Jueves, 20 de octubre de 2005
VIVO EN UN MUNDO EQUIVOCADO.


Una mañana me levanté muy temprano y miré por la ventana, a través de la cual se filtraban los primeros rayos de sol. Desayuné deprisa una tostada con aceite y me encaminé con paso decidido hacia el trabajo. Vivo como a tres manzanas del local que me sirve para el negocio y me gusta ir andando cuando el día es soleado, como aquí suele serlo.
En el portal me encontré con unos niños que salían para el Colegio con una gran sonrisa en los labios. -¿Estáis contentos, hoy?-pregunté-El más mayorcito, que aparentaba unos 10 años me contestó:
- Mucho, hoy llevamos hechos todos los deberes y la maestra nos ha dicho que nos dará un premio por ello. Y nosotros le daremos un beso.
- ¿ No os peláis en el aula o en el patio?-
- No, no, jugamos todos juntos y si alguno sufre una caída o algo así, le ayudamos entre todos y hasta le curamos.
Sorprendido por lo que contradecía a las noticias que se oyen a diario, seguí caminando como si nada. Y junto a la cafetería de la esquina vi a una pareja de un hombre y una mujer, aya maduros, de unos 45 años o más abrazándose y me acerqué: Eran los vecinos del 2º, que llevaban casados ya más de 15 años y padres de alguno de los niños que acaba de saludar.
- Buenos días; ¿se va de viaje alguno de ustedes?
- No, ni mucho menos. Es que ya sabes que ella trabaja de maestra y yo soy policía y como no nos veremos hasta la noche, queremos que todos nos vean como nos queremos y es más nos deseamos que todo vaya bien. Ya sabes, que aquí no ocurre nada relevante. Ni los niños se pelean, ni nadie atraca ni viola a nadie. Ni siquiera se pelean los maridos con las mujeres.- dijo Manolo, el vecino.
Ya esto me pareció más raro-. Las estadísticas mienten?- Me pregunté-Ayer leí que en esta ciudad todos los días hay violencia que llaman doméstica y algunos con resultado de muerte. En fin las cosas habrán cambiado.
Un poco más allá vi a una anciana ayudada por un joven a cruzar la calle, entre una vorágine de coches que se paraban de inmediato al ver el espectáculo y le decían al joven muchos conductores: ¡Así se hace, generoso!. No te aceleres. Que no tenemos prisa.
-Uff, ¡qué bonito!¡Mi arma, qué rebonito!- oí a una mujer a mi espalda.
- ¿Cómo dice? Ah, por lo del muchacho que ayuda a la señora, no.
- ¡Qué va!. ¡Sol, lo digo por ti, resalao!. Qué vas como un niño a la escuela a tu edad.-
-¡Gracias, señora, gracias!- Y eché a casi correr, de emoción.
Un poco más allá vi a un grupo de jóvenes que echaban cuentas de cómo pasar el día después del trabajo: Irían a la exposición de A, Martín, el pintor, después al cine a ver: La Pasión del Señor y más tarde a tomar unos refrescos sin alcohol al bar de Pepe.
Cuando llegué a mi local, que ya estaba abierto, por el ayudante que tengo. Me saludó efusivamente, con unos: ¡Buenos días D. Roberto!. Hoy he limpiado ya las mesas, y he ordenado todos los papeles y el ordenador le he reseteado para que vaya más rápido. Espero que después comamos juntos para charlar de cómo mejorar el negocio, que estoy muy contento con todo como trascurre.
Me iba a pellizcar, cuando de pronto sonó el despertador. Rigggg!!!¡Riggggg!. Le habla Radio Nacional!!- le tengo conectado a la radio- “Dos muertos en una acción terrorista en el barrio de…” “Un hombre apuñala a su mujer en Sevilla”. “La violencia en las aulas se dispara.”…
Decidí apagar el despertador y NO IR A TRABAJAR ESA MAÑANA.


Publicado por interazul @ 12:34
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