tiempo. Una lluvia de bofetadas a un lado y otro de la cara nos dejó sin aliento.
-Pónganse de rodillas junto al encerado- resonó el vozarrón del verdugo.
Y allí estuvimos, no la hora más larga, que aún tendré que contarles, pero si casi la más larga de la vida en el Colegio aquél. Nosotros tres mirábamos a la pizarra y “el Nerón” a nuestros caras y cada vez que se daba la vuelta para dejar de escribir en ella, seguramente, me parece ahora, al ver nuestras caras aún sonrientes por el suceso, nos arreaba dos tortas a cada uno, que ya no nos dolían.¡ Nos había anestesiado las mejillas y no sentíamos nada!.
Cuando sonó el timbre, respiramos. La clase y el suplicio había terminado por ese día. Bueno si no llegaba “el Bola” y te mandaba copiar 1000 veces “No puedo reírme en clase sin permiso” sin calcos ni fotocopias, que ni existían.
Tanto Mis amigos como yo nos recriminamos el suceso. Nadie reconoció ser el “padre” de la ventosidad, aunque todos apuntaban hacia mi.
Cuando llegué a casa, recuerdo que mi madre me preguntó:
-¿Ya has vuelto a venir corriendo del Colegio? Lo digo por lo colorada que traes la cara del sofocón.
-¡Si, madre. Si, es que tengo que hacer diez problemas de Mates, quince de Física, una traducción de latín, dos de francés y una redacción sobre “La persecución de los cristianos en al época de Nerón” y todo es para mañana!.
Así que me encerré en la habitación de trabajo y me puse a calcular como una máquina.


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Viernes, 21 de octubre de 2005
EL NOVIO DE MI AMIGA



Aquel curso me estaba resultando agotador. Clases por las mañanas, prácticas por la tarde. No tenía tiempo de nada más. Me sentía con la sensación de que perdía así algo de mi vida. Mi madre me había dicho en algún momento que dada nuestra levedad hay que aprovechar cada instante de nuestra existencia. Pensando en esto me lancé a preparar un viaje a Italia, en la que ya había estado pero con unos tíos míos. Pero, ahora quería ir con unas amigas. Solas. A ver qué pasaba. A ver si encontraba al tipo que andaba buscando sin éxito cada fin de semana.
El problema era como siempre el dinero ¡Qué bárbaro! No se puede hacer nada sin él.
Después de cavilar y cavilar, accedí a quedarme con mi pequeña sobrina, ya que mi hermana se iba de viaje a México y no quería llevarla, y me dijo que si me quedaba cuidando a la nena me daría después algún dinerillo. Pasé una semana terrible cuidando a mi sobrina que es una niña preciosa y a la que quiero mucho pero que no para un instante; pero todo fuera por el dinerillo y lo que pensaba me iba a divertir en Italia.
La verdad era que aquel verano no lo había pasado muy bien. Mis amigas más íntimas salían de forma continuada con dos muchachos y yo me había quedado un poco sola. Tenía más amigas pero las anteriores eran con las que yo más confianza tenía y más a gusto me encontraba; así pues, no había salido todo lo que me apetecía ya que más de un fin de semana no tuve con quién salir de marcha.
Cuando se me ocurrió lo de Italia pensé en una prima con la cual me llevo muy bien, casi de mi edad y otra amiga y compañera de curso. Las tres iríamos en plan de ver muchas cosas y sobre todo las tiendas. ¡Las tiendas! Con lo caro que está todo allí; más que en España. Tenía que reunir unos seiscientos euros por lo menos para poder irme; así que pensé en buscarme un trabajito que pudiera compaginar con mis clases.
Tuve suerte: el novio de una de mis más queridas amigas, la cual, por cierto estaba en Francia con una Beca para estudiar el francés, era un tipo agradable y parecía que buena persona.
Le comenté lo que deseaba y me dijo que conocía a un chico de su facultad que se encargaba de buscar estudiantes para trabajar por horas en Congresos y otros eventos, como camareras, azafatas y cosas por el estilo. Se pagaba por horas y parece que eran siete euros la hora de trabajo. Me pareció bien y acepté el trabajo del Palacio de Congresos de la ciudad en que resido.
Iba a empezar un jueves a las siete de la tarde y no sabía cuando terminaría.
El novio de mi amiga me dijo que él estaría allí el primer día para indicarme y para ayudarme en lo que pudiera. La verdad era una excelente persona.
Entré a las siete y el trabajo consistía en servir a los asistentes bebida y tapas. Fue un ir y venir sin parar, hasta las diez de la noche. Lo peor fue después de que todos se hubieron marchado el tener que recoger todos los vasos, platos, copas y restos de lo que allí se había comido y bebido. El novio de mi amiga me acompañó hasta el final e incluso me ayudó en la recogida del salón.
Cuando hubimos terminado eran las once y media de la noche.
Me disponía a salir cuando el muchacho en cuestión me dijo:
-Cris, ¿te vas sola?
-Pues sí. Voy a llamar a un taxi.
-Mira, si te parece bien, puedo acercarte a tu casa; me he traído el coche…
De repente no supe qué contestar. La amabilidad de ese chico era extraordinaria y me hacía sentirme algo molesta, no sabía bien por qué.
-¡Oye! No te preocupes. Ahora mismo llega el taxi. Ve tranquilo –dije apresuradamente notándome como nerviosa.
-¡Que no! Que no es ninguna molestia. ¡Anda sube! Y así te ahorras lo del taxi.
Caminé hacia el automóvil y cuando él abrió las puertas, entré al lado del conductor.
Roberto, que así se llama el novio de mi amiga, se sentó en el asiento del piloto y se abrochó el cinturón. Yo hice lo propio.
Arrancó con cierta brusquedad y los neumáticos se encaminaron hacia mi casa.
Durante el trayecto apenas cruzamos algunas palabras. Yo sin saber bien el motivo, tenía algo parecido a una sensación de culpabilidad. ¿Estaba haciendo algo indebido, quizás?
Giré mi cara para mirar distraídamente al joven. Era guapo y sobre todo me agradaba enormemente su forma de ser.
¡Qué suerte había tenido mi amiga al encontrarle!
Llegamos a la calle donde resido y aparcó frente a mi casa. Hice el gesto de levantarme cuando su brazo derecho se posó con firmeza sobre mis hombros. Quedé paralizada. Sentí cómo mi pulso se aceleraba y una oleada de calor invadió mi cuerpo.
Noté como su mano izquierda tomaba mi mentón y lo hacía girar hacia su rostro.
Me vi muy pequeña en sus pupilas y noté cómo sus labios se acercaban a mi boca. Quise desasirme, pero me lo impidió estrechando más el abrazo.
Su lengua penetró en mi boca y la recorrió suavemente produciéndome sensaciones que nunca antes imaginé se pueden percibir. Mi resistencia se derrumbó y mi lengua acarició la suya en un movimiento que ni sabía cómo podía yo llegar a hacer. ¡Dios mío, qué inexperta era!
Sus manos dejaron mi cara y bajaron suavemente para acariciar mis senos .Comprendí que ya no podía más y haciendo un gran esfuerzo le quité sus manos de encima y salí del coche y corriendo entré en mi casa jadeando de nervios y placer. Al mismo tiempo sintiéndome muy mal por haber cedido.
Era el novio de mi mejor amiga.
Entré rápido en mi dormitorio. No quería que mis padres me viesen tan alterada. Cuando me quitaba la ropa de calle sonó mi móvil.
-¡Hola! Cris. Perdona lo que ha pasado. No he podido evitarlo. ¡Mira! te seré sincero. Me gustas mucho, es más, estoy enamorado de ti…
No pude responder nada. A mí también me gustaba, me gustaba demasiado, pero no podía. ¡No! No podía aceptarle. Sentía una rabia enorme. Cuando al fin me gustaba un hombre y yo a él.…pero la amistad era para mí algo muy preciado. Colgué. No volvería a aquel palacio de Congresos. Ya me apañaría de otra manera para poder viajar a Italia – pensaba – mientras seguía quitándome la ropa y una lágrima descendía por mi pecho para morir en mi sujetador.


Publicado por mariangeles512 @ 13:45
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HISTORIA DE UN REENCUENTRO



¡No lo podía creer!. Las sospechas infundadas que ella había ido almacenando sin dar salida, le habían llevado a abandonarle. La vio partir al lado de su hijo mayor, en el coche de ella. Salió desesperadamente corriendo, pero doblaron la esquina a toda velocidad. Y el caso es que no sabía a dónde iban ni si finalmente era una salida momentánea.
Volvió a entrar en la casa y empezó a vagar por ella, como un ser que no acierta a encontrar su sitio. El frío del incipiente invierno le calaba hasta los huesos y aunque se abrigó con una chaqueta que sacó del armario, ni esta ni el calor que irradiaba el calefactor conseguían calentarle.
-¡Volverá!- Se dijo-Haré todo lo indecible para que vuelva y vea su equivocación. ¡Yo no la he traicionado nunca!.
A los pocos días, su hijo le dijo que ya no volvería nunca, que se había asentado en un apartamento cerca de la playa, pero no me diría cual, para que -¡No se le ocurriera ir a buscarla!.
- No está tu madre, para vivir sola- Le dijo.
- Es mejor así-le dijo el hijo, que le parecía ahora un monstruo, llegado del averno, al querer impedir su reencuentro.
En los siguientes días empezó a pensar que la vida era injusta con él. Había dedicado todos los años que habían estado juntos a intentar complacerla en todo. Habían pasado grandes momentos y muy felices intervalos. A veces discutieron, como es normal en todas las parejas, pero siempre el cariño había sido el antídoto.
La llamaba para pedirla una explicación y no contestaba, decidió seguir un plan: Ignorarla por completo y buscar otra mujer. Si había creído que la traicionaba, lo mejor es que lo viera con sus propios ojos. Si ella se enterara, seguro que trataría de impedirlo y volvería con él.
Buscó en el periódico los anuncios de mujeres que buscan pareja. Uno decía: “Busco hombre limpio por fuera y por dentro para entablar una relación seria.”
Él lo era y la llamó. Enseguida quedaron para una entrevista y en cuanto se produjo, la mujer de aspecto agradable y serio, quiso acordar tiempos para compartir paseos, comidas y espectáculos. Sin llegar a nada sexual.
A los pocos días acordaron ir a un conocido restaurante, que él sabía frecuentaba su mujer cuando le quedaba trabajo para por la tarde. Se instalaron en lugar visible para todos los que entraran. Y cuando estaban en el primer plato, apareció ella. Iba como siempre, elegante, guapa y reluciente. Él la vio nada mover la batiente puerta del local, ella ni se dio cuenta de la presencia de los supuestos amantes, como era habitual siempre iba un poco despistada, hasta que al levantar la vista para hacer una seña al maitre vislumbró la presencia de los adúlteros, según pensó.
Y cosa curiosa, desde hacía dos meses que no atendía a sus llamadas y ahora, al momento cogió su móvil y le llamó. -¿Quién es esa?- le preguntó - como todo saludo. El plan ¿había dado resultado?.
Continuará…


Publicado por Lanzas @ 1:04
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LA PRIMERA VEZ


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Sus manos se deslizaron suavemente acariciando sus piernas y los muslos le parecieron de la finura del terciopelo. Antes había acariciado sus grandes, pero firmes pechos, besándolos desde la base hasta los pezones eréctiles. Y algo antes había fundido su lengua con la de ella en una caricia indescriptible.
Pero lo de los muslos era totalmente nuevo. La piel que les cubría era de tal finura, que parecía que el paso continuado de la mano sobre ellos podría causarles algún daño.
Se entretuvo con sus caricias de forma contumaz, hasta que se decidió a bajarla las bragas que se resistían a ser quitadas de forma definitiva; pero inexorablemente cayeron. La vulva estaba caliente, ya liberada de su cárcel de tela y los pelos que la rodeaban parecían pequeños guardianes rendidos ante las caricias de los dedos un poco nerviosos, pero firmes y a la vez suaves, que agrandaban el clítoris. Los labios mayores se abrieron dejando notar los interiores, que como una flor esperaban la penetración vaginal, menos importante para el goce sexual.
La penetración posterior fue lo de menos. Lo importante estaba realizado, así al menos lo entendía él y parece que ella también. De todas maneras por fin se consumó el acto sexual en toda su integridad. El pene salió manchado ligeramente de sangre junto con los flujos vaginales, sangre que era el tributo a su decisión. Fue el acto más tierno de amor nunca realizado, al menos ellos así lo sintieron.
Después de un breve descanso, durante el cual se juraron amor eterno, comenzaron de nuevo a besarse y a acariciarse. El subir y bajar entre abrazos que recorrían todo el cuerpo de él los de ella y de ella los de él, se convirtió en un acto sin fin. Los labios del amado recorrían todo el cuerpo de ella sin apenas escalas reseñables.
Cuando llegó la madrugada, los cuerpos exhaustos pero reconfortados, decidieron calmarse para fundirse en un abrazo que les arrulló hacia un sueño inolvidable.
¡Ya nada sería igual, a partir de entonces!.


