Jueves, 20 de octubre de 2005
YO, UNA PERRA


Imagen
- ?Me encontr? perdida! No conoc?a aquella hilera de casas en que de repente estaba. Deambule por la Urbanizaci?n y nadie me prest? la menor atenci?n.
A primeras horas de aquella ma?ana me arrincon? junto a una tapia de una casa que hac?a esquina. Al cabo de un rato una mujer sali? como para entrar en el coche de color granate que all? estaba estacionado. Era una mujer guapa, pero lo que me llam? m?s mi atenci?n fue su mirada: la mirada de una persona buena.
Los ojos de esta mujer se dirigieron a m?. Vi que le conmov?a mi aspecto sucio, llena de garrapatas, hambrienta, parturienta de hac?a poco?
Gir? sobre s?, entr? en su casa y sali? con un cuenco con cereales para nosotros; lo deposit? en la acera y se fue, no sin antes avisar a su hija mayor que yo estaba ah?.
Me abalanc? sobre el cacharro y no dej? ni gota de comida, luego beb? agua que tambi?n me puso y me sent? bien: ?a?n hab?a gente buena en este mundo tan hermoso!

Pasado alg?n tiempo, sali? de la casa una joven. Se mont? en un peque?o coche blanco y parti? y yo sin saber por qu? la segu? carretera abajo, aunque cuando el coche tom? m?s velocidad, pens? que mi coraz?n estallaba y me detuve, y me regres? al porche de la misma casa.
Pas? el d?a, cuando ya el sol de oto?o declinaba lleg? la joven. Yo muy contenta me acerqu? a ella, intu?a que era la hija de la que me puso la comida: no me equivoqu?. Sali? con otro colega que ya ten?an en un jard?n (?vaya suerte!) y yo disimuladamente les segu?. Su perro me ladr? ?como no! Pero la joven le mand? callar ?Muy bien! ?As? se hace!
Al poco rato vimos llegar a la due?a que ven?a del trabajo. Me mir? con simpat?a. ?Cu?nto agradec? aquella mirada!
-?Hola, hija! ?Qu? tal el d?a?
-Bien, mam?. Pero ?Te has dado cuenta que a?n est? aqu? esta perra?
-Pues s?, ya veo; bueno, ?mira! Nos vamos a quedar con ella sin que tu padre se d? cuenta pues dice que estoy loca por ir recogiendo todos los animales abandonados que me encentro.
-Y,?C?mo lo vamos a hacer?
-Veras, le pondremos un cacharro con cereales y otro con agua. Yo voy a ir ahora mismo a comprar algo contra las garrapatas, porque, claro, as? no podemos tenerla. Y para dormir le pondremos un trozo de colch?n de espuma de los asientos de los cojines de las sillas del jard?n. Cuando vea que est? limpia le dar? un ba?o y ya veremos si la podemos meter en el jard?n con el Sult?n.
Yo, se?ores, no pod?a creerlo. ?Me hab?a tocado la loter?a! Levant? mi hocico al cielo, ya negro y le di gracias al Buen Dios porque tambi?n existieran en el mundo personas como estas. Me hice la formalita y as? estuve, al menos quince d?as viviendo en el exterior del chalet, pero bajo el porche.
Al cabo de ese tiempo que a m? me pareci? maravilloso, la se?ora se puso un delantal, unos guantes de goma y vi que se dispon?a a lavarme de arriba abajo. No es que me guste mucho el agua pero decid? que lo mejor era dejarme lavar.
Despu?s del enjabonado, mi pelo parec?a de oro,? ya ni me acordaba lo hermosa que hab?a sido!
Cuando mi nueva ama termin? le o? decir:
-Creo que ya la podemos poner junto al ?Sulti?. No creo que haya peleas, pues se han estado viendo bastantes d?as y no ha ocurrido nada relevante.
As?, pues, entr? el jard?n, en la parte reservada a los perros. Hab?a uno s?lo. El t?o ten?a su caseta y todo. De momento me hice la tonta, pero me dije para mis adentros que all? iba a mandar yo.
El Sult?n ?se, con un nombre tan rimbombante, no sab?a nada. ?Ni por donde se hac?an los cachorritos! ?Qu? barbaridad! ?Tuve que tener una paciencia hasta que dio con el sitio! Pero ?Dio! ?Menos mal, que sino no me como un rosco en ese patio!
Tuvimos trece cachorrillos, nada m?s y nada menos. Mis amos no sab?an qu? hacer para atender tanto perro.
La se?ora se levantaba por la ma?ana muy pronto para hacernos papillas de harina de ma?z. Se ve que recordaba como aliment? a sus hijos. Nos hac?a cinco al d?a, hasta que nos hicimos algo mayores.
M?s tarde y con pena por parte de todos hubo que regalar a varios de mis hijos. Ellos se quedaron con dos. As? que ya ?ramos cuatro en aquel jard?n que para m? fue como el Para?so de los Canes.
Los amigos y familiares de esta pareja no entend?an a qu? ven?a tanto perro. Ellos explicaban que no pod?an abandonar a un animal que ya hab?a sido echado a la calle.
Mi ama se esforzaba en hacer entender que nosotros sentimos y que si tenemos cualidades humanas, como la lealtad a ultranza, la fidelidad, el amor m?s desinteresado, la inteligencia y ese o?do maravilloso con que la Naturaleza nos ha premiado, ten?amos que ser amados y respetados.
No s? si la entend?an o si pensaban que estaba chiflada ?A ella le daba igual!
?Eso s?! Yo me sent?a algo pesarosa, sobre todo en los veranos, cuando o?amos que no pod?an ir de viaje que fuera m?s largo de un fin de semana por culpa nuestra. Porque ?Qui?n se queda a cuidar cuatro perros? ?Nadie!
Pero a ellos no les importaba. ?Nos quer?an! ?Eso era todo!
Pasaron varios a?os, en los cuales fui muy feliz.
Un d?a empec? a sentirme algo rara. La hija menor avis? a la due?a. Sali? y me mir?. Algo malo debi? ver que avis? a un veterinario de urgencias, pues era Domingo. Lleg? a la casa con su malet?n. Me mir? y cuando mi ama le pregunt? qu? ten?a o? algo as? como un derrame en la cabeza. ?Vaya! ?Se acab?!
De todas maneras he sido muy feliz aqu? entre estas personas que me han querido y cuidado y hasta los perros sabemos que no hay nada eterno?
O? a la se?ora preguntar:
-?Tiene remedio?
No entend? la respuesta, pero s? a mi due?a:
- Bueno, entonces haga lo que tenga que hacer, pero que no sufra?

A mi querida perra de ojos maravillosos
Publicado por mariangeles512 @ 1:09
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios