Jueves, 20 de octubre de 2005
EL ENCUENTRO


Aquella ma?ana me levant? como ya tantas otras sin ganas de nada. Fui a la cocina a hacerme un poco de caf? y tomar un zumo de naranja. Mir? por la ventana y lo que vi no me interes? para nada. Me tome mis pastillas para la tensi?n y el colesterol y me ech? de nuevo, ahora en el sof?.
A pesar de haber tomado dos valiums no hab?a podido descansar bien; el sue?o era ahora mi enemigo. Los d?as se suced?an sin aliciente alguno y all? en aquella soledad en que me encontraba la vida carec?a de sentido para m?.
Ya no pod?a ni ir a mi trabajo, que era lo ?nico que me manten?a con algo de aliciente y norte en mi vida desde mi separaci?n. Me encontraba tan mala que no pod?a soportar las siete horas de trabajo, aunque ?ste no fuera de mucho ejercicio.
Estaba sola. Mis hijos hab?an partido hacia otras ciudades para realizar tambi?n sus trabajos y no ten?a a nadie, excepto algunas amigas, que como yo, estaban solas.
Sab?a que estaba en lo m?s profundo de un pozo, desde cuyo fondo no vislumbraba claridad alguna. Me agarraba como pod?a al borde del mismo tratando de ganar la luz, pero cada vez volv?a a caer al fondo. El vac?o era mi mejor amigo.
La psic?loga a la que acud?a cuando mi angustia era total, me hab?a aconsejado que cambiara de vida, que buscara alguna relaci?n, que me comunicara m?s con la gente, que no estuviera tanto tiempo sola. El problema era que a m? ya no me interesaba nada ni nadie .Me hab?a apuntado a una Agencia de contactos y no llegu? a conocer a nadie que me mereciera la pena. No s? si era que todos aquellos hombres val?an poco o era yo que no valoraba nada.
Cuando llegaba la noche y me met?a en mi amplia cama, era cuando mi realidad se me hac?a m?s intolerable. No ten?a miedo a los presuntos ladrones, ten?a miedo de m?.
Miedo de enloquecer entre aquellas paredes, sin un rostro que me mirase y una mano que pudiese agarrar cuando el mundo se me antojaba algo absurdo e in?til.. La idea de que no ten?a que haber nacido ganaba espacio en mi mente y la otra de que muy bien pod?a acabar con todo aquel dolor, tambi?n. Unas cuantas pastillas, bien mezcladas, un sue?o profundo y todo terminar?a?
Pero algo en m? se rebelaba de alguna manera contra esa idea. ?Por qu? no pod?a yo ser un poco, s?lo un poco feliz? Nunca lo hab?a llegado a ser .Me hab?a casado. S?, pero nunca llegu? a conocer el aut?ntico amor. Y yo quer?a haber amado, haber besado con pasi?n a un hombre, haber compartido con ?l todas mis sensaciones, mis alegr?as, mis penas, mis logros, haber envejecido juntos, unidos?hasta el final como nos dijo el sacerdote que nos cas?.
Pero no. Nada de esto hab?a sucedido. El desencuentro se produjo desde el primer d?a. Nuestros caracteres chocaban frontalmente y el amor que cre? encontrar en aquel hombre no se dio jam?s. Y en m?, tampoco. Y ahora yo andaba sedienta de amor, de compa??a, de palabras amables no escuchadas, de besos no dados, de caricias no recibidas, de pan no compartido? la soledad era mi mejor amiga, pero yo la odiaba.
Me levant? y fui al armario donde guardo las medicinas. Ten?a las suficientes drogas picotr?picas como para acabar con un caballo; y yo soy m?s bien menuda. Extend? la mano para coger un sedante, pero la dej? en el aire. Algo invisible me pareci? impedir tocar mis pastillas. Not? que sudaba copiosamente y volv? al sal?n a reposar unos minutos en el sof?.
De repente me acord? que ten?a que salir a por los partes de baja. ?Dios m?o! Con lo mal que me encontraba. Mir? el calendario y vi que la baja anterior hab?a concluido y no ten?a m?s remedio que ir a por otra.
Fui a mi habitaci?n y me arregl? lo mejor que pude despu?s de ducharme y medio mareada por tanta pastilla sal? al pasillo para tomar el ascensor. Lleg?, entr?, y cuando llegu? a la planta baja un hombre de cierta edad estaba parado ante la puerta. No s? c?mo mis llaves cayeron de mis manos algo temblorosas y aquel se?or se agach? para recogerlas. Cuando me las entreg? me mir? a los ojos y yo a ?l. Eran unos ojos ya cansados pero al mismo tiempo llenos de vida. Al momento me di cuenta que me gustaron. Quise darle las gracias por su amabilidad y not? que balbuceaba. ?Uf! Vaya rid?cula que me sent?. El hombre me sonri? y me pregunt? si necesitaba algo ya que me ve?a, seg?n dijo, muy p?lida. Yo sin saber bien por qu? romp? a llorar. Llor? por todo y por todos los que como yo viven solos y pensando que la muerte es la mejor soluci?n para sus vidas sin tener en cuenta que ?sta es lo ?nico que tenemos, es decir, lo m?s preciado.
Me acompa?? a una cafeter?a que hay en la esquina de mi calle y tomamos un caf?.
A medida que me hablaba y sobre todo, me miraba yo sent?a que algo muy dormido en mi alma, despertaba. No pod?a creerlo. ?A estas alturas!
Charlamos tanto tiempo que la hora de la consulta se me pas?, pero no me import?.
Me pidi? si pod?amos vernos otro d?a y yo sin pensarlo dos veces dije:
-?S?! encantada.
Me tendi? su mano y ?sta era c?lida y suave y yo percib? una emoci?n largo tiempo ausente en mi vida. Me sent? rara pero tambi?n muy bien. Todo aquello, a mi edad, me parec?a absurdo, pero era lo que estaba sucediendo.
Solt? mi mano y nos dijimos hasta pronto.
Volv? a subir a casa. Una intensa emoci?n recorr?a mi cuerpo. Fui a la cocina y vi el armario de las medicinas abierto, le di un empell?n a la puerta que casi la descuajo.
Estaba segura que ya no me har?an falta. La vida volv?a a mi vida. Y, aunque no fuera m?s que una ilusi?n, era suficiente.
Publicado por mariangeles512 @ 11:18
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