Publicado por Lanzas @ 0:56
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Jueves, 20 de octubre de 2005
LA CORREA MALDITA

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Don Serafín era un maestro muy severo, que nos enseñaba a escribir correctamente y a operar hasta con raíces cuadradas a los siete años recién cumplidos. Se paseaba entre los pupitres continuamente, arengando a los niños con frases como: “ni un respiro, mientras no termines esa división”. “ Esa palabra se escribe con h”. “Sin recreo, por poner cuatro faltas seguidas”. Bueno, el hombre tenía, a mi ver, un defecto:
Cuando alguien se levantaba sin permiso o hablaba con el niño de al lado para pedirle unos cromos o cualquier otra cosa, el llegaba y sacaba del segundo cajón de su mesa con toda parsimonia una correa. Era una correa de unos cuarenta centímetros de larga.
Seguramente restos de un cinturón que se le había quedado anticuado o algo así, porque por haber engordado no sería, ya que D. Serafín estaba más delgado que un ciempiés y mas enjuto que el Don Quijote que veíamos todos los días en el estante de la clase.
La tal correa la blandía a manera de una porra, sobre las manos extendidas de los niños que osábamos perturbar el sagrado orden del aula y de su entorno.
Y nos hacía daño. ¡Ya lo creo!. Más de un día y de una docena, llegaba yo mismo a casa con las manos más coloradas que un tomate y las disimulaba delante de mis padres, ya que por aquél entonces, si decías en casa que el maestro te había pegado, tu padre te arreaba aún más , ¡Porque algo malo habrás hecho!, La autoridad del maestro era tal, que si el padre se enteraba de que dabas la lata en clase, te dejaba sin propina durante dos domingos seguidos y no podías ni comprar cinco céntimos de pipas de girasol en el kiosco de “La marga”.
Pero un grupo de niños de los más avispados nos confabulamos un día a las once de la mañana, ya que nos quedó sin recreo y D. Serafín salió a comer una manzana al pasillo . En ese momento de descuido del celoso guardador del orden estricto, este que suscribe, aunque nunca lo reconoció de niño, a pesar de los espléndidos interrogatorios a los que fue sometido durante al menos dos semanas, corrí hacia el segundo cajón de la mesa del maestro y saqué la fatídica correa, ya grasienta y sebosa de tanto sobeteo, el mayor de ellos no deseado, y la tiré por la ventana de la clase. Con tal fortuna y esta, les juro que fue por el azar, que en ese momento, pasaba la camioneta del lechero, ya muy modernizado y la tal correa se fue a alojar entre las garrafas de la leche, por cierto relucientes de limpias y que a mí en aquél entonces me parecían de plata.
Todo transcurrió en unos segundos. Aún no me explico cual fue mi suerte de encajar justo la “asquerosa” correa en la camioneta y los tres niños castigados nos portamos después del recreo como “santos”. Y como éramos los más revoltosos, llegó la hora de salir y D. Serafín no necesitó abrir el cajón, del cual no apartábamos el rabillo del ojo durante el resto del día.
Al día siguiente a eso de las diez de la mañana el ínclito maestro necesitó abrir el lugar donde debería estar al correa, ya que un niño se le ocurrió reírse de pronto en la clase “sin venir a cuento” y fue para verlo. D. Serafín abrió y cerró el cajón, y no exagero, al menos veinte veces seguidas. ¡No podía dar crédito a lo que veía!, Bueno mejor dicho a lo que no veía: ¡No estaba la correa!, Aquella correa “pacificadora”, que tenía desde hacía más de cinco años en su clase.
Los interrogatorios se sucedieron durante dos semanas, como ya conté más arriba. Con la suerte de que como no se había percatado el día antes de su desaparición, no pudo en conciencia echarnos la culpa a los castigados del recreo anterior.
Bueno, pues les cuento. D. Serafín a partir de ese día ya no fue el mismo. ¡Ya no recuerdo que pegara a nadie, al menos aquel curso!. Ni con correa, que parece no acertó a sustituir, ni sin correa. Se limitaba arengarnos con aquello de: “¡A recitar la tabla de multiplicar!””¡A dividir niños a dividir!”.
Les cuento esto no sin seguir manteniendo un gran respeto a ese maestro, pues gracias a él, y a otros dos más, a los once añitos, pude sacar adelante el examen de Ingreso para Bachiller elemental y comenzar mi andadura por los estudios, hasta llegar, como ya les contaré, si les parece, a mis estudios universitarios, después de siete años de bachiller y cinco de carrera.Muchas risasMuchas risasMuchas risas


Publicado por interazul @ 12:39
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EL JUEGO INTERMINABLE



Cuando el director deL Colegio tocaba el timbre para que saliéramos al patio, lo hacíamos con orden, pero con prisa. Los del piso superior bajábamos la escalera como caballos trotones y aunque el maestro trataba de frenarnos, nunca lo conseguía a pesar de su desesperación.
Una vez en el patio, los mayores, que no tendrían 14 años se ocupaban de formar los equipos. Todos los equipos eran de fútbol sin excepción. A mi siempre me dejaban para el final, porque era muy larguirucho y desgarbado y sólo cuando faltaba alguno más fuerte entraba en uno de los equipos. Aquella mañana a las 11 en punto entré en el equipo de los “pelaos”. Les llamaban los pelaos, no por el pelo, sino porque siempre alardeaban de “ir pelados”, vamos sin una gorda en el bolsillo, pero siempre se las ingeniaban en los recreos para sacarles algunas perras a los más pequeños, con el cuento de que los cromos que les cambiaban eran de los difíciles y al final podían comprar chucherias en el carrillo de la esquina como los “no pelaos”.
Bien, vamos a lo que vamos: Una vez formado el equipo, nos tocaba enfrentarnos a los “rosquillas”, que eran unos tios muy grandotes y algo entrados en kilos, de ahí lo de •rosquillas”. Nada más comenzar el que me tocaba marcar me dio un empujón, sin pelota ni nada, que me mandó unos cinco metros hacia delante y por fortuna del destino no acabé cayendo sobre el duro cemento, por supuesto ese era el material del patio.
Apenas repuesto del empujón, el capitán de mi equipo, que se llamaba Paco, el “chino”, por sus ojos rasgados o al menos eso decían aunque a mi no me lo parecían tanto me llamó: ¡Gilipollas, que nos meten gol por tu culpa!. ¡Vaya!, pensé, esto defender al torpedo ese es muy difícil.
A los cinco minutos había caído al suelo unas diez veces y tenía las rodillas llenas de rasguños y hasta con un poco de sangre. Me acerqué a a fuente a lavarme un poco y echar un trago y de nuevo: ¡maricón! Que abandonas el marcaje.
Cabreado ya de tanto marcaje, tanto empujón y tanto insulto me lancé tras la pelota, que balón no era y cogiéndola con furia pasándola de un pie a otro, como había visto hacer al “Polilla”da Silva en directo, en el Campo de fútbol municipal, me planté solo ante el cancerbero contrario no sin antes derribar, aún no se como lo conseguí, a dos contrarios y desequibrarme de forma estrepitosa en otras dos. Pero marqué; marqué un gol que suponía la victoria, ya que el silbato volvió a sonar ahora para la entrada a la clase.
Saben lo peor de todo: Que nadie me felicitó ni nadie me sacó a hombros. Era mi obligación y ya está. Así lo entendían todos. Mañana otra vez a empezar, este juego no acaba nunca.


Publicado por interazul @ 12:36
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VIVO EN UN MUNDO EQUIVOCADO.


Una mañana me levanté muy temprano y miré por la ventana, a través de la cual se filtraban los primeros rayos de sol. Desayuné deprisa una tostada con aceite y me encaminé con paso decidido hacia el trabajo. Vivo como a tres manzanas del local que me sirve para el negocio y me gusta ir andando cuando el día es soleado, como aquí suele serlo.
En el portal me encontré con unos niños que salían para el Colegio con una gran sonrisa en los labios. -¿Estáis contentos, hoy?-pregunté-El más mayorcito, que aparentaba unos 10 años me contestó:
- Mucho, hoy llevamos hechos todos los deberes y la maestra nos ha dicho que nos dará un premio por ello. Y nosotros le daremos un beso.
- ¿ No os peláis en el aula o en el patio?-
- No, no, jugamos todos juntos y si alguno sufre una caída o algo así, le ayudamos entre todos y hasta le curamos.
Sorprendido por lo que contradecía a las noticias que se oyen a diario, seguí caminando como si nada. Y junto a la cafetería de la esquina vi a una pareja de un hombre y una mujer, aya maduros, de unos 45 años o más abrazándose y me acerqué: Eran los vecinos del 2º, que llevaban casados ya más de 15 años y padres de alguno de los niños que acaba de saludar.
- Buenos días; ¿se va de viaje alguno de ustedes?
- No, ni mucho menos. Es que ya sabes que ella trabaja de maestra y yo soy policía y como no nos veremos hasta la noche, queremos que todos nos vean como nos queremos y es más nos deseamos que todo vaya bien. Ya sabes, que aquí no ocurre nada relevante. Ni los niños se pelean, ni nadie atraca ni viola a nadie. Ni siquiera se pelean los maridos con las mujeres.- dijo Manolo, el vecino.
Ya esto me pareció más raro-. Las estadísticas mienten?- Me pregunté-Ayer leí que en esta ciudad todos los días hay violencia que llaman doméstica y algunos con resultado de muerte. En fin las cosas habrán cambiado.
Un poco más allá vi a una anciana ayudada por un joven a cruzar la calle, entre una vorágine de coches que se paraban de inmediato al ver el espectáculo y le decían al joven muchos conductores: ¡Así se hace, generoso!. No te aceleres. Que no tenemos prisa.
-Uff, ¡qué bonito!¡Mi arma, qué rebonito!- oí a una mujer a mi espalda.
- ¿Cómo dice? Ah, por lo del muchacho que ayuda a la señora, no.
- ¡Qué va!. ¡Sol, lo digo por ti, resalao!. Qué vas como un niño a la escuela a tu edad.-
-¡Gracias, señora, gracias!- Y eché a casi correr, de emoción.
Un poco más allá vi a un grupo de jóvenes que echaban cuentas de cómo pasar el día después del trabajo: Irían a la exposición de A, Martín, el pintor, después al cine a ver: La Pasión del Señor y más tarde a tomar unos refrescos sin alcohol al bar de Pepe.
Cuando llegué a mi local, que ya estaba abierto, por el ayudante que tengo. Me saludó efusivamente, con unos: ¡Buenos días D. Roberto!. Hoy he limpiado ya las mesas, y he ordenado todos los papeles y el ordenador le he reseteado para que vaya más rápido. Espero que después comamos juntos para charlar de cómo mejorar el negocio, que estoy muy contento con todo como trascurre.
Me iba a pellizcar, cuando de pronto sonó el despertador. Rigggg!!!¡Riggggg!. Le habla Radio Nacional!!- le tengo conectado a la radio- “Dos muertos en una acción terrorista en el barrio de…” “Un hombre apuñala a su mujer en Sevilla”. “La violencia en las aulas se dispara.”…
Decidí apagar el despertador y NO IR A TRABAJAR ESA MAÑANA.


Publicado por interazul @ 12:34
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ÉSTE, VOLVIÓ


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No podía dormir. Me sentía terriblemente excitada, nerviosa; no sabía qué iba a pasar al día siguiente: el día de mi segunda cita con un hombre después de lo sucedido.
Los amargos recuerdos de los últimos dos años se agolparon en mi mente. Había sufrido tanto con aquella enfermedad, de la que aún no salía, que prácticamente me sentía inerme ante cualquier acto desagradable que se produjera con respecto a mí.
El diagnóstico fue fatídico y hubo que operar lo más rápido posible por miedo a la metástasis. Me dieron muchas esperanzas…que había sido cogido a tiempo… que era muy pequeño…que aquello era como un bache en mi vida…
¡Sí! Fue un bache. Un terrible bache.
Después de seis meses de pasar por diversos y duros tratamientos, las pruebas hechas en cada revisión eran cada vez más optimistas. Empecé a pensar que estaba saliendo del maldito bache, aunque me advirtieron que a partir de unos cinco años es cuando se podía considerar que estaba curada si las pruebas seguían saliendo bien. ¡Cinco años! ¡Dios mío! Toda una vida para quien ha creído por días que ya todo estaba perdido.
Mi familia me apoyó en momentos tan duros y me aconsejó que saliera, que tratara de divertirme algo, que me ayudaría en mi recuperación.
Así lo hice. Cuando ya me encontraba con más fuerzas empecé a salir algún fin de semana con unas amigas.
Un sábado entramos en una discoteca para gente adulta. La música estaba a tal intensidad que no nos entendíamos cuando tratábamos de hablar.
¡Bueno! ¡Qué más daba! A esos lugares no se va a hablar, parece.
De repente, en medio de la multitud vi a un hombre que me miraba fijamente.
Era apuesto: moreno, alto, de cuerpo bien formado y rasgos nobles en su rostro. Me gustó. ¡Sí! Inmediatamente me gustó. Se acercó a mí y empecé como a temblar ¿Qué demonios me pasaba? ¡Claro! Tanto tiempo sin tener a un hombre…
Salimos de allí juntos y tratamos de hablar, de conocernos un poco.
Quedamos para el día siguiente por la tarde. Yo volví a sentirme viva y casi olvidé la terrible experiencia pasada.
Seguimos viéndonos y llegó el momento en que él me besó. Me sentí desfallecer Una sensación placentera recorrió mi cuerpo de los pies a la cabeza. Quiso tocar mis pechos, pero rápidamente mi mano derecha se lo impidió. Me miró algo asombrado. Seguro le parecí una estúpida…
Seguimos caminando hasta mi casa. Me dijo si podía subir a tomar algo…
Yo sabía lo que ello podía conllevar. Dudé. No me atrevía a hablar.
-¡Mira! Si te parece lo dejamos para otro día, hoy estoy algo cansada.
Me miró largamente y supe que no le habían agradado mis palabras aunque no dijo nada.
Pasaron algunos días y este hombre al que yo había empezado a amar y según palabras suyas él también a mí, comenzó a insinuarme de manera muy clara que deseaba que hiciéramos el amor. ¡Norma! ¿No?
Al fin y al cabo eso es lo que todos los hombres quieren de una mujer ¡bueno! y nosotras también cuando estamos enamoradas.
¡Había llegado el momento! Quedamos esa noche a cenar.
El local era muy bonito y una música latina ponía una nota romántica en el agradable ambiente. Cenamos mirándonos a los ojos y yo sintiendo que me derretía literalmente por él. Pero una intensa preocupación se apoderaba de mí por momentos. Sabía que tenía que sincerarme con él. No podía ni quería llegar al encuentro amoroso sin hablar antes.
A los postres me atreví:
- ¡Oye! Quería decirte algo…

-¿Sí? ¡Dime!
- Verás, tengo que decirte algo que me cuesta mucho…
- Bueno, no será para tanto ¿No? - preguntó él algo extrañado por el tono de mi voz.

