Martes, 18 de octubre de 2005

Segunda parte de LA CÁRCEL DE AMOR.

EL CHASCO


Imagen
Alicia siguió ensimismada con Internet. Le gustaba entrar en los chats y buscar personas que le aportaran algo de charla amena y recurrente. Se le ocurrió una cosa: Cambiar de Messenger y de nik. No rebelar su nombre real. A partir de entonces se llamaría Natalia y sería de un pueblo cercano a sonde ella vivía, por si surgía algo interesante, pero no daría su dirección real.
A los que notaba más interesantes les daba el nuevo Messenger y les enseñaban fotos de otra persona parecida a ella, pero nunca ella misma. Y hasta se hacían guiños y lanzaban besos por la cam., aunque siempre un poco en penumbra. Todo ello era intrascendente. Nunca quedaba con nadie de forma seria.
Pero una tarde apareció un hombre fuera de lo común. La dijo que era policía y licenciado en Derecho. Que estaba destinado en Asuntos de Investigación Especiales, pero a él lo que le interesaba de verdad era la Literatura y la Poesía.
De momento se acordó del Pedro aquel que le había engañado y quiso ser más cauta. Al enseñarle fotos le gustó. Era un hombre de unos 56 años y bien parecido. Aunque las fotos eran poco claras y muchas de ellas entre otras personas que no distinguía bien. Ella le enseñaba sus fotos de cuerpo entero de esa persona parecida a ella.
Hablaban de Miguel Hernández, de García Lorca, de Neruda y hasta de Becker. También de ciertos escritos que él mandaba a los foros, con nombre supuesto y de los de ella con su nombre nuevo.
Las conversaciones eran muy amenas y él siempre muy amable en todo momento y sensible con su situación de mujer sola y poca atendida por su marido. Él empezó a interesarse por su situación. ¡Siempre igual!. ¿Qué si estaba casada?. Ella le decía que estaba en trámites de separación, que su marido la aburría sobremanera y que hasta la maltrataba con sus requerimientos sexuales a los cuales no daba importancia.
La dijo que se llamaba Juan Luis y que a él le pasaba lo mismo con su mujer y que era una inculta y que no hablaba más que de compras y de los hijos. Y de gastos y cosas así.
La incipiente amistad internauta se fue agrandando día a día y la simpatía mutua creciendo, de manera que esperaban ambos las horas del atardecer como adolescentes que esperan la hora de un encuentro a hurtadillas.
Él se las ingeniaba para mandarla composiciones musicales y literarias que elaboraba con Microsoft PowerPoint y que quedaban muy sugerentes con paisajes idílicos. Ella se dejaba adular con sugerencias sobre su belleza.
Nunca dieron importancia a la poca claridad de las fotos y la cam casi dejaron de ponerla por problemas de enfoque o algo así se dijeron.
El interés por un posible encuentro en una cafetería, al no poner el pegas en ir a donde ella dijera se hizo realidad. Se encontrarían de forma informal, sin ninguna intención de llegar a nada comprometido, pero tratando de salir de esa situación de modorra en que estaban sumidas sus vidas familiares.
El día llegó. Por fín quedaron en “El Ideal”, cafetería cerca del lugar de trabajo de ella, un viernes a las 14 horas, antes de ir ella a casa a soportar a su aburrido marido.
Como no las tenían todas consigo de si se reconocerían o no acordaron lo siguiente:
El llevaría una camisa multicolor, un pantalón verde oscuro que le quedaba muy bien y un ramo de rosas rojas en su mano. Ella el traje beige con un lazo blanco en la solapa y un bolso de piel marrón del cual sobresaldría un folio enrollado. Con esos datos y teniendo en cuenta que ella era rubia y bien formada no habría equivocación.
Él la advirtió que serían puntuales, porque así no habría equivocaciones.
El gran día llegó. Alicia, ahora Natalia, pensó que si él merecía la pena directamente y sin pantallitas de por medio, le contaría que cambió de nombre porque le acuciaban demasiado los hombres con tanto querer quedar, pero que todo lo demás era verdad y la pura verdad. Él pensó que si ella era la mujer que esperaba, le contaría que cambió de nombre por motivos de seguridad, ya que había sido policía, aunque ya no lo era en activo y ya vería como salía del atolladero.
Cuando entró Alicia en “El Ideal” iba un poco despistada, y lentamente recorrió con su mirada el local. No era muy grande, pudo ver en la segunda mesa del fondo a una persona que conocía y ¡Sorpresa!. Divisó al hombre de la camisa multicolor con un ramo de rosas sobre la mesa. Un ramo que ocupaba todo el tablero de la misma y que trataba de ocultar con él hasta su cara. En un giro rápido de él como para levantarse lo reconoció: Era su marido. ¡Chasco!.


Publicado por Lanzas @ 23:33
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios