Jueves, 20 de octubre de 2005
LA TRAICI?N




Estaba intranquila. Le hab?an llegado rumores, chismes, pero no quer?a darles o?dos. La gente, a veces habla s?lo por hablar, por no decir para hacer da?o. No pod?a ni siquiera imaginar que el hombre por el que hab?a dejado todo pudiera serle infiel. ?No, no pod?a ni imaginarlo! Aparte, pens?, que no hab?a dejado nada por ?l, ya que para ella lo m?s importante, su vida: era ?l.
Sin embargo hab?a algo que es lo que le hac?a dar cierto cr?dito a las habladur?as. Esos ojos ausentes, esa voz inexistente, esas noches sin amor, ya demasiadas, esas llegadas tard?as sin apenas explicaciones? Y de eso hac?a ya cuatro largos meses. ?Qu? ocurr?a? ?Ya no la necesitaba? ?No se sent?a atra?do ya por ella? ?Era eso? O ?es que ya ven?a ?comido? a casa?
Ella, una mujer sencilla que no ve?a m?s que por los ojos de ?l, a la cual le hab?an mal ense?ado que de ciertas cosas mejor ni hablar; no se atrev?a a preguntarle qu? le pasaba que ya no la buscaba, que sus noches eran tan fr?as como el cielo de la tierra mesetaria en que viv?an. Que ella le necesitaba, que le hab?a esperado cinco largos a?os, que no hab?a ni por un momento pensado en hombre alguno, excepto en ?l. No se atrev?a? ?No! Deb?a esperar que ?l tomase la iniciativa, la mujer no pod?a, mejor, no deb?a buscar ser acariciada, besada, amada?
Los d?as comenzaron para ella a ser aut?nticas pesadillas de duda y suposiciones. La inmensa alegr?a sentida cuando se volvieron a reunir se disolv?a como la sal en el agua.
Y en las tristes noche junto al cuerpo del ser amado, muy cerca pero muy lejos se sinti? vac?a y triste como no lo hab?a estado cuando ?l estaba encerrado.
Y de repente, sinti? que deb?a hacer algo. Salir de esa terrible duda ?Ya! Ser?a ella misma la que si hab?a algo de cierto en los comentarios escuchados, lo descubrir?a. S?lo se fiar?a de sus propios ojos.
Su mente trabaj? r?pidamente: ?Qu? har?a? Y la luz se encendi?.
Ir?a por la carretera por donde le hab?an dicho hab?an visto a la intrusa a ver qu? se encontraba. Ella deseaba ardientemente no ver nada; nada de lo que la atormentaba.
As? pues, cuando el marido hubo abandonado la vivienda para ir a su trabajo, cogi? a su hija mayor y la mand? con su comadre y vecina y a la peque?a la envolvi? en una toquilla y ech? carretera adelante hacia la f?brica donde trabajaba su hombre.
Caminaba lo m?s r?pido que los pies y el peso de su hijita le permit?an. La distancia a la f?brica era algo grande y quer?a llegar a la hora en que los trabajadores com?an.
Iba caminado entre una hilera de viejos y grandes ?rboles que daban a la carretera un aspecto algo inquietante. Cuando ya hab?a caminado m?s de una hora vio a lo lejos en una cuneta de un lado de la mencionada carretera un bulto. Se par? en seco. ?Qu? era aquello? No divisaba bien. Pens? en alg?n animal atropellado pero le pareci? que aquello se hab?a movido. ?No! No era un animal. A medida que avanzaba, aunque ahora m?s despacio tuvo la certeza que no era animal alguno aquel bulto bastante grande que apenas vislumbraba con los troncos de los ?rboles que se interpon?an ante su mirada.
No supo bien por qu? pero su coraz?n empez? a palpitar fren?ticamente, o s? lo supo, ya que seg?n se acercaba crey? o?r unos gemidos. Tuvo miedo de que fuera alguien herido y no le hubieran visto para ayudarle. Agiliz? su paso para ver con m?s precisi?n y, cuando estaba apenas a unos metros sinti? que la sangre se agolpaba en su cabeza y que la noche se abat?a sobre ella.
En la tierra dos cuerpos entrelazados desnudos de cintura para abajo, uno sobre el otro, am?ndose con pasi?n. Unos pantalones conocidos, lavados, cosidos por ella?Unas piernas femeninas tambi?n conocidas? Se tap? la boca con la mano. No quer?a que su grito se oyera por todo el Universo. Gir? sobre s? y se alej? de all? con unas piernas que se negaban a sostenerla y un mareo que le negaba la visi?n.
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Publicado por mariangeles512 @ 0:54
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