- Creo que sí es para tanto, al menos, para mí – respondí.
- Bien, pero sea lo que sea ¡Dímelo ya! Creo que nos debemos tener confianza ¿No?
- Oye bien –dije- ¡Me falta un pecho!
Vi su cara que cambiaba de color. Miró hacia un lado y otro.
- Bueno y ¿Eso cómo ha sido?- me preguntó en voz muy baja.
-¡He tenido cáncer de mama! –le espeté sin más preámbulos.
- ¡Oh! ¡No me digas? Y ¿Cómo te encuentras? - preguntó muy turbado.
- ¡Bien! ahora ya estoy bastante bien; aunque aún no sé si estoy curada. Sólo hace dos años de esto.
Me miró muy fijamente a los ojos como queriendo ver en ellos algo que antes no había percibido. Al cabo de unos minutos de abrumador silencio dijo:
- Perdona un momento; voy a hacer una llamada.
Se levantó muy dignamente y salió tras una puerta que daba al jardín del local.
Yo me quedé allí sentada esperando verle aparecer de un momento a otro. Sintiendo que las piernas me temblaban aun sentada.
Pero, ¡no apareció! Nunca más volví a saber de él.
Durante meses caí en una grave depresión de la que veía no conseguía salir. Yo podía operarme y reestructurarme mi mama, pero aún era pronto, según me dijeron los médicos.
Pasaron otros dos años sin que en mi vida hubiera aliciente alguno, aunque ahora lo veo injusto ya que el haber sobrevivido, ya es una victoria ante esta enfermedad.
Yo, en aquellos tiempos sólo me veía como una mujer a la que se le negaba la posibilidad de serlo.
Seguí tratando de hacer una vida lo más normal posible.
Un día apareció en mi lugar de trabajo un nuevo compañero. Nos saludamos y enseguida noté algo distinto a los demás. Algo que me agradó. Emanaba de él una cierta simpatía y me sentí muy feliz el día de su llegada al centro.
Casi sin darnos cuenta empezamos a quedar. Un día a tomar un café, otro a ver cierta película otro a dar un paseo al lado del mar…
Observé consternada que me estaba volviendo a enamorar Y, ¡No podía!! ¡Otra vez no!
Yo, aún no me había operado y sentía un miedo atroz a un nuevo rechazo. ¡No! Esta vez, si es que me lo pedían no aceptaría nada, por más que yo también lo deseara.
Seguimos saliendo cada vez más a menudo y una noche sin darme tiempo a reaccionar, me besó. Y yo, como una colegiala sentí que el mundo se movía bajo mis pies…
Cuando llegué a mi casa iba totalmente trastornada. No pude ni cenar y me acosté lo más pronto que pude para no levantar sospechas en mis padres. No quería que supieran nada de esto, ya que ellos, también se disgustaron mucho cuando fui rechazada la vez anterior.
Durante esa noche miles de rostros riendo pasaron ante mí. Me desperté sudando y recordando perfectamente el sueño, que me traía malos presagios.
A la mañana, cuando el sol aún no había hecho su aparición, me levanté e hice todos los rituales que normalmente hacía para ir a mi trabajo.
Pero esa mañana tenía miedo. Miedo de verme de nuevo con ese hombre que de nuevo me había llenado mi corazón de ilusión.
¿Qué iba a pasar ahora? ¿Se quedaría todo en ese maravilloso beso o querría algo más¿ Yo sí lo quería, pero no podía…
Pensé en llamar al cirujano que me había operado para que me indicara a quién tenía que llamar para que me reestructuraran mi mama. Me sentí algo mejor. Todo no estaba perdido.
De pronto apareció. Venía muy elegante con su traje oscuro, camisa blanca y corbata granate y unos zapatos limpísimos ¡Era mi tipo!
-¡Hola! ¿Cómo pasaste la noche? – preguntó mientras me clavaba sus ojos de cielo que hacían hervir mi sangre.
-¡Bien! La he pasado bien…- dije sin mucha convicción.
¡Dios mío! ¡Qué ridícula me sentía! Yo allí, ¡temblando como un flan por aquel tipo!
- Oye, he pensado que… -no terminó sus ojos acabaron lo que sus labios no dijeron.
¡Ya! De nuevo, otra vez. Y ahora qué. ¿Qué hago ahora? ¿Le digo, ¡no! y ya?
¿Le cuento la verdad?
- Mira, quería decirte que yo… ¡te quiero! – me aclaró al ver, creo, mi indecisión.
Me quedé helada; mi sangre golpeó con furia mi rostro que noté encendido como la grana. ¡Dios! Decía que me quería. ¡Mi sueño!
-Oye, no tienes por qué decir algo que no sientas, ¿eh? –le espeté sin saber muy bien lo que decía.
-¿Cómo que no siento? ¿Acaso no lo has notado? –dijo mientras alargaba los brazos con intención de abrazarme.
-¡Quieto! Estamos en el trabajo. Alguien puede vernos – le dije con pena de no haber sido abrazada.
- Mira, no quiero que lo tomes a mal, pero estoy loco por estar contigo…
-¡No! por qué voy a tomarlo a mal, sólo que, ¿no es algo pronto?
- Para estas cosas no hay prontos ni tardes: sólo hay amor, deseo, pasión…
-¡Calla! ¡Calla! – reí sin saber por qué.
-Bueno esta noche te invito a cenar y hablamos sobre esto. ¿Te parece?
-Bueno, está bien. Luego hablaremos.
Se marchó a su puesto de trabajo. Yo estuve toda la mañana que no daba pie con bola. No sabía ni lo que hacía y mucho menos, cómo lo hacía. Pensé que de ésa me despedían.
Llegó la noche y me compuse lo mejor que supe para gustarle a él. Tenía un miedo atroz. Pero también sabía que no podía quedarme con la duda.
Iría y le diría mi situación.
El local, como la vez anterior era muy bonito y decorado con gusto. Pedí una copa antes de cenar. No suelo beber nunca, así me puse que era capaz de todo. ¡Hasta de aguantar otro rechazo!
Una vez terminada la cena, me propuso que fuéramos a su piso. ¡Había llegado mi hora!
-Perdona, -dije antes de levantarme – quiero que antes sepas algo. No quiero esperar al último momento.
- Dime ¿de qué se trata? – preguntó con interés.
- Mira, yo he tenido cáncer y me falta una mama.
Esperé. Le miré fijamente, quería ver su reacción. Me tomó las manos y depositó en ellas un dulce beso. Sentí que mis lágrimas pugnaban por salir. Me contuve. Por un momento sentí el beso como una despedida.
-Perdona un momento, tengo que ir al baño – dijo levantándose.
¡Vaya, lo mismo! ¡Qué poca originalidad!
Y yo esperaré cinco, diez, quince, veinte minutos y él no volverá.
Bueno, ya me conocía la historia.
Esperé con el alma en vilo. Cinco, diez, quince, veinte minutos. Iba a marcharme cuando una voz, su voz, me llamó:
-¡Oye! ¿Dónde se supone que vas sola?
¡Ah1 ¡Este apareció!


Publicado por mariangeles512 @ 11:55
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LO QUE NO ME DEJASTEIS SER



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¡Hola!, me llamo Silvia. Hasta hace unos días era una niña feliz. Tenía seis años. Era un domingo por la tarde. Yo jugaba con un primo que es algo más pequeño que yo y, de repente sonó un ruido muy fuerte; yo fui a llamar a mamá, pero no podía mover los labios. Me asusté mucho, porque empecé a sentir que las fuerzas se me iban y que mi cuarto se quedaba oscuro, muy oscuro. Un poco más tarde me tranquilicé, porque vi una luz muy bella y, ya no sentía miedo. Sólo paz y alegría.
Vi como mamá entraba en mi derruido cuarto y al verme se agarró la cabeza con las dos manos y gritó horriblemente. ¡Pobre mamá! Lloraba desesperadamente, como nunca la había visto llorar. Se inclinó sobre mí y me abrazó contra su pecho, mi sangre mojándole su blanca blusa. Entonces comprendí que me había ocurrido algo muy malo. Escuché gritos de que me habían asesinado. Más tarde oí algo de unos hombres de ETA o algo parecido.
Lo que más siento de todo esto, es el sufrimiento de mamá. No come ni duerme. Papá está igual. Yo lo siento también, porque este curso no podré volver al Colegio, ni a jugar con mis compañeros, que tanto me gustaba. Tampoco podré jugar con mis muñecas. Ya no podré crecer y estudiar la cantidad de cosas que me encantaban. Yo era muy pequeña y, no sabía muy bien qué quería ser de mayor. Ahora ya sé, ¡que no seré nada!
Pienso que, quizás, estos señores asesinos no han pensado las cosas que me quitaban, además de mi vida. Y, no sólo a mí, sino a mis padres también. Yo ya no sufro, pero ellos sí y de una forma arroz.
Seguro que ninguna madre de España, o casi ninguna querría estar en el lugar de la mía. Ella tiene aún su vida pero no desea vivirla. Mi partida la ha dejado vacía, sin aliciente. ¡Era su única hija!
Si mi alejamiento definitivo del lado de mis padres y de mis amiguitos, sirviera para que ya no hubiera ninguno más, casi pensaría que había valido la pena. Es que yo no me puedo ni imaginar que los hombres esos que he oído que me han matado, puedan un día mandar en su país, que yo todavía no he estudiado y quieran parecer personas serias y formales, como mis padres o mi maestra, que no me olvido de ella, teniendo las manos manchadas, pero que muy manchadas por mi sangre y la de otras muchas personas. ¡No!. No creo que nunca consigan nada, excepto hacer sufrir a muchos.
Si los que mandan en España, que de este país sí había estudiado ya algo en el cole, no hicieran gran cosa para terminar con tanto dolor, lo hará el pueblo español, que es un pueblo valiente y que fue el primero que no bajó la cabeza ante ese señor francés, napoleón, creo se llamaba, cuando quiso apoderarse de España y fue el comienzo de su fin. Creo que esto lo he leído en unos libros muy bonitos y también sale en películas por la tele.

Por lo tanto, señores de ETA, no penséis ni por un momento que vais a conseguir algo de lo que os proponéis. ¡España no os lo va a permitir!


Con mucho amor a todos los niños víctimas de los terroristas.


