Lunes, 17 de octubre de 2005
El primer beso


?Conocen ustedes el sabor de la miel? ?Han probado alguna vez los huevos fritos con patatas o bebido el vino de Vega Sicilia con tragos cortos? O incluso: ?Los frijoles que prepara ?Catalina, la mexicana? O es m?s: ?El pastel de manzana que prepara mi t?a?. Bueno, pues todo eso junto y m?s cosas que se les ocurran, no es comparable con el ?primer beso? a la persona amada.
Cuando, aqu?l d?a, al despedirme de mi amada la rode? por la cintura con mi brazo izquierdo y puse el derecho por detr?s de su nuca tapada por el sedoso cabello rubio, y apret? mis labios sobre los suyos, todos los sabores m?s intensos de las comidas, bebidas e incluso los postres m?s sabrosos dejaron de parec?rmelo.
El primer beso me supo a gloria, a lo que debe ser un trozo de Para?so. Mis labios no quer?an separarse de los suyos y se fund?an en un abrazo que al entreabrirse buscaban el roce de las lenguas.
Algo nuevo sent? dentro de mi y ese d?a conoc? lo que era la casi consumaci?n del amor. Todas las caricias posteriores no significaron lo mismo. Si que es de recordar el d?a que consumas el acto de amor, por primera vez, con la mujer amada, pero como el primer beso, no hay nada comparable.
Si el d?a que la abrac? corr? hasta mi casa sin parar, el d?a que la bes? no pod?a correr, apenas reconoc?a las calles que una y otra vez hab?a pateado. Todas me parec?an nuevas y lo que es m?s curioso, ninguna parec?a llevar a ning?n sitio. Todas eran de alejamiento de mi amada. No eran recorridas por el hombre que va a su hogar, sino por el hombre que deja atr?s al suyo.
-No pod?a ya dejar a aquella mujer-pens?. Si la perdiera ahora creo que me suicidar?a, ya ninguna otra me parec?a a tener en cuenta, excepto a mi madre. Hab?a aprendido a amar y a respetar a mi madre desde la infancia y no hab?a nunca, hasta el d?a de hoy, pensado que se pod?a amar a una mujer m?s que a la propia madre. Pero as? era.
El primer beso fue como si un sello hubiera entrelazado los labios de los dos y ya no se quisieran separar aunque hubiera que comer, beber y hablar. Cada d?a, cada noche so?aba con repetir aquella experiencia. Las horas se hac?an interminables menos aquella hora de los besos en la penumbra de un parque o en las esquinas de las calles solitarias. A veces no me importaba que me vieran besarnos, otras veces me daba, no verg?enza, sino como que si, si nos vieran, me robaran algo del goce indescriptible de los besos. Y de esos besos ?no quer?a hacer part?cipe a nadie!.

Publicado por Lanzas @ 12:34
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