Martes, 18 de octubre de 2005
EL M?S TRISTE VIAJE A VALLADOLID

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Soy un coche amplio, que mis due?os utilizan, sobre todo, para hacer viajes largos. El Domingo, 1 de Abril de 2002, me sacaron apresuradamente del garaje donde paso silenciosos d?as acompa?ado solamente por el miau de cuatro gatos, me llev? mi due?o a la gasolinera y me llen? hasta los topes el dep?sito; entonces deduje que nos ?bamos lejos, no al Corte Ingl?s, como otras veces. Lo que m?s me extra?? fue el semblante de mi amo. Estaba serio, muy serio. No es que ?l sea un tipo muy simp?tico, no, pero es que ese d?a ten?a no s? qu? brillo en la mirada, pudiera ser que fuera el reflejo de los cristales de las gafas, pero la verdad, es que me fui sintiendo cada vez m?s inc?modo. La alegr?a que sent? cuando me sac? de la oscuridad del garaje se hab?a difuminado, y hasta la dichosa carreterita hacia Mijas me pareci? que ten?a m?s curvas y baches de lo habitual.
Cuando llegamos a la casa salieron de inmediato la mujer y la hija peque?a. Tambi?n iban muy serias.
-?Caramba!, aqu? ha pasado algo- pens?. La hija mediana, una tal Laura, hab?a llegado momentos antes acompa?ada de su marido. Se quedaron en la casa cuando mi amo me arranc? con el nerviosismo que en ?l es normal aunque sent? que esa ma?ana era m?s acentuado. Me di cuenta, a pesar de las prisas, que un colega m?o, aunque de otra casa, pero tambi?n franc?s, estaba aparcado un poco m?s hacia la peque?a rotonda que circunda la casa.
Mientras me introduc?a en la autov?a, puse el o?do presto a ver si cog?a ad?nde nos dirig?amos, porque eso de ir a 140 por hora y no saber ad?nde vas tiene su miga.
Entre las voces de mis due?os y la ni?a que grita como una condenada, pude entender que ?bamos a Valladolid, la tierra natal de los se?ores que me ocupaban. Pero, ?qu? demonios ?bamos a hacer en Valladolid despu?s de La Semana Santa, que es cuando, por l?gica, tendr?amos que haber ido?. Empec? a entrar en calor una vez que rebasamos la provincia de Granada.. El pavimento lleno de parches, menos mal; hace un a?o estaba en obras, y, no ve?is las pobres llantas. Me llam? la atenci?n el silencio que reinaba en mi habit?culo: yo corr?a y corr?a, pero los colegas de la operaci?n retorno, no me dejaban en mi carrera, y ten?a que detenerme y detenerme. ?Vaya aburrimiento! Con las ganas que ten?a de estirar las ruedas?
Nos detuvimos dos veces, las dos para que mi ama meara; otra, para darme de comer a m?, que hasta Valladolid hay unos ochocientos kil?metros y con una vez que me alimenten no es suficiente. Una vez que dejamos atr?s Madrid, pude correr m?s a gusto; me sent? orgulloso de los comentarios que mi due?a hac?a sobre m?: que me comportaba admirablemente, que le segu?a gustando m?s que ning?n otro coche que ve?a? en fin, que a pesar de que el ambiente no estaba para muchas fiestas, por no decir para ninguna, los elogios no se me escatimaron.
Ya entrada la tarde noche, llegamos a capital del Pisuerga, muy cambiada, por cierto. Mi amo me estacion? delante de un edificio que me pareci? un hotel, sobre todo, porque le dio mis llaves a un mozo vestido como de general, para que me guardara en un estacionamiento privado, creo que del hotel, y no pasara la noche en la calle; eso s?, para eso mis due?os son muy mirados. Esa noche no descans? bien porque mi mente estaba ocupada con las personas que me hab?an llevado hasta all?. Durante todo el viaje tuve la intuici?n que sufr?an por algo. Hab?a o?do hablar sobre la abuela, pero con el potente trepidar de mi motor, no hab?a podido captar bien las palabras. Tengo que confesar que yo quiero a mis due?os. Ellos me tratan muy bien y cuando me he hecho un rasgu?o o tengo alg?n problema de salud, enseguida me llevan al especialista para que me ayude en lo que pueda: la verdad, son buena gente.
A la ma?ana siguiente, a eso de las diez y media, me sacaron de mi lugar de descanso. Ahora se hab?an incorporado al grupo los dos hijos mayores de mis amos, su hermana y su esposo e hijos. Todos vestidos de oscuro; hasta me di cuenta de que mi due?o llevaba una corbata negra, esto me dio muy mala espina, porque ?cu?ndo se pone un hombre una corbata negra? Cuando se le ha muerto alg?n ser querido ?no?. Y si mi amo ya no ten?a padre, y su rostro estaba tan sombr?amente triste, no pod?a ser otra cosa que la que hab?a muerto era su madre. Claro, yo hab?a escuchado abuela, y no me hab?a equivocado. ?Vaya por Dios! Tantos kil?metros y era para enterrar a su madre.
Sinceramente, con mi coraz?n de extra?os materiales, yo sent? una gran compasi?n por este hombre que me ha llevado y tra?do por espacio de siete a?os, y tambi?n por su esposa, la cual yo sab?a que apreciaba sinceramente a esa mujer, y que en esta temporada est? pasando por muy malos momentos de salud y existenciales; seguro que le ha ca?do como un mazazo; tiene un coraz?n extremadamente sensible y pr?cticamente sufre por todo, y nada humano ni animal le es ajeno. As? es ella de infeliz.
Como os dec?a, se subieron los cinco, y nos dirigimos por una carretera bordeada de cipreses hacia el Cementerio de Nuestra Se?ora del Carmen. Hac?a un tiempo precioso, con un Sol que deseaba alegrar los corazones, sin conseguirlo.
Llegamos y me aparcaron casi enfrente de una de las puertas desde donde yo pod?a ver el interior del Campo Santo. Fue as? como pude ver a las personas que iban llegando para acompa?ar a los hijos de esta buena mujer que, b?sicamente, lo que hizo en vida fue trabajar y ayudar a los dem?s. Vi c?mo caminaban con paso r?pido hasta el Mercedes que desde Sevilla hab?a conducido por ?ltima vez a la madre a su ciudad. Los hijos ante la presencia del f?retro dejaron desbordar su emoci?n. Poco despu?s el Mercedes rod? lentamente hasta el lugar en que est? la tumba de la familia Curiel. Sacaron el ata?d del coche. El sacerdote hizo el responso f?nebre, y unos hombres levantaron media losa, por la que introdujeron la caja en la que la madre descansar?a por toda la eternidad. En estos momentos fue cuando el dolor aflor? plenamente; hubiera deseado tener p?rpados para no ver sufrir de ese modo a mi querida familia. Pero mis faros permanecieron abiertos.
Al cabo de un rato, toda la familia volvi? al lugar donde est?bamos los veh?culos. Les vi m?s tranquilos, quiz?s porque piensan que la madre est? de otra manera entre ellos, y que m?s tarde todos volver?n a encontrarse en la paz, la alegr?a y el amor absolutos por toda la Eternidad. Este pensamiento me gusta, la verdad.
Despu?s me llevaron a una calle cerca de la Iglesia donde se celebrar?a la Misa por el alma de la madre, a la que toda su familia hab?a amado profundamente en vida, y la seguir?n recordando con amor, pues esto es lo que sembr?.






Mijas a siete de Abril de 2002

Firmado: SAFRANE
Publicado por mariangeles512 @ 23:45
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