Publicado por mariangeles512 @ 11:48
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EL ENCUENTRO


Aquella ma?ana me levant? como ya tantas otras sin ganas de nada. Fui a la cocina a hacerme un poco de caf? y tomar un zumo de naranja. Mir? por la ventana y lo que vi no me interes? para nada. Me tome mis pastillas para la tensi?n y el colesterol y me ech? de nuevo, ahora en el sof?.
A pesar de haber tomado dos valiums no hab?a podido descansar bien; el sue?o era ahora mi enemigo. Los d?as se suced?an sin aliciente alguno y all? en aquella soledad en que me encontraba la vida carec?a de sentido para m?.
Ya no pod?a ni ir a mi trabajo, que era lo ?nico que me manten?a con algo de aliciente y norte en mi vida desde mi separaci?n. Me encontraba tan mala que no pod?a soportar las siete horas de trabajo, aunque ?ste no fuera de mucho ejercicio.
Estaba sola. Mis hijos hab?an partido hacia otras ciudades para realizar tambi?n sus trabajos y no ten?a a nadie, excepto algunas amigas, que como yo, estaban solas.
Sab?a que estaba en lo m?s profundo de un pozo, desde cuyo fondo no vislumbraba claridad alguna. Me agarraba como pod?a al borde del mismo tratando de ganar la luz, pero cada vez volv?a a caer al fondo. El vac?o era mi mejor amigo.
La psic?loga a la que acud?a cuando mi angustia era total, me hab?a aconsejado que cambiara de vida, que buscara alguna relaci?n, que me comunicara m?s con la gente, que no estuviera tanto tiempo sola. El problema era que a m? ya no me interesaba nada ni nadie .Me hab?a apuntado a una Agencia de contactos y no llegu? a conocer a nadie que me mereciera la pena. No s? si era que todos aquellos hombres val?an poco o era yo que no valoraba nada.
Cuando llegaba la noche y me met?a en mi amplia cama, era cuando mi realidad se me hac?a m?s intolerable. No ten?a miedo a los presuntos ladrones, ten?a miedo de m?.
Miedo de enloquecer entre aquellas paredes, sin un rostro que me mirase y una mano que pudiese agarrar cuando el mundo se me antojaba algo absurdo e in?til.. La idea de que no ten?a que haber nacido ganaba espacio en mi mente y la otra de que muy bien pod?a acabar con todo aquel dolor, tambi?n. Unas cuantas pastillas, bien mezcladas, un sue?o profundo y todo terminar?a?
Pero algo en m? se rebelaba de alguna manera contra esa idea. ?Por qu? no pod?a yo ser un poco, s?lo un poco feliz? Nunca lo hab?a llegado a ser .Me hab?a casado. S?, pero nunca llegu? a conocer el aut?ntico amor. Y yo quer?a haber amado, haber besado con pasi?n a un hombre, haber compartido con ?l todas mis sensaciones, mis alegr?as, mis penas, mis logros, haber envejecido juntos, unidos?hasta el final como nos dijo el sacerdote que nos cas?.
Pero no. Nada de esto hab?a sucedido. El desencuentro se produjo desde el primer d?a. Nuestros caracteres chocaban frontalmente y el amor que cre? encontrar en aquel hombre no se dio jam?s. Y en m?, tampoco. Y ahora yo andaba sedienta de amor, de compa??a, de palabras amables no escuchadas, de besos no dados, de caricias no recibidas, de pan no compartido? la soledad era mi mejor amiga, pero yo la odiaba.
Me levant? y fui al armario donde guardo las medicinas. Ten?a las suficientes drogas picotr?picas como para acabar con un caballo; y yo soy m?s bien menuda. Extend? la mano para coger un sedante, pero la dej? en el aire. Algo invisible me pareci? impedir tocar mis pastillas. Not? que sudaba copiosamente y volv? al sal?n a reposar unos minutos en el sof?.
De repente me acord? que ten?a que salir a por los partes de baja. ?Dios m?o! Con lo mal que me encontraba. Mir? el calendario y vi que la baja anterior hab?a concluido y no ten?a m?s remedio que ir a por otra.
Fui a mi habitaci?n y me arregl? lo mejor que pude despu?s de ducharme y medio mareada por tanta pastilla sal? al pasillo para tomar el ascensor. Lleg?, entr?, y cuando llegu? a la planta baja un hombre de cierta edad estaba parado ante la puerta. No s? c?mo mis llaves cayeron de mis manos algo temblorosas y aquel se?or se agach? para recogerlas. Cuando me las entreg? me mir? a los ojos y yo a ?l. Eran unos ojos ya cansados pero al mismo tiempo llenos de vida. Al momento me di cuenta que me gustaron. Quise darle las gracias por su amabilidad y not? que balbuceaba. ?Uf! Vaya rid?cula que me sent?. El hombre me sonri? y me pregunt? si necesitaba algo ya que me ve?a, seg?n dijo, muy p?lida. Yo sin saber bien por qu? romp? a llorar. Llor? por todo y por todos los que como yo viven solos y pensando que la muerte es la mejor soluci?n para sus vidas sin tener en cuenta que ?sta es lo ?nico que tenemos, es decir, lo m?s preciado.
Me acompa?? a una cafeter?a que hay en la esquina de mi calle y tomamos un caf?.
A medida que me hablaba y sobre todo, me miraba yo sent?a que algo muy dormido en mi alma, despertaba. No pod?a creerlo. ?A estas alturas!
Charlamos tanto tiempo que la hora de la consulta se me pas?, pero no me import?.
Me pidi? si pod?amos vernos otro d?a y yo sin pensarlo dos veces dije:
-?S?! encantada.
Me tendi? su mano y ?sta era c?lida y suave y yo percib? una emoci?n largo tiempo ausente en mi vida. Me sent? rara pero tambi?n muy bien. Todo aquello, a mi edad, me parec?a absurdo, pero era lo que estaba sucediendo.
Solt? mi mano y nos dijimos hasta pronto.
Volv? a subir a casa. Una intensa emoci?n recorr?a mi cuerpo. Fui a la cocina y vi el armario de las medicinas abierto, le di un empell?n a la puerta que casi la descuajo.
Estaba segura que ya no me har?an falta. La vida volv?a a mi vida. Y, aunque no fuera m?s que una ilusi?n, era suficiente.

Publicado por mariangeles512 @ 11:18
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YO, UNA PERRA



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- ¡Me encontré perdida! No conocía aquella hilera de casas en que de repente estaba. Deambule por la Urbanización y nadie me prestó la menor atención.
A primeras horas de aquella mañana me arrinconé junto a una tapia de una casa que hacía esquina. Al cabo de un rato una mujer salió como para entrar en el coche de color granate que allí estaba estacionado. Era una mujer guapa, pero lo que me llamó más mi atención fue su mirada: la mirada de una persona buena.
Los ojos de esta mujer se dirigieron a mí. Vi que le conmovía mi aspecto sucio, llena de garrapatas, hambrienta, parturienta de hacía poco…
Giró sobre sí, entró en su casa y salió con un cuenco con cereales para nosotros; lo depositó en la acera y se fue, no sin antes avisar a su hija mayor que yo estaba ahí.
Me abalancé sobre el cacharro y no dejé ni gota de comida, luego bebí agua que también me puso y me sentí bien: ¡aún había gente buena en este mundo tan hermoso!

Pasado algún tiempo, salió de la casa una joven. Se montó en un pequeño coche blanco y partió y yo sin saber por qué la seguí carretera abajo, aunque cuando el coche tomó más velocidad, pensé que mi corazón estallaba y me detuve, y me regresé al porche de la misma casa.
Pasó el día, cuando ya el sol de otoño declinaba llegó la joven. Yo muy contenta me acerqué a ella, intuía que era la hija de la que me puso la comida: no me equivoqué. Salió con otro colega que ya tenían en un jardín (¡vaya suerte!) y yo disimuladamente les seguí. Su perro me ladró ¡como no! Pero la joven le mandó callar ¡Muy bien! ¡Así se hace!
Al poco rato vimos llegar a la dueña que venía del trabajo. Me miró con simpatía. ¡Cuánto agradecí aquella mirada!
-¡Hola, hija! ¿Qué tal el día?
-Bien, mamá. Pero ¿Te has dado cuenta que aún está aquí esta perra?
-Pues sí, ya veo; bueno, ¡mira! Nos vamos a quedar con ella sin que tu padre se dé cuenta pues dice que estoy loca por ir recogiendo todos los animales abandonados que me encentro.
-Y,¿Cómo lo vamos a hacer?
-Veras, le pondremos un cacharro con cereales y otro con agua. Yo voy a ir ahora mismo a comprar algo contra las garrapatas, porque, claro, así no podemos tenerla. Y para dormir le pondremos un trozo de colchón de espuma de los asientos de los cojines de las sillas del jardín. Cuando vea que está limpia le daré un baño y ya veremos si la podemos meter en el jardín con el Sultán.
Yo, señores, no podía creerlo. ¡Me había tocado la lotería! Levanté mi hocico al cielo, ya negro y le di gracias al Buen Dios porque también existieran en el mundo personas como estas. Me hice la formalita y así estuve, al menos quince días viviendo en el exterior del chalet, pero bajo el porche.
Al cabo de ese tiempo que a mí me pareció maravilloso, la señora se puso un delantal, unos guantes de goma y vi que se disponía a lavarme de arriba abajo. No es que me guste mucho el agua pero decidí que lo mejor era dejarme lavar.
Después del enjabonado, mi pelo parecía de oro,¡ ya ni me acordaba lo hermosa que había sido!
Cuando mi nueva ama terminó le oí decir:
-Creo que ya la podemos poner junto al “Sulti”. No creo que haya peleas, pues se han estado viendo bastantes días y no ha ocurrido nada relevante.
Así, pues, entré el jardín, en la parte reservada a los perros. Había uno sólo. El tío tenía su caseta y todo. De momento me hice la tonta, pero me dije para mis adentros que allí iba a mandar yo.
El Sultán ése, con un nombre tan rimbombante, no sabía nada. ¡Ni por donde se hacían los cachorritos! ¡Qué barbaridad! ¡Tuve que tener una paciencia hasta que dio con el sitio! Pero ¡Dio! ¡Menos mal, que sino no me como un rosco en ese patio!
Tuvimos trece cachorrillos, nada más y nada menos. Mis amos no sabían qué hacer para atender tanto perro.
La señora se levantaba por la mañana muy pronto para hacernos papillas de harina de maíz. Se ve que recordaba como alimentó a sus hijos. Nos hacía cinco al día, hasta que nos hicimos algo mayores.
Más tarde y con pena por parte de todos hubo que regalar a varios de mis hijos. Ellos se quedaron con dos. Así que ya éramos cuatro en aquel jardín que para mí fue como el Paraíso de los Canes.
Los amigos y familiares de esta pareja no entendían a qué venía tanto perro. Ellos explicaban que no podían abandonar a un animal que ya había sido echado a la calle.
Mi ama se esforzaba en hacer entender que nosotros sentimos y que si tenemos cualidades humanas, como la lealtad a ultranza, la fidelidad, el amor más desinteresado, la inteligencia y ese oído maravilloso con que la Naturaleza nos ha premiado, teníamos que ser amados y respetados.
No sé si la entendían o si pensaban que estaba chiflada ¡A ella le daba igual!
¡Eso sí! Yo me sentía algo pesarosa, sobre todo en los veranos, cuando oíamos que no podían ir de viaje que fuera más largo de un fin de semana por culpa nuestra. Porque ¿Quién se queda a cuidar cuatro perros? ¡Nadie!
Pero a ellos no les importaba. ¡Nos querían! ¡Eso era todo!
Pasaron varios años, en los cuales fui muy feliz.
Un día empecé a sentirme algo rara. La hija menor avisó a la dueña. Salió y me miró. Algo malo debió ver que avisó a un veterinario de urgencias, pues era Domingo. Llegó a la casa con su maletín. Me miró y cuando mi ama le preguntó qué tenía oí algo así como un derrame en la cabeza. ¡Vaya! ¡Se acabó!
De todas maneras he sido muy feliz aquí entre estas personas que me han querido y cuidado y hasta los perros sabemos que no hay nada eterno…
Oí a la señora preguntar:
-¿Tiene remedio?
No entendí la respuesta, pero sí a mi dueña:
- Bueno, entonces haga lo que tenga que hacer, pero que no sufra…

A mi querida perra de ojos maravillosos


Publicado por mariangeles512 @ 1:09
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LA TRAICIÓN





Estaba intranquila. Le habían llegado rumores, chismes, pero no quería darles oídos. La gente, a veces habla sólo por hablar, por no decir para hacer daño. No podía ni siquiera imaginar que el hombre por el que había dejado todo pudiera serle infiel. ¡No, no podía ni imaginarlo! Aparte, pensó, que no había dejado nada por él, ya que para ella lo más importante, su vida: era él.
Sin embargo había algo que es lo que le hacía dar cierto crédito a las habladurías. Esos ojos ausentes, esa voz inexistente, esas noches sin amor, ya demasiadas, esas llegadas tardías sin apenas explicaciones… Y de eso hacía ya cuatro largos meses. ¿Qué ocurría? ¿Ya no la necesitaba? ¿No se sentía atraído ya por ella? ¿Era eso? O ¿es que ya venía “comido” a casa?
Ella, una mujer sencilla que no veía más que por los ojos de él, a la cual le habían mal enseñado que de ciertas cosas mejor ni hablar; no se atrevía a preguntarle qué le pasaba que ya no la buscaba, que sus noches eran tan frías como el cielo de la tierra mesetaria en que vivían. Que ella le necesitaba, que le había esperado cinco largos años, que no había ni por un momento pensado en hombre alguno, excepto en él. No se atrevía… ¡No! Debía esperar que él tomase la iniciativa, la mujer no podía, mejor, no debía buscar ser acariciada, besada, amada…
Los días comenzaron para ella a ser auténticas pesadillas de duda y suposiciones. La inmensa alegría sentida cuando se volvieron a reunir se disolvía como la sal en el agua.
Y en las tristes noche junto al cuerpo del ser amado, muy cerca pero muy lejos se sintió vacía y triste como no lo había estado cuando él estaba encerrado.
Y de repente, sintió que debía hacer algo. Salir de esa terrible duda ¡Ya! Sería ella misma la que si había algo de cierto en los comentarios escuchados, lo descubriría. Sólo se fiaría de sus propios ojos.
Su mente trabajó rápidamente: ¿Qué haría? Y la luz se encendió.
Iría por la carretera por donde le habían dicho habían visto a la intrusa a ver qué se encontraba. Ella deseaba ardientemente no ver nada; nada de lo que la atormentaba.
Así pues, cuando el marido hubo abandonado la vivienda para ir a su trabajo, cogió a su hija mayor y la mandó con su comadre y vecina y a la pequeña la envolvió en una toquilla y echó carretera adelante hacia la fábrica donde trabajaba su hombre.
Caminaba lo más rápido que los pies y el peso de su hijita le permitían. La distancia a la fábrica era algo grande y quería llegar a la hora en que los trabajadores comían.
Iba caminado entre una hilera de viejos y grandes árboles que daban a la carretera un aspecto algo inquietante. Cuando ya había caminado más de una hora vio a lo lejos en una cuneta de un lado de la mencionada carretera un bulto. Se paró en seco. ¿Qué era aquello? No divisaba bien. Pensó en algún animal atropellado pero le pareció que aquello se había movido. ¡No! No era un animal. A medida que avanzaba, aunque ahora más despacio tuvo la certeza que no era animal alguno aquel bulto bastante grande que apenas vislumbraba con los troncos de los árboles que se interponían ante su mirada.
No supo bien por qué pero su corazón empezó a palpitar frenéticamente, o sí lo supo, ya que según se acercaba creyó oír unos gemidos. Tuvo miedo de que fuera alguien herido y no le hubieran visto para ayudarle. Agilizó su paso para ver con más precisión y, cuando estaba apenas a unos metros sintió que la sangre se agolpaba en su cabeza y que la noche se abatía sobre ella.
En la tierra dos cuerpos entrelazados desnudos de cintura para abajo, uno sobre el otro, amándose con pasión. Unos pantalones conocidos, lavados, cosidos por ella…Unas piernas femeninas también conocidas… Se tapó la boca con la mano. No quería que su grito se oyera por todo el Universo. Giró sobre sí y se alejó de allí con unas piernas que se negaban a sostenerla y un mareo que le negaba la visión.
mailto: [email protected]


Publicado por mariangeles512 @ 0:54
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Mi?rcoles, 19 de octubre de 2005
Sultán y Manda.


