Mi?rcoles, 19 de octubre de 2005
PAS? COMO UN CICL?N

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Ca?a la noche sobre la ciudad, y un poco apesadumbrado por encontrarme solo y en cierta medida abandonado por la mujer que siempre hab?a querido y que a?n quer?a, iba de bar en bar y de caf? en caf? tratando de consolarme.
Sab?a que lo que estaba haciendo, m?s que ayudarme, me resultar?a a la larga perjudicial. Cuando despertara de la modorra a que me llevaba el alcohol ser?a a?n peor. No tendr?a consuelo sino con m?s alcohol y m?s lamentos.
De pronto, al otro extremo de la barra de aqu?l bar maloliente ya por el c?mulo de humos y de aceites quemados que sal?an de la cocina, m?s los de los cigarrillos mal apagados, la vi. Era rubia y esbelta, con unas piernas largas, que a pesar del sopor que sent?a me hac?an recordar las de mi amada. Sus facciones eran las de una mujer cuidada y preocupada por su aspecto. Me pregunt?: ?Qu? har?a una mujer as? en un lugar como este?. No me content? con elucubrar y me dirig? a ella: -?Te apetece una copa?- la espetell?. Ella contest? enseguida: -Si, un mart?n con mucho hielo, gracias-.
Enseguida se estableci? una corriente de afecto entre los dos y parec?a como si ya nos conoci?ramos desde hacia tiempo. Le cont? mi tristeza, al verme abandonado, despu?s de haber querido tanto, y ella me consol?, diciendo que se hab?a sentido enga?ada y hab?a dejado a su marido recientemente tambi?n, porque no pod?a vivir al lado de un hombre que la ocultaba cosas, ment?a y hasta la insultaba, cuando quer?a indagar sobre algunas mentiras. Me dijo que tantos a?os de convivencia juntos le hab?an resultado un terrible suplicio y que nunca m?s se dejar?a enga?ar por nadie.
Despu?s de una hora larga de conversaci?n, me confes?: - A?n le quiero, s?lo necesito que se arrepienta y cambie de actitud, nuestras vidas deben ser tranquilas y sin tantas discusiones.-
Y yo como un ni?o le contest?: -A mi me pasa algo parecido, no quiero enga?ar m?s a mi mujer en nada, quiero vivir con ella unos a?os que nos lleven juntos hasta el final de nuestros d?as.-
Y de pronto, una voz me dijo:-Es hora de cerrar, se?or, tengo que acompa?arle hasta la puerta:- Era el camarero que nos hab?a atendido. A rega?adientes me levant? y v? encima de la mesa dos copas, una era la m?a, la del co?ac, pero la otra era de un mart?ni, apenas empezado.-?D?nde est? la mujer que me acompa?aba?-le pregunt?. Despu?s de unos segundos, que el silencio, dentro del vaho maloliente del barucho, se pod?a cortar, o?: -Se?or, aqu? no hay ninguna mujer.-
Me deslic? por la pared dando tumbos, y el fr?o de la madrugada me despert?. Un viento fr?o me desbarat? los mal peinados cabellos.?Habr? sido un cicl?n?...
Publicado por Lanzas @ 23:46
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