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Era una mañana de otoño, cuando las hojas de los árboles caducos llenan las aceras de las calles de su manto amarillo anaranjado, cuando le vi. Era un perro de color marrón y negruzco, con aspecto de cachorro de pastor alemán, que estaba junto a nuestra puerta, como buscando algo de comida y cobijo. Tanto a mi amada mujer, como a mi, nos resultó penoso dejarle sin atención. ¿Quién pudo abandonarle? ¿Quién tuvo la malsana idea de dejar correr sin rumbo al más fiel compañero del hombre?. Nosotros le dimos agua, comida y enseguida se hizo al cariño nuestro y de nuestros hijos. Le llamamos Sultán, como un antiguo perro que conocí de niño y desde entonces acudía a nuestra llamada, como si entendiera que ese era su nombre. Le tuvimos entre nosotros. Al principio en el porche y más tarde le construimos una caseta donde pudiera guarecerse las noches frescas y las mañanas lluviosas. El animal se notaba contento, estaba pendiente de que le sacáramos a dar largos paseos por el campo y a veces se escapaba por su cuenta y venía sucio y maloliente, pero siempre volvía. Una vez me caí yendo con él y no se movió de mi lado hasta que no me levanté.
Le llevábamos al veterinario frecuentemente para que viera si tenía algún problema. Una vez estaba quieto y toda la familia nos preocupamos, debía tener algo de fiebre, pero pronto se le pasó. No habían trascurrido dos años, cuando ocurrió otro suceso importante;
Una tarde viniendo de paseo con Sultán, este se puso muy nervioso y empezó a ladrar de forma inusual. En principio no nos extrañamos, porque el olía desde lejos lo que nosotros ni veíamos estando cerca. Al llegar a la verja de nuestra entrada vimos lo que era: Una perra preciosa, algo mayor que Sultán, pero llena de garrapatas y pulgas que al olor de la comida de nuestro can se ve que, ¿ de nuevo otro perra abandonada?, se acercó a participar de ella. Nuestro Sultán la ladró de forma estridente, como si quisiera morderla y atacarla.¡ Qué raro!. La perra cohibida se alejó: Yo tenía miedo de que al querer ayudarla, nos diera más problemas que los que queríamos resolver. Optamos por ponerla comida y agua y limpiarla en otro lado de la casa, donde no la viera Sultán.
Así se fue curando la linda perra de sus heridas, y durante varios días cuando la olía el antiguo perro, se acurrucaba con temor en un rincón de la verja. Nuestra hija mayor le puso nombre: Mandarina; pero era muy largo, lo dejamos en Manda y con el se quedó. Manda era más obediente que Sultán y hasta más cariñosa, ¡qué ya es decir!. Estábamos seguros, que agradecía el haber sido salvada del abandono en peores circunstancias que él.
Decidimos ponerles juntos. A los pocos días, no sólo no se peleaban, sino que la Manda se hizo la dueña de la situación en el patio. Hasta le enseño al perro a montarla, con gestos y roces. Tuvo ¡trece cachorros! Y ¡qué bonitos eran!. Repartimos todos entre amigos y conocidos y nos quedamos con dos.¡Llegamos a tener cuatro perros en el patio!. Y nos tenían muy ocupados con su cuidado y teníamos que turnarnos para ir de viaje un poco largos.
Sultán después de unos ocho años entre nosotros empezó a no poder caminar apenas. Las patas traseras no lo tenían y se caía. ¡Todo fue inútil! El veterinario nos dijo que así no podía continuar. Por mas inyecciones y pastillas no podía vivir así. Había corrido tanto y ya no podía ni caminar. Con dolor le dejamos en la consulta del veterinario, y la mirada profunda después de la que sería su última caricia no la olvidaré nunca.
Manda acabó no mucho más tarde, cuando vimos que se caía de forma alarmante al caminar. Era muy penoso. Me dirigía unas miradas implorantes, como diciendo: Siento sentirme así y no poder ayudarte si viene algún ladrón. Tampoco la olvidaremos ya. Ahora sólo tenemos un perro en el jardín y es muy latoso, pero muy cariñoso también y fiel. Por eso nos preguntamos: ¿Cómo puede abandonar alguien a tan ejemplares animales en una autopista o en el campo?


Publicado por Lanzas @ 23:57
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PASÓ COMO UN CICLÓN


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Caía la noche sobre la ciudad, y un poco apesadumbrado por encontrarme solo y en cierta medida abandonado por la mujer que siempre había querido y que aún quería, iba de bar en bar y de café en café tratando de consolarme.
Sabía que lo que estaba haciendo, más que ayudarme, me resultaría a la larga perjudicial. Cuando despertara de la modorra a que me llevaba el alcohol sería aún peor. No tendría consuelo sino con más alcohol y más lamentos.
De pronto, al otro extremo de la barra de aquél bar maloliente ya por el cúmulo de humos y de aceites quemados que salían de la cocina, más los de los cigarrillos mal apagados, la vi. Era rubia y esbelta, con unas piernas largas, que a pesar del sopor que sentía me hacían recordar las de mi amada. Sus facciones eran las de una mujer cuidada y preocupada por su aspecto. Me pregunté: ¿Qué haría una mujer así en un lugar como este?. No me contenté con elucubrar y me dirigí a ella: -¿Te apetece una copa?- la espetellé. Ella contesthttps://www.mozilla.org/es-ES/firefox/central/ó enseguida: -Si, un martín con mucho hielo, gracias-.
Enseguida se estableció una corriente de afecto entre los dos y parecía como si ya nos conociéramos desde hacia tiempo. Le conté mi tristeza, al verme abandonado, después de haber querido tanto, y ella me consoló, diciendo que se había sentido engañada y había dejado a su marido recientemente también, porque no podía vivir al lado de un hombre que la ocultaba cosas, mentía y hasta la insultaba, cuando quería indagar sobre algunas mentiras. Me dijo que tantos años de convivencia juntos le habían resultado un terrible suplicio y que nunca más se dejaría engañar por nadie.
Después de una hora larga de conversación, me confesó: - Aún le quiero, sólo necesito que se arrepienta y cambie de actitud, nuestras vidas deben ser tranquilas y sin tantas discusiones.-
Y yo como un niño le contesté: -A mi me pasa algo parecido, no quiero engañar más a mi mujer en nada, quiero vivir con ella unos años que nos lleven juntos hasta el final de nuestros días.-
Y de pronto, una voz me dijo:-Es hora de cerrar, señor, tengo que acompañarle hasta la puerta:- Era el camarero que nos había atendido. A regañadientes me levanté y ví encima de la mesa dos copas, una era la mía, la del coñac, pero la otra era de un martíni, apenas empezado.-¿Dónde está la mujer que me acompañaba?-le pregunté. Después de unos segundos, que el silencio, dentro del vaho maloliente del barucho, se podía cortar, oí: -Señor, aquí no hay ninguna mujer.-
Me deslicé por la pared dando tumbos, y el frío de la madrugada me despertó. Un viento frío me desbarató los mal peinados cabellos.¿Habrá sido un ciclón?...


Publicado por Lanzas @ 23:46
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Martes, 18 de octubre de 2005
EL MÁS TRISTE VIAJE A VALLADOLID


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Soy un coche amplio, que mis dueños utilizan, sobre todo, para hacer viajes largos. El Domingo, 1 de Abril de 2002, me sacaron apresuradamente del garaje donde paso silenciosos días acompañado solamente por el miau de cuatro gatos, me llevó mi dueño a la gasolinera y me llenó hasta los topes el depósito; entonces deduje que nos íbamos lejos, no al Corte Inglés, como otras veces. Lo que más me extrañó fue el semblante de mi amo. Estaba serio, muy serio. No es que él sea un tipo muy simpático, no, pero es que ese día tenía no sé qué brillo en la mirada, pudiera ser que fuera el reflejo de los cristales de las gafas, pero la verdad, es que me fui sintiendo cada vez más incómodo. La alegría que sentí cuando me sacó de la oscuridad del garaje se había difuminado, y hasta la dichosa carreterita hacia Mijas me pareció que tenía más curvas y baches de lo habitual.
Cuando llegamos a la casa salieron de inmediato la mujer y la hija pequeña. También iban muy serias.
-¡Caramba!, aquí ha pasado algo- pensé. La hija mediana, una tal Laura, había llegado momentos antes acompañada de su marido. Se quedaron en la casa cuando mi amo me arrancó con el nerviosismo que en él es normal aunque sentí que esa mañana era más acentuado. Me di cuenta, a pesar de las prisas, que un colega mío, aunque de otra casa, pero también francés, estaba aparcado un poco más hacia la pequeña rotonda que circunda la casa.
Mientras me introducía en la autovía, puse el oído presto a ver si cogía adónde nos dirigíamos, porque eso de ir a 140 por hora y no saber adónde vas tiene su miga.
Entre las voces de mis dueños y la niña que grita como una condenada, pude entender que íbamos a Valladolid, la tierra natal de los señores que me ocupaban. Pero, ¿qué demonios íbamos a hacer en Valladolid después de La Semana Santa, que es cuando, por lógica, tendríamos que haber ido?. Empecé a entrar en calor una vez que rebasamos la provincia de Granada.. El pavimento lleno de parches, menos mal; hace un año estaba en obras, y, no veáis las pobres llantas. Me llamó la atención el silencio que reinaba en mi habitáculo: yo corría y corría, pero los colegas de la operación retorno, no me dejaban en mi carrera, y tenía que detenerme y detenerme. ¡Vaya aburrimiento! Con las ganas que tenía de estirar las ruedas…
Nos detuvimos dos veces, las dos para que mi ama meara; otra, para darme de comer a mí, que hasta Valladolid hay unos ochocientos kilómetros y con una vez que me alimenten no es suficiente. Una vez que dejamos atrás Madrid, pude correr más a gusto; me sentí orgulloso de los comentarios que mi dueña hacía sobre mí: que me comportaba admirablemente, que le seguía gustando más que ningún otro coche que veía… en fin, que a pesar de que el ambiente no estaba para muchas fiestas, por no decir para ninguna, los elogios no se me escatimaron.
Ya entrada la tarde noche, llegamos a capital del Pisuerga, muy cambiada, por cierto. Mi amo me estacionó delante de un edificio que me pareció un hotel, sobre todo, porque le dio mis llaves a un mozo vestido como de general, para que me guardara en un estacionamiento privado, creo que del hotel, y no pasara la noche en la calle; eso sí, para eso mis dueños son muy mirados. Esa noche no descansé bien porque mi mente estaba ocupada con las personas que me habían llevado hasta allí. Durante todo el viaje tuve la intuición que sufrían por algo. Había oído hablar sobre la abuela, pero con el potente trepidar de mi motor, no había podido captar bien las palabras. Tengo que confesar que yo quiero a mis dueños. Ellos me tratan muy bien y cuando me he hecho un rasguño o tengo algún problema de salud, enseguida me llevan al especialista para que me ayude en lo que pueda: la verdad, son buena gente.
A la mañana siguiente, a eso de las diez y media, me sacaron de mi lugar de descanso. Ahora se habían incorporado al grupo los dos hijos mayores de mis amos, su hermana y su esposo e hijos. Todos vestidos de oscuro; hasta me di cuenta de que mi dueño llevaba una corbata negra, esto me dio muy mala espina, porque ¿cuándo se pone un hombre una corbata negra? Cuando se le ha muerto algún ser querido ¿no?. Y si mi amo ya no tenía padre, y su rostro estaba tan sombríamente triste, no podía ser otra cosa que la que había muerto era su madre. Claro, yo había escuchado abuela, y no me había equivocado. ¡Vaya por Dios! Tantos kilómetros y era para enterrar a su madre.
Sinceramente, con mi corazón de extraños materiales, yo sentí una gran compasión por este hombre que me ha llevado y traído por espacio de siete años, y también por su esposa, la cual yo sabía que apreciaba sinceramente a esa mujer, y que en esta temporada está pasando por muy malos momentos de salud y existenciales; seguro que le ha caído como un mazazo; tiene un corazón extremadamente sensible y prácticamente sufre por todo, y nada humano ni animal le es ajeno. Así es ella de infeliz.
Como os decía, se subieron los cinco, y nos dirigimos por una carretera bordeada de cipreses hacia el Cementerio de Nuestra Señora del Carmen. Hacía un tiempo precioso, con un Sol que deseaba alegrar los corazones, sin conseguirlo.
Llegamos y me aparcaron casi enfrente de una de las puertas desde donde yo podía ver el interior del Campo Santo. Fue así como pude ver a las personas que iban llegando para acompañar a los hijos de esta buena mujer que, básicamente, lo que hizo en vida fue trabajar y ayudar a los demás. Vi cómo caminaban con paso rápido hasta el Mercedes que desde Sevilla había conducido por última vez a la madre a su ciudad. Los hijos ante la presencia del féretro dejaron desbordar su emoción. Poco después el Mercedes rodó lentamente hasta el lugar en que está la tumba de la familia Curiel. Sacaron el ataúd del coche. El sacerdote hizo el responso fúnebre, y unos hombres levantaron media losa, por la que introdujeron la caja en la que la madre descansaría por toda la eternidad. En estos momentos fue cuando el dolor afloró plenamente; hubiera deseado tener párpados para no ver sufrir de ese modo a mi querida familia. Pero mis faros permanecieron abiertos.
Al cabo de un rato, toda la familia volvió al lugar donde estábamos los vehículos. Les vi más tranquilos, quizás porque piensan que la madre está de otra manera entre ellos, y que más tarde todos volverán a encontrarse en la paz, la alegría y el amor absolutos por toda la Eternidad. Este pensamiento me gusta, la verdad.
Después me llevaron a una calle cerca de la Iglesia donde se celebraría la Misa por el alma de la madre, a la que toda su familia había amado profundamente en vida, y la seguirán recordando con amor, pues esto es lo que sembró.






Mijas a siete de Abril de 2002

Firmado: SAFRANE


Publicado por mariangeles512 @ 23:45
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REFLEXIONES DE UNA INGENUA
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Tengo en la mente grabada una imagen que no puedo borrar. Un hombre con una bolsa de plástico negro, ente sus brazos abrazándola como si fuera un niño, en cuyo interior estaban las escasas pertenencias que le habían dado de su único hijo muerto en el atentado terrorista del 11 de Marzo, caminado con paso incierto por la calle, como sin rumbo. Le he visto dos veces; las dos me conmovieron profundamente, tanto que he llorado por su dolor así como por el dolor de las otras familias de los muertos y por los heridos.
Tengo tres hijos, a los que quiero por encima de mí misma. No podría soportar la pérdida de cualquiera de ellos. Me partiría el corazón. Creo que no podría sobrevivir; por eso me hago cargo del dolor, del sufrimiento de todas esas gentes.
Y ahora paso a lo que me preocupa hondamente: cómo poder solucionar semejante problema. En toda la historia de la humanidad ha habido guerras, siempre terribles, que han traído el dolor y la muerte a millones de personas; unas más legales; otras totalmente ilegales, si es que este adjetivo se puede aplicar a alguna guerra.
En estas guerras lo único que puedo admitir es que al menos se daban entre adultos preparados para ella teóricamente, en unos campos que cuando aún no existía la aviación sólo encontraban la muerte o la victoria los ejércitos que en ellas participaban, quedando la población civil, en la mayoría de los casos, a salvo. Esto, por desgracia cambia dramáticamente cuando los aviones bombardean las ciudades. Los ciudadanos tenían la posibilidad de cobijarse en los refugios, y muchos sobrevivían…no dejando por ello de ser horrible.
Ahora, en este nuevo siglo nos enfrentamos con el más vil de los actos que el ser humano pueda cometer: el terrorismo. Esa forma de matar que no repara en niños, ancianos, jóvenes, mujeres…en ningún ser totalmente inocente. Y yo me pregunto; ¿a qué se debe este fenómeno? Alguna causa debe tener. Casi todos los actos humanos la tienen. ¿Qué ha pasado? O mejor dicho:¿Qué está pasando? En algún momento o en muchos momentos, en algún lugar o en muchos lugares ha tenido que haber un gran error o muchos grandes errores. Estos actos no pueden darse porque sí.¿ Sólo porque creamos en distintas creencias, que tengamos distintas formas de gobernarnos, distintas formas de concebir la existencia…vamos a ser objeto en cualquier momento, en cualquier lugar víctimas del horror? ¿Acaso este maravilloso Planeta no tiene cabida para todos? ¿Acaso no somos todos seres humanos y por ende con una inteligencia y una sensibilidad que no puede admitir semejantes actos? ¿Es imposible convivir todos, iguales, pero distintos en cuestiones importantes, sí. Pero es imposible repito vivir en paz respetando cada uno la forma de ser y pensar del otro?¿Acaso alguna injusticia de hoy o del pasado está sin resolver y trae esta sanguinaria secuela? ¿No sería posible resolver los problemas, que sé que son muchos en el mundo, mediante el diálogo de todos. Todos los jefes de Estado de todo el mundo, los responsables de los terroristas. Todos. Reunidos en gran Asamblea el tiempo que fuese necesario, para tratar de averiguar el porqué de toda esta muerte sin sentido, de tanta ilusión frustrada, de tantos sueños no realizados, de tanto dolor en los que quedan.
Yo, personalmente, creo, que vale más la vida truncada de un solo niño que todo un territorio. Habría que escuchar a todos; ver dónde está el error, si lo hay; y tratar de ponerle remedio. Con la participación de todos; con la aceptación de todos en las medidas que se tomasen. Sé, con gran pena, que es muy difícil llevarse a cabo algo como lo que pienso que podría ser una solución para erradicar estos asesinatos indiscriminados; pero me doy cuenta que con las medidas que se toman actualmente se consigue poca cosa. Por otra parte, pienso, que las injusticias traen violencia tarde o temprano. El camino de combatir el horror con más horror no da resultado. Ahora pienso en Irak. Creo que si los jefes que gobiernan el mundo elegidos unos por sus conciudadanos y otros gobernandos porque se han puesto ellos y ya, trataran en serio de cambiar los esquemas del siglo pasado y todos los anteriores, y pensaran en un mundo justo para TODOS no para unos pocos, habría menos violencia en la tierra. Ya sé que para eso hay que ser GENEROSOS, amar mucho menos de lo que se ama el dinero, y desear de verdad el bien para los hombres y mujeres de toda condición. Por eso soy una impenitente ingenua. Lo sé y me apena mucho pensar que no conoceré otra forma de ver la vida, que podría ser tan hermosa…
Sólo se vive una vez. ¿Creéis que alguien se puede permitir el lujo de arrebatársela a un ser que aún no ha tenido tiempo de vivir lo más hermoso de ella: como enamorarse, tener un hijo, hacer algo que a él o ella les parecía importante? Nada es tan valioso como esto. Nada.
Creo que ha llegado el momento de entenderse mediante la palabra, lo más hermoso del ser humano que nos diferencia de los preciosos animales ( me encantan todos los animales), y que si hay que ceder cuando se comprueba que no se lleva razón, pues habrá que ceder. En ello está la grandeza del hombre: saber rectificar. No supone ninguna humillación el ceder, sino todo lo contrario, sobre todo, cuando no se tiene la razón.
Sé, que si alguien lee mi reflexión, puede que no esté de acuerdo conmigo. Yo respeto eso, pero que piensen que lo más importante de la vida es eso: LA VIDA.


Un cordial saludo a todos: María Angeles


Publicado por mariangeles512 @ 23:39
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Segunda parte de LA CÁRCEL DE AMOR.

EL CHASCO


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Alicia siguió ensimismada con Internet. Le gustaba entrar en los chats y buscar personas que le aportaran algo de charla amena y recurrente. Se le ocurrió una cosa: Cambiar de Messenger y de nik. No rebelar su nombre real. A partir de entonces se llamaría Natalia y sería de un pueblo cercano a sonde ella vivía, por si surgía algo interesante, pero no daría su dirección real.
A los que notaba más interesantes les daba el nuevo Messenger y les enseñaban fotos de otra persona parecida a ella, pero nunca ella misma. Y hasta se hacían guiños y lanzaban besos por la cam., aunque siempre un poco en penumbra. Todo ello era intrascendente. Nunca quedaba con nadie de forma seria.
Pero una tarde apareció un hombre fuera de lo común. La dijo que era policía y licenciado en Derecho. Que estaba destinado en Asuntos de Investigación Especiales, pero a él lo que le interesaba de verdad era la Literatura y la Poesía.
De momento se acordó del Pedro aquel que le había engañado y quiso ser más cauta. Al enseñarle fotos le gustó. Era un hombre de unos 56 años y bien parecido. Aunque las fotos eran poco claras y muchas de ellas entre otras personas que no distinguía bien. Ella le enseñaba sus fotos de cuerpo entero de esa persona parecida a ella.
Hablaban de Miguel Hernández, de García Lorca, de Neruda y hasta de Becker. También de ciertos escritos que él mandaba a los foros, con nombre supuesto y de los de ella con su nombre nuevo.
Las conversaciones eran muy amenas y él siempre muy amable en todo momento y sensible con su situación de mujer sola y poca atendida por su marido. Él empezó a interesarse por su situación. ¡Siempre igual!. ¿Qué si estaba casada?. Ella le decía que estaba en trámites de separación, que su marido la aburría sobremanera y que hasta la maltrataba con sus requerimientos sexuales a los cuales no daba importancia.
La dijo que se llamaba Juan Luis y que a él le pasaba lo mismo con su mujer y que era una inculta y que no hablaba más que de compras y de los hijos. Y de gastos y cosas así.
La incipiente amistad internauta se fue agrandando día a día y la simpatía mutua creciendo, de manera que esperaban ambos las horas del atardecer como adolescentes que esperan la hora de un encuentro a hurtadillas.
Él se las ingeniaba para mandarla composiciones musicales y literarias que elaboraba con Microsoft PowerPoint y que quedaban muy sugerentes con paisajes idílicos. Ella se dejaba adular con sugerencias sobre su belleza.
Nunca dieron importancia a la poca claridad de las fotos y la cam casi dejaron de ponerla por problemas de enfoque o algo así se dijeron.
El interés por un posible encuentro en una cafetería, al no poner el pegas en ir a donde ella dijera se hizo realidad. Se encontrarían de forma informal, sin ninguna intención de llegar a nada comprometido, pero tratando de salir de esa situación de modorra en que estaban sumidas sus vidas familiares.
El día llegó. Por fín quedaron en “El Ideal”, cafetería cerca del lugar de trabajo de ella, un viernes a las 14 horas, antes de ir ella a casa a soportar a su aburrido marido.
Como no las tenían todas consigo de si se reconocerían o no acordaron lo siguiente:
El llevaría una camisa multicolor, un pantalón verde oscuro que le quedaba muy bien y un ramo de rosas rojas en su mano. Ella el traje beige con un lazo blanco en la solapa y un bolso de piel marrón del cual sobresaldría un folio enrollado. Con esos datos y teniendo en cuenta que ella era rubia y bien formada no habría equivocación.
Él la advirtió que serían puntuales, porque así no habría equivocaciones.
El gran día llegó. Alicia, ahora Natalia, pensó que si él merecía la pena directamente y sin pantallitas de por medio, le contaría que cambió de nombre porque le acuciaban demasiado los hombres con tanto querer quedar, pero que todo lo demás era verdad y la pura verdad. Él pensó que si ella era la mujer que esperaba, le contaría que cambió de nombre por motivos de seguridad, ya que había sido policía, aunque ya no lo era en activo y ya vería como salía del atolladero.
Cuando entró Alicia en “El Ideal” iba un poco despistada, y lentamente recorrió con su mirada el local. No era muy grande, pudo ver en la segunda mesa del fondo a una persona que conocía y ¡Sorpresa!. Divisó al hombre de la camisa multicolor con un ramo de rosas sobre la mesa. Un ramo que ocupaba todo el tablero de la misma y que trataba de ocultar con él hasta su cara. En un giro rápido de él como para levantarse lo reconoció: Era su marido. ¡Chasco!.


Publicado por Lanzas @ 23:33
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Lunes, 17 de octubre de 2005
La cárcel de amor



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Alicia era una mujer inquieta, con muchos proyectos en la cabeza. Siempre estaba removiendo los muebles de la casa, no soportaba la mínima suciedad que se alojara en ellos, se arreglaba a diario, aunque fuera para ir a las compras, y una cosa muy importante, se consideraba presa de la presencia de su marido, que siempre estaba diciéndola cosas amables y requiriéndola para que se dejase acariciar y para algo más. Para ella eso era como estar presa, sin libertad, para relacionarse con otras personas, que la hablaran de poesías, de relaciones humanas no amorosas o de animales.
No soportaba la levedad de un día ordinario en el hogar. Todo la parecía vulgar y sin sentido. Por tanto se propuso buscar a alguien fuera de lo común, que la hablara con cortesía, con amabilidad, pero que no pretendiera nada que supusiera comprometerse en algo íntimo o, para entendernos, premuras en conocerse directamente y entonces optó por Internet. Le habían hablado de que existían Chat y Foros dónde se podían hacer amigos sin comprometerse demasiado íntimamente. Lo que no le habían dicho o no quería entender, porque ella era muy sincera y no mentía nunca, que en ese medio se miente y adulteran mucho los datos que parecen personales. Pero no le importaba, ella quería encontrar ese amigo que como ella se sintiera solo aunque estuviera acompañado de muchos familiares en su casa que no le valoraban o de muchos compañeros de trabajo, que como a ella la envidiaran y no le aportaran nada.
Después de muchos intentos con hombres que lo que querían era quedar cuanto antes para conocerse íntimamente e incluso quedar ya para hacer el amor enseguida, encontró, por fin, al hombre de sus sueños, era amable, cordial, no hablaba de sexo, porque decía tenía muchas mujeres para ello, escribía cuentos variados e incluso poesías, y apenas daba importancia a su bella imagen que proyectaba en sus fotos. El hombre parecía además apuesto y con buena planta. ¡Lo que ella buscaba en una sola persona!. A su marido le ocultaría esa relación, y por supuesto al señor este le diría que estaba separada y que su marido la había maltratado de forma sicológica sobre todo, para que él, el hombre ideal, se dejara llevar por su sufrimiento además de por sus cualidades humanas, que estaba muy orgullosa de poseerlas.
El, que se llamaba Pedro, era más joven que ella, estaba separado, decía y si la dijo que quería conocerla personalmente, pero ella le dio largas, lo que la interesaba era mantener una correspondencia cordial, sin ataduras reales, pero admitiendo todo lo que el decía. Era ingeniero, tenía tres hijas estupendas y su mujer le había dejado incomprensiblemente por ser demasiado amable y por no querer compartir sus problemas en el trabajo y sus deseos de viajar y ver mundo. Todo trascurría de maravilla, estaba encontrando al hombre que le gustaba de verdad, pero un día se preguntó:¿Será todo verdad? ¿Tendrán razón los que dicen que por Internet se miente y se falsea la realidad de forma extrema? ¿ y si todo fuera mentira?. Y entonces se le ocurrió algo. Ella no quería comprometerse, pero si realmente existía un hombre asi, a lo mejor merecía la pena conocerle directamente, para salir de la cárcel donde se encontraba pero ¿Cómo comprobaba sin que él lo sospechara que iba a indagar “su” realidad?. Y encontró la forma contrataría a un detective para que con los datos que tenía: Su teléfono, su profesión y su nombre y más o menos su dirección en Sevilla, podría ser localizado e indagado. Manos a la obra. Contrató al mejor bufete de detectives de Andalucía, sin importarla el precio. Le dijeron que no era difícil, que haciéndose, primero pasar por una mujer en la dirección del Messenger se sacarían muchas cosas, que además tenían mujeres expertas en ello. Y a los dos días recibió el primer informe: El tal Pedro, tenía varios niks y el que más usaba para charlar con mujeres era el de “ligón empedernido” o algo asi entendió y que estaba dispuesto a ir donde le dijera la mujer, si había sexo de por medio y que incluso quedó con ella
( empleada de los detectives) y casi se la lleva a la cama, sin apenas conocerla, si no es porque la mujer le citó para el día siguiente en un hotel y no acudió ella.
El siguiente informe llegó pronto: Su nombre real era Juan Lomas y no Pedro y además no era ingeniero ni nada parecido, a no ser que que se lo considerara por trabajar en un taller mecánico, en las oficinas de papeleo. Su mujer le había dejado por malos tratos incluso físicos y sus hijas no podían ni verle en pintura. Era un maltratador de mujeres y quedaba con ellas para pasar buenos fines de semana en grupo con amigos y hasta se trincaba alguna rayita de cocaína. Tenía un apartamento en la costa, donde las llevaba los fines de semana y luego el lunes, si te he visto no me acuerdo. Era un mentiroso por naturaleza y le gustaba encadilar a las mujeres adaptándose a sus requerimientos, porque experimentaba un goce especial engañándolas, haciéndolas creer cosas, era una manera de disfrutar y si además ponía celoso a algún marido ¡mejor que mejor!. Al fin y al cabo eran ellas las que le buscaban.
Todo esto a Alicia le pareció una conjura de su marido, que se habría enterado y estaba interfiriendo en los detectives, para que dieran informes falsos, ¿Cómo se podía haber equivocado tanto ella?. De todas maneras era igual seguiría manteniendo la relación como si nada. Pues con ella era el hombre que quería encontrar y poco le importaba lo que hiciera con otras o lo que tramara con otras. Se decía:¡ Yo soy diferente y mucho más interesante que las demás!.
Los mensajitos se hacían cada vez más parecidos a los de los demás:” me gustas mucho”. “tienes unos labios eróticos”, “voy a ir a tu ciudad en breve” y cosas así.
Ella se mantenía algo distante, para que no la creyera como posiblemente eran las demás, pero no sabía muy bien que camino tomar. ¿Se arriesgaría a conocerle personalmente? ¿Tendría una cita con él y así se aclararía todo? Decididamente: NO. Si lo hiciera ¿ y se desvanecía todo?. No, no, mejor seguir, aunque fuera engañada, en la distancia y la cercanía de los ordenadores. ¿Qué pasó? Que el tal Pedro fue distanciando los mensajes y dejando que fuera ella siempre la que requería su presencia. ¡esa mujer, pensaba, es demasiado difícil, y aunque a mi me gusta, ya no se que inventar!.¡Qué se enfríe ella sola y a por otra o a por la misma con otro nik.!


Publicado por Lanzas @ 23:51
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Me ha invitado mi paisano Lanzas a que envie los escritos a este blog, lo cual hago con gusto.
LA CA?DA


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Estaba quieto, comiendo el bocata que me hab?a puesto mi madre, de chorizo de Salamanca, cuando de pronto, sin mediar palabra, el energ?meno de la clase se subi? a mis espaldas. Fue tal el impacto y a mi me debi? pillar a ?pipiricojo? que ca? de bruces contra el suelo.
Seguramente por lo inesperado, no pude reaccionar y v? literalmente las estrellas. El chorizo estaba separado de los trozos del ?riche? como a unos cinco metros de mi cara.
Mis dientes se rompieron, al menos, los dos incisivos superiores en tres pedazos. Y mi barbilampi?a cara me ard?a, como si sobre el fuego hubiera ca?do. A mi alrededor o?a un coro de voces infantiles que chillaban como condenados a la hoguera. El ?quemado? era yo, y s?lo lograba entender: ? Le derrib?, le derrib?. Toma, eso era verdad, pero acaso en aquel Colegio, al que acud?a desde hac?a s?lo cuatro d?as ?se ten?a por costumbre derribar a los novatos, como si fueran p?giles adiestrados?.
Un maestro, al o?r la algarab?a apareci? y me levant?. Yo no me ten?a en pie. Entre ?l y el marrullero que me derrib? me llevaron a la enfermer?a.
Las lagrimas me resbalaban hasta el suelo, del dolor tan intenso, no s?lo en la cabeza, donde al llevarme la mano apreci? un morrocotudo chich?n, sino en los dientes, en las piernas y hasta en los brazos.
En la enfermer?a hab?a un enfermero y poco m?s. Bueno y eso si era enfermero. Me palp? el chich?n, cosa que me supo a recochineo con el herido, que no pod?a articular palabra del dolor y me dio un par de trozos de hielo que sac? de una nevera oxidada y a la clase ?Qu? se acab? el recreo.!
?Qu? suplicio el escuchar a D. Manuel hablar sobre los insectos y sus feas costumbres de vivir en las charcas putrefactas.!. Yo lloraba y lloraba, no ya por dolor sino por el gran peso que se cern?a sobre mi ojo izquierdo, ya da?ado a perpetuidad.
Al fin, el timbre de salida. Mi madre me esperaba. Pero no crean que en la puerta como ahora. No , no , como dos manzanas m?s all? de la puerta. En la esquina, ?vamos! Y al verme de esa guisa, comenz? a gritar: ?Me le han matado!? me le han matado!.
?Mam?, mam? que estoy vivo, aunque un poco maltrecho!. Creo que pas? como dos d?as entre la vida y la muerte. Pero una cosa aprend? que me sirvi? para nunca m?s ser derribado: No comer el bocadillo sin tener una pared pegada a mis espaldas y otra comprend?: No se va al Colegio a estudiar, se va para salir en camilla si es preciso.

Publicado por interazul @ 21:35
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LA HIJA DEL ROJO

S?, yo soy la hija de ese hombre que tengo frente a m?, en una fotograf?a antigua colgada sobre la chimenea de mi sal?n.
Estamos los cuatro, mis padres mi hermana y yo, cuando a?n ?ramos peque?as y no sab?amos lo que entre aquellos adultos que nos llevaban de la mano hab?a ocurrido.
Yo le quer?a, le quer?a mucho; tambi?n a mi madre, pero cu?ntas veces me he preguntado: ?por qu? no pudo ser?
?S?! Muchas veces despu?s de las continuas disputas entre ellos, me he hecho esta pregunta.
?Ahora, ya s? la respuesta!
No pudo ser que en mi casa hubiera el m?s ligero atisbo de felicidad despu?s de la tragedia sufrida por mis padres y tantos otros espa?oles durante y despu?s de nuestra guerra civil, la cual yo afortunadamente no conoc?; porque parece que un hombre no puede negarse nunca a las insinuaciones de una mujer.
Termina la guerra. Un bando del General proclama que todo aquel que no se haya manchado las manos de sangre, no tiene nada que temer.
?l se lo cree. No huye. ?No ten?a las manos manchadas!
Es detenido, juzgado sumariamente y condenado a dos penas de muerte. ?Dos penas!
La esposa enloquece; no puede permitir que la condena se lleve a cabo.
Corre de casa en casa de gente influyente de la ciudad que deb?an favores a su marido, para que avalen que ?l es una persona decente, ?jam?s un asesino! Muy al contrario, salv? muchas vidas que tambi?n quer?an ser arrebatadas arbitrariamente por los de su bando.
Las personas influyentes responden, eran adem?s, ?caballeros!
La mujer corre a llevar estos avales al lugar donde pod?an tener alg?n valor. ?Las penas son conmutadas!
?Dios m?o! ?Qu? alivio!
De todos modos el marido es desterrado junto a otros muchos desde las c?lidas tierras del Sur a una fr?a e inh?spita ciudad mesetaria.
?All? se morir?an como las moscas!
Al cabo de alg?n tiempo, alguna autoridad decide poner un tren especial para que las mujeres de los presos en el destierro puedan visitarles.
La alegr?a de la esposa es enorme al enterarse de que ver? despu?s de meses a su amado esposo. ?Al hombre de su vida!
Largo viaje atravesando m?s de media Espa?a en ruinas?
Entrevista sin palabras cortadas por la emoci?n entre una marea humana estridente y pobre?
Hay que regresar., pero ella no puede. No puede abandonar al ser amado en el estado en el que lo ha visto?
?Se queda! ?S?! Sola, sin dinero, sin ropa de abrigo, sin trabajo, sin nada; bueno s? con algo muy grande: su amor.
Cinco largos a?os de hambre, fr?o, soledad, miedo y miseria. ?Todo lo que gana es para ?l! para que coma, para que se lave, para que tenga una muda, al menos?ella con un trozo de pan racionado y algo de un l?quido que llaman caf? tiene bastante.
S?lo la mantiene viva el sue?o del d?a en que su marido sea otra vez un hombre libre.
Estar de nuevo juntos, reanudar la vida truncada, volver a la tierra que los viera nacer?
Y un d?a ?la gran noticia! El Caudillo va a dar un indulto. ?l sale gracias al mismo.
La esposa no puede soportar tanta alegr?a, siente que las piernas apenas pueden sostenerla.
El encuentro: ? inenarrable!
Van a la casa en la que ella ha alquilado una habitaci?n con derecho a cocina en casa de una viuda de un militar. ?Ay1 ?Si ella hubiera sabido!
Un d?a cuando regresa de su trabajo en una sastrer?a encuentra a su amor con la viuda entre sus piernas.
De nuevo no hay palabras. No hay suficiente contenido en ?stas para expresar lo que la mujer siente; gira sobre s? y sale corriendo a la calle. ?l la sigue, la llama, le dice: no es lo que has visto?
El fr?o y el llanto enrojecen su cara; algo muy, pero que muy grande ha muerto?

Te miro, padre. Te quiero, a?n cuando ya no est?s. Te respeto, te agradezco la formaci?n que me diste, pero me pregunto: ?por qu? no hiciste lo que debiste haber hecho, y arruinaste nuestra vida, la de todos de modo que nunca pudimos ser felices?
?Ah, ya! Porque un hombre no puede decir ?NO! a una mujer?

Publicado por mariangeles512 @ 15:51
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LA BANDERA ESPA?OLA HUELE A GLORIA
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He o?do la noticia esta ma?ana del 11 de Agosto. En una manifestaci?n proetarra en San Sebasti?n se hab?a quemado durante el ?discurso? de un sujeto impresentable, la BANDERA ESPA?OLA por unos cobardes con el rostro tapado.
Cuando nuestra bandera se quemaba ?la carro?a? coment?: ? que mal huele la bandera cuando la quemamos?. Pues bien, yo quiero expresar ante tipo de actuaciones que: NO. Que la bandera espa?ola no huele mal ni cuando la queman unos cobardes enmascarados, ni cuando ondea majestuosa en muchos lugares del mundo, donde, por cierto la ikurri?a jam?s ondear?. Os pong?is como os pong?is. Vosotros los etarras y los que os siguen no cont?is nada m?s que en ese peque?o espacio, el pa?s vasco, y s?lo en muy peque?a proporci?n. La mayor?a son vascos, pero orgullosos de pertenecer a ESPA?A, que ?sta s? que cuenta en el mundo. Cada vez son m?s los extranjeros que desean aprender nuestro idioma, ? cu?ntos de ellos quieren aprender tambi?n el vasco? Risa, ?no?
Espa?a y su bandera cuentan en el mundo y es respetada como la representante de un pa?s democr?tico, del cual abus?is , pues si no tuvi?ramos este tipo de r?gimen ninguno de vosotros , que os cag?is encima cuando la polic?a os detiene, os atrever?ais a hacer lo que hab?is hecho.
La BANDERA de ESPA?A huele a GLORIA. S?, a la gloria de tantos hombres que han muerto por defender lo que ella representa. A la gloria de los hombres, cuyos f?retros ha cubierto cuando han muerto despu?s de hacer labores humanitarias al otro lado del mundo. Pero, ? qu? hablo de labores humanitarias?. Los asesinos no conocen esa palabra. S?lo conocen la muerte de los dem?s, por la espalda, a traici?n. Seguramente sentir?is cierto orgullo de vuestras haza?as, ?verdad?, no es para menos.
La Bandera ESPA?OLA, es la que a los espa?oles, que nos sentimos orgulloso de serlo, nos emociona cuando la vemos en tantos lugares acompa?ado a los hombres que van haciendo el BIEN en tantos y tantos pa?ses donde van nuestras tropas para ayudar en todo lo que est? dentro de sus posibilidades, y en donde son queridos y respetados por su buen hacer.
La BANDERA ESPA?OLA no huele mal. El que huele mal eres t?, Otegui, porque est?s podrido; eres una carro?a, a la que los buitres no han devorado todav?a porque est?n en un marco democr?tico. T? y los que te siguen son los FASCISTAS, los DICTADORES, los ASESINOS, los que tienen a sus conciudadanos amedrentados, los que delatan a sus vecinos, los cuales no se atreven a hablar en la calle libremente, por si hablan con un delator. Ten?is la vida de esa tierra envenenada de miedo, de odio. El d?a que desaparezc?is de la faz de la tierra, ser? un gran d?a para muchos de vuestros vecinos, o para sus hijos. Est?s tan podrido, desde los pies al ?ltimo pelo de tu horrible cabeza, que por eso te huele mal . Pero, no, el que APESTAS eres T? . Conv?ncete, ?muchacho?: no sois NADA, no cont?is en Espa?a para nada, que no sea asesinar. Nunca ser?is nada. Tus ojos no ver?n otra realidad. ? No os ha bastado todo este tiempo y la cantidad de hombres, mujeres y ni?os que hab?is asesinado , para daros cuenta que NUNCA lograr?is lo que quer?is. Sois BASURA, y como toda BASURA apesta y hace da?o sino se la destruye. Espero que el gobierno espa?ol tome las medidas necesarias para que gentuza como t? y toda tu parentela vay?is a donde deb?is estar.
?Ah! Se me olvidaba. Soy de origen vasco y mis dos primeros apellidos son m?s vascos de lo que quiz?s t? puedas soportar .

Publicado por mariangeles512 @ 13:03
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El primer beso



¿Conocen ustedes el sabor de la miel? ¿Han probado alguna vez los huevos fritos con patatas o bebido el vino de Vega Sicilia con tragos cortos? O incluso: ¿Los frijoles que prepara “Catalina, la mexicana? O es más: ¿El pastel de manzana que prepara mi tía?. Bueno, pues todo eso junto y más cosas que se les ocurran, no es comparable con el “primer beso” a la persona amada.
Cuando, aquél día, al despedirme de mi amada la rodeé por la cintura con mi brazo izquierdo y puse el derecho por detrás de su nuca tapada por el sedoso cabello rubio, y apreté mis labios sobre los suyos, todos los sabores más intensos de las comidas, bebidas e incluso los postres más sabrosos dejaron de parecérmelo.
El primer beso me supo a gloria, a lo que debe ser un trozo de Paraíso. Mis labios no querían separarse de los suyos y se fundían en un abrazo que al entreabrirse buscaban el roce de las lenguas.
Algo nuevo sentí dentro de mi y ese día conocí lo que era la casi consumación del amor. Todas las caricias posteriores no significaron lo mismo. Si que es de recordar el día que consumas el acto de amor, por primera vez, con la mujer amada, pero como el primer beso, no hay nada comparable.
Si el día que la abracé corrí hasta mi casa sin parar, el día que la besé no podía correr, apenas reconocía las calles que una y otra vez había pateado. Todas me parecían nuevas y lo que es más curioso, ninguna parecía llevar a ningún sitio. Todas eran de alejamiento de mi amada. No eran recorridas por el hombre que va a su hogar, sino por el hombre que deja atrás al suyo.
-No podía ya dejar a aquella mujer-pensé. Si la perdiera ahora creo que me suicidaría, ya ninguna otra me parecía a tener en cuenta, excepto a mi madre. Había aprendido a amar y a respetar a mi madre desde la infancia y no había nunca, hasta el día de hoy, pensado que se podía amar a una mujer más que a la propia madre. Pero así era.
El primer beso fue como si un sello hubiera entrelazado los labios de los dos y ya no se quisieran separar aunque hubiera que comer, beber y hablar. Cada día, cada noche soñaba con repetir aquella experiencia. Las horas se hacían interminables menos aquella hora de los besos en la penumbra de un parque o en las esquinas de las calles solitarias. A veces no me importaba que me vieran besarnos, otras veces me daba, no vergüenza, sino como que si, si nos vieran, me robaran algo del goce indescriptible de los besos. Y de esos besos ¡no quería hacer partícipe a nadie!.


Publicado por Lanzas @ 12:34
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A VUELTAS CON EL ESTADO FEDERAL


Lanzas 14/09/2002
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La pretensión de convertir la nación española en un estado federal no es nueva, pero carece de consistencia y está de espaldas a la realidad, a nuestra Historia y a nuestra idiosincrasia, como voy a argumentar.
Los estados federales se han ido creando para unir regiones o naciones ya constituidas de antemano. Vamos a fijarnos en la nación más conocida internacionalmente, nos guste más o menos: Los EE.UU. de Norteamérica, se fueron formando por adhesión de estados que se iban independizando de Inglaterra, de España, o siendo comprados (La Florida) o arrebatados a los otros Estados Unidos de México (Nuevo México, Arizona y California), uniéndose de forma irrevocable en la Constitución de 1777, y por sucesivas adhesiones hasta 1861, y cuando los estados del Sur quisieron independizarse, ya no les fue posible y fueron sometidos a la Unión por la fuerza de las armas, con el pretexto de no querer abolir la esclavitud. Aún se incorporaron otros 10 estados más y un estado asociado (Puerto Rico). Es el ejemplo vivo de una Federación.
La realidad de la formación de la Patria española, que es preciso dar a conocer y no olvidar, es que a pesar de los intentos de falsear la realidad por parte de los nacionalistas, España es una nación que arraiga en el tiempo de los romanos, con la provincia HISPANIA, que legada a los visigodos, fue invadida por los musulmanes en el año 711, de forma pacífica en principio y aprovechando las luchas internas de los hispanos. Pero recordemos, que se RECONQUISTA (esta es la hazaña que empieza D. Pelayo y culminan los RR.CC. en el año 1492). Pero veamos: Las coronas de Castilla y Aragón se fusionan con el matrimonio de Isabel y Fernando en 1469, pero antes, en el 1379 Navarra era de la Corona de Castilla y antes, en 1358, las Juntas generales de Guernica, acuerdan de forma pacífica y voluntaria entregar El Señorío de Vizcaya (que apenas era la Vizcaya actual, pues Guipúzcoa y Álava eran ya de Castilla), en el famoso escrito en castellano viejo:”e querian ser de su corona e de los Reyes que después dél viniesen”, pero eso sí reservando sus leyes y costumbres de cristianos viejos, y sus fueros, que los Reyes de Castilla irían a jurar bajo el Árbol de Guernica.
La Cataluña nunca fue reino independiente( a pesar de la tergiversación de la Historia que ahora enseñan en Cataluña, convirtiendo al Rey Jaime I de Aragón en Rey de Cataluña( lo era por serlo de Aragón), y cuando en el año 1711 buscaron cobijo en Francia, volvieron arrepentidos, al comprobar la centralización borbónica francesa.
De forma irrevocable y por la posterior unión de todas las regiones en la Conquista de América, ESPAÑA es una nación con una proyección envidiada universalmente, y reconocida a pesar de la Leyenda Negra, que algunos pretenden seguir reverenciando
(La ANTIESPAÑA), pero eso será motivo de otro artículo.
El pretender romper una nación en pedazos, para luego federarlos, es una incongruencia propia de mentes retorcidas, que además en el caso de España y los españoles es inviable. Por un proceso innato de no querer ser menos (estúdiese el estado de las autonomías ahora vigente) todas las regiones e incluso algunas provincias por separado, bien orientadas por políticos sin escrúpulos querrían lo mismo: No existiría un federalismo asimétrico ni un federalismo simétrico, la atomización, sería si ello fuera posible, la respuesta enrabietada del español sorprendido por la maraña nacionalista.
España podría federarse con Portugal. De cuya alianza ya histórica siempre han sacado provecho ambas naciones , e idealmente con las repúblicas hermanas de Hispanoamérica, pero entre las Regiones que forman la patria española es un sin sentido.
La realidad educativa de los ciudadanos sometidos a la intransigencia nacionalista está dando sus frutos, como ya señalé en otro artículo. Espero que el paso, pequeño pero importante de ilegalizar Batasuna tenga el coraje necesario para además de hacerlo efectivo, corte de raíz el atosigamiento a los españoles en esas provincias vascongadas.
La inventiva nacionalista-aldeana está llegando a su fin; atraigamos con posturas rotundas, pero razonadas a la juventud a recobrar la fe en España y a reclamar la autonomía municipal, para la administración cercana al ciudadano, con elección en listas abiertas, por barrios y urbanizaciones a los concejales a los que se puede ayudar y controlar a la vez., así como un resurgimiento de los sindicatos de Empresa, que ayuden a hacer partícipes a todos los productores de la plusvalía.
La política nacional necesita de un gobierno central fuerte apoyado en la voluntad popular, pero defensor de la dignidad nacional y de los individuos que forman la patria, considerados no como votantes, sino como portadores de valores eternos.
Camarada Lanzas


Publicado por Lanzas @ 12:32
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EL MEJOR REGALO DE REYES





EL día dos de Enero se cumple el aniversario del final de la Reconquista por los llamados Reyes Católicos, es decir la expulsión de los últimos reyes árabes de la Península. Con este episodio se terminaba con un conjunto de pueblos antagónicos y recelosos y se constituía la nación llamada ESPAÑA. La reina Isabel fue la última reina de Castilla y la primera de España. El reinado de estos reyes estuvo marcado por el signo de la UNIDAD: unidad territorial, jurídica, de religión, de lengua, (el castellano), de empresa… que contribuyó de manera decisiva a que España como nación empezara a contar en el mundo conocido y mucho más en el que todavía quedaba por conocer. Todo esto empezó en el año 1492, y se ha tratado con mayor o menor fortuna de que continúe así hasta nuestros días.
Bien es verdad, que en la España de hoy y desde hace bastantes años, hay alguna que otra Región, hoy Comunidad Autónoma, en la que una parte de sus habitantes tratan de deshacer esta UNIDAD, que es donde reside nuestra posible fuerza, utilizando métodos rastreros y criminales que se han llevado por delante la vida de numerosos españoles inocentes. España, les ha tratado de forma que no merecen: con las armas de la LEY. Yo estoy convencida que jamás conseguirán lo que quieren. Los españoles de verdad podremos respetar las diferentes costumbres, creencias, lenguas, si se tienen, de esas y otras Autonomias, pero NUNCA vamos a consentir que esos pocos osen siquiera destruir lo que tanta guerra y tantos siglos tardó en conseguirse.
Yo pido a los jueces a los que les competen esos temas que no dejen sin castigo a las personas que se permiten el lujo de quemar en público una bandera española, bandera por la que tantos hombres han muerto, y a la que los que nos sentimos españoles amamos y respetamos. No he visto todavía quemar en público ninguna ikurriña. No es necesario; podemos entender que para otras personas tenga un noble significado, y eso es suficiente para el ciudadano de bien.
A veces , algunas personas que están a mi lado, se sienten algo pesimistas con respecto a que España como nación pueda ser destruida. Yo les tranquilizo con mi creencia que eso no pasará mientras yo viva, por lo menos. Confío en mis compatriotas, que aunque en estos momentos puedan parecer algunos que pasan de esos temas, si llegara el caso de que la UNIDAD de España se viera comprometida, los descendientes de aquellos valientes españoles que se levantaron con palos y azadas contra las bien armadas fuerzas napoleónicas , aquel dos de Mayo de 1808, cuando vieron que de forma impune pretendían sacar de España al Infante, estos nuevos españoles, entre los que yo me cuento no van a permitir semejante disparate. Somos diferentes, sí; esto nos enriquece; y hemos de respetarnos todos entre sí, pero sabiendo que pertenecemos a un ente superior que es nuestra nación, fuera de la cual no contamos ninguna Autonomia nada en el exterior. El separar empobrece, aldeaniza. La variedad enriquece, y juntos da FUERZA Y PODER.

Deseo que el año próximo la comprensión y la concordia sean los más importantes instrumentos del entendimiento entre todos los españoles.
María Ángeles.

FELIZ NAVIDAD


Publicado por Lanzas @ 11